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El Presidente

ESPN

Al cine le ha costado replicar con justicia el drama del fútbol. Los detalles del juego han sido casi imposibles de replicar desde la actuación. El periodista español Carlos Marañon, autor del libro "Futbol y Cine" (Editorial Ocho y Medio) me dijo hace unos años que Hollywood “siempre le dio la espalda al fútbol porque no es su deporte. La intelectualidad no ve al fútbol con el nivel del cine. Para hacer una película de fútbol hay que tener pasión por el fútbol".

Armando Bó, es nieto del protagonista de “Pelota de trapo”, la historia de un niño que sueña con ser futbolista. Esa película se estrenó en 1948 y sigue siendo una referencia del cine latinoamericano. Bó, el nieto, pone su pasión por el fútbol al servicio de una historia del mundo del fútbol. No del juego en sí para gambetear la complicación de actuar sobre el juego, aunque las escenas de fútbol son muy buenas, Armando Bó Jr. entra en la trama que rodea al juego.

En el rol protagónico, un actor con experiencia en el rol de un mafioso obsesionado por el poder. La historia cuenta una parte de la confabulación sudamericana por controlar los dineros del fútbol. El colombiano Andrés Parra, que ya ha trabajado en el papel de Pablo Escobar y de Hugo Chávez, ahora tuvo que leer las líneas de un ambicioso dirigente del fútbol sudamericano. Había tenido una formación de calidad para interpretar el papel.

Andrés Parra es Sergio Jadue, presidente de la Asociación Chilena de Fútbol y posterior colaborador del FBI en la investigación sobre corrupción en la FIFA. Jadue, ahora reside en Miami como testigo protegido de la investigación y desde ahí se preguntará cómo alguien pudo exponer tan bien sus gestos y reflejar aún mejor los ángulos de su personalidad. Bonachón hasta parecer ingenuo. Inseguro pero controlador. Servil pero deseoso de ocupar puestos del poder al que sirve. “El Presidente” cuenta la historia de corrupción en la dirigencia del fútbol desde la trayectoria de un desconocido presidente de un club chico del fútbol chileno.

Los demás personajes tendrán sus más o sus menos parecidos a la realidad pero, con licencias, quedaron bien definidas sus formas de operar. Casados con el ansia de poder. Con Don Julio Grondona fue hasta que la muerte los separó. Cuando muere en 2014, Grondona era presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), vicepresidente de la FIFA, director del comité de finanzas del organismo y un tiempo después, según la acusación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos en su investigación sobre el FIFA-Gate, el presunto co-conspirador No.1.

Grondona es un puente en la serie de Armando Bó. Un punto de conexión entre épocas, el maestro detrás de los manuales de comportamiento de la organización definida apenas hace un año por su actual presidente Gianni Infantino, como una organización “casi criminal”. La FIFA de antes. La que termina cayendo víctima de división interna, debilidad forjada desde la avaricia que los hunde con testimonios que fortalecen la investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Un punto de inflexión en la historia del mundo afuera del fútbol.

Justo hace diez años, en ocasión del Mundial de Sudáfrica, Don Julio Grondona visitó el estudio de “Fuera de Juego” en la Plaza Mandela de Johannesburgo. Se habían jugado cuatro jornadas de partidos en la fase de grupos y uno de los temas de mayor atención era la poca cantidad de público en las gradas. Le hice la pregunta a Don Julio, ¿por qué tan poco público? Fue la última pregunta de un cuestionario que resultaba en más anécdotas que revelaciones trascendentales. Esta pregunta le cambió el semblante. Su respuesta fue plana, corporativa, la FIFA había hecho su trabajo y sabía que el Mundial sería un éxito. Y la entrevista terminó. Cuando me retiraba del escritorio, con Don Julio aún sentado, esperando que le retiraran el micrófono, llamó a mi atención y pidió que me acercara de nuevo.

Para aproximarme a él lo más posible, me tomó del brazo y luego el hombro. Bajé mi cabeza para que mi oído quedara más cerca de su voz. Me dijo: “esa pregunta no me la tendrías que haber hecho a mi. Nosotros en FIFA vendimos los boletos a los patrocinadores. Hicimos nuestro trabajo, pero esos boludos son todos ‘yankees’, no entienden tres carajos de fútbol y a estos partidos no vienen. A ellos pregúntales”. Con la mirada baja y su mano tomando mi brazo, pude ver de cerca la inscripción del anillo del meñique de su mano izquierda: “Todo pasa”. Con la serie de “El Presidente” revive el peso de Don Julio en la operación del fútbol sudamericano quizás, solo quizás, con Don Julio todo esto no pasaba.