Los Coyotes eliminaron al campeón Alajuelense con un proyecto liderado por Cardozo y reforzado por jugadores con recorrido en el fútbol mexicano
En un torneo donde los favoritos parecían tener el control, Municipal Liberia terminó construyendo la historia más fuerte del Clausura 2026.
Eliminó al campeón Liga Deportiva Alajuelense y se metió en semifinales con una identidad clara, sostenida en un proyecto que tiene raíces profundas en el fútbol mexicano, tanto en el banquillo como dentro de la cancha.
El punto de partida está en José Saturnino Cardozo, un nombre que en México tiene peso propio.
Ídolo histórico del Toluca, multicampeón y uno de los máximos goleadores en la historia de la Liga MX, Cardozo trasladó a Liberia una idea que se reconoce fácil: equipos intensos, verticales, que compiten cada pelota y que no negocian carácter. Ese recorrido no es teoría, es práctica acumulada durante años en uno de los mercados más exigentes de la región.
Esa influencia baja directamente al campo. Erick ‘Cubo’ Torres es el rostro más visible. Su historia reciente está marcada por la sanción por dopaje que lo obligó a detener su carrera, pero también por una respuesta contundente en Liberia.
Suma siete goles en el Clausura y se convirtió en subgoleador del torneo.
“Era un reto muy importante para mí regresar después de lo que pasé, sabía que podía hacerlo bien y ayudar con goles”, ha dicho en el último mes. Pero más allá de las cifras, su impacto es emocional: volvió a competir, volvió a liderar y encontró en este equipo un entorno donde recuperar su mejor versión.
A su lado aparece una pieza que explica mucho del funcionamiento ofensivo. Joaquín Alonso Hernández, nacido en El Paso, Texas, pero con nacionalidad mexicana, tiene una carrera extensa en ese país.
Pasó por la estructura de Monterrey, donde jugó en U19 y también sumó minutos con el primer equipo, luego por Atlante, FC Juárez, Oaxaca, Cimarrones y Leones Negros. No es un recorrido corto ni casual: son más de 150 partidos en el fútbol mexicano entre primera y ascenso, con experiencia real en contextos competitivos.
En Liberia ha sido clave en los momentos decisivos, como en la asistencia filtrada que abrió el camino en la victoria ante la Liga, además de sumar gol en ese mismo partido. Es el tipo de jugador que entiende los tiempos del juego, que sabe cuándo acelerar y cuándo pausar.
En el arco, el equipo también tiene respaldo con historia. Anthony Monreal, nacido en Noria de Ángeles y formado en Pachuca, pasó por Mineros de Zacatecas antes de llegar a Costa Rica.
En este Clausura jugó los 18 partidos posibles, recibió 18 goles y dejó seis porterías en cero, números que reflejan regularidad en un equipo que ha sabido sostenerse en momentos clave. Su rendimiento lo puso en el radar de clubes importantes.
“Estuve a nada de llegar a Saprissa… la negociación estuvo muy avanzada, pero se cayó por un tema de plaza de extranjero”, contó recientemente. También reconoció acercamientos desde Centroamérica y México, especialmente de la Liga de Expansión, lo que confirma que su nivel actual no pasa desapercibido.
Ese conjunto de trayectorias no es decorativo, es funcional. Liberia mezcla la experiencia de un técnico que conoce el fútbol mexicano desde adentro con futbolistas que se formaron y compitieron en ese entorno.
El resultado es un equipo que no improvisa, que sabe competir y que en el momento más importante del torneo hizo lo que muchos no esperaban: eliminar al campeón.
Ahora el reto es otro. Enfrentar a Deportivo Saprissa en semifinales, con la presión ya instalada y sin el factor sorpresa.
Pero este Liberia no depende de eso. Tiene una idea, tiene recorrido y tiene nombres que han vivido escenarios exigentes.
Lo que parecía una irrupción inesperada hoy es un proyecto sólido que encontró en el Clausura 2026 su mejor argumento oliendo a tacos.
