¿Qué fue de Damián Álvarez, ex Chivas, Atlas y ahora americanista?

El exdelantero de Chivas y Atlas, mundialista Sub-20 y olímpico, ahora disfruta su tiempo entre negocios y partidos de exhibición


Damián Álvarez Arcos, mundialista Sub-20 en Portugal 91 y olímpico en España 92 con México, fue chiva desde la cuna. Su padre, Pedro Damián Álvarez, defendió la playera del Guadalajara de 1974 a 1980 y le inculcó el amor por los colores rojiblancos desde pequeño.

A los seis años, Damián Álvarez inició su proceso en las fuerzas básicas del Rebaño Sagrado, con el sueño claro de jugar en el primer equipo; sin embargo, el destino lo llevó al Atlas, el acérrimo rival. Como zorro tuvo la oportunidad de debutar bajo la dirección del uruguayo Luis Garisto. Jugó casi diez clásicos defendiendo a los rojinegros, marcando al menos un gol, siempre con el recuerdo de que Chivas lo había rechazado y, hasta la fecha, sigue dolido.

“Un día decidí salir de Chivas porque no me metían y me fui al Atlas. Estuve en Chivas desde los seis a los 15 años. No me daban chance porque decían que era hijo del señor que jugaba, que era hijo de mi papá, que había influyentismo”, contó a ESPN Damián Álvarez.

En las categorías inferiores del Guadalajara compartió entrenamientos con futbolistas como Manolo Martínez, Nacho Vázquez y Ricardo Cadena. “Yo era más chico que ellos. Eso también influyó: era uno o dos años menor que la mayoría y no me metían. Llegó el momento en que no hice el proceso que siguieron muchos canteranos de Chivas”, agregó.

Decepcionado, Damián Álvarez abandonó las instalaciones del club con el plan de retirarse del futbol a los 15 años. “No fue fácil, pero Chivas no me quería subir a las reservas como a los demás porque estaba muy chico. Por eso me fui. Ya no quería jugar y decidí dejar el futbol. Una vez estaba jugando en el barrio y me vio el ‘Cuico’ Francisco Ibarra. Me llevó con ‘Manobeto’ Alberto de la Torre, y así llegué al Atlas. Ellos me pagaban la escuela y me daban para los camiones”.

Tenía 16 años cuando llegó a Colomos y a los 17 debutó en el torneo de copa, cuando el reglamento obligaba a los clubes a utilizar menores de edad. Todo se le fue dando: poco después hizo su presentación en Primera División (1991) ante Monterrey, y desde ahí comenzó a tener actividad, a veces como titular y otras como relevo. Ese ritmo lo llevó pronto a ser seleccionado Sub-20.

🔥 Siempre era una revancha contra Chivas


“Apenas llegué al Atlas empecé a jugar; luego, luego me tocó el clásico contra Chivas. Siempre era querer ganarle, de revancha. Yo estaba resentido, pero al final sí quería al Guadalajara, tanto que después, con los años, pude cumplir mi sueño de jugar en Chivas (1998). Fue después de volver de la MLS. Chivas acababa de ser campeón y el ‘Tuca’ Ferretti me pidió. Tenía la propuesta de Chivas y de Toros Neza, y preferí Chivas, pero en un año jugué poco”, relató Álvarez.

Reconoce que el coraje contra Chivas persistía, pues seguía sin recibir la oportunidad que tanto buscaba. “Por esa falta de actividad no estaba en un nivel óptimo y me perdí el Mundial del '98. Para ir a una Copa del Mundo tienes que ser referente en tu equipo, ser figura, y yo no era ni referente ni figura”.

Aun así, se queda con los Clásicos que disputó, sobre todo del lado rojinegro, ya que su estancia en el Atlas fue de cinco años. “La afición de estos equipos es intensa. Nadie quiere que le tiren carrilla en la semana y busca ganar como sea. No se compara con un clásico nacional, pero a nivel local sí es muy importante. No lo puedes perder; si no, no te la acabas en toda la semana, ni en toda la temporada, por la carrilla”.

Con el paso del tiempo, Damián Álvarez entendió que el futbol lo llevaría por otros caminos. “Siempre quise jugar en Chivas, pero la vida me llevó al Atlas y a otros clubes como América. Como profesional tienes que defender la playera que te toque con todo. Cuando estás en un club, te debes a él”.

Su suerte cambió después. Tras jugar poco con el chiverío, regresó a Estados Unidos y casi enseguida América lo contrató, gracias a la confianza del técnico Carlos Reinoso, quien ya lo había dirigido en León. “Me contrató un club emblemático, el América, el mejor equipo de México en este momento, le duela a quien le duela. No todos pueden jugar en Chivas y en América. Fui un afortunado. Jugué dos años en América. No fuimos campeones, pero participé en una Copa Libertadores y jugué más que en Chivas”.

Hoy, a sus 52 años, Damián Álvarez dedica su tiempo a negocios particulares y en su tiempo libre disputa partidos de exhibición con los equipos de Leyendas, ya sea de Chivas o de América. “Voy a donde me inviten. Me pongo la playera de América y también la de Chivas si me llaman. Me critican porque me pongo las dos, pero qué le hago si jugué en los dos equipos. Finalmente no fui un emblemático como Ramón Ramírez ni como Cuauhtémoc Blanco; de haber sido uno de esos, no me pongo la otra. Aparte, esto es negocio. Jugamos estos partidos y la gente se divierte”.

Pese a todo, asegura: “Soy de sangre Chiva; le tengo mucho coraje al equipo, pero es parte de la vida. También le tengo cariño al Atlas. Y ahora soy más Águila que Chiva”.

🤬 ¿Por qué se la mentó al ‘Loco’ Bielsa?


Después de Garisto, Damián Álvarez fue dirigido por Marcelo Bielsa en el Atlas. El exdelantero comenta que, aunque el argentino tenía un carácter difícil y tuvo un pleito con él, fue uno de los mejores técnicos que tuvo en su carrera. “Me peleé con él y un día le menté la madre. Me castigó como un mes; no entrené ni jugué. Luego me regresó para jugar contra Querétaro y metí gol. Era una gran persona, pero por su apodo lo dice todo: está loco”.

Esa pelea surgió porque Bielsa lo hacía entrenar doble turno: en la mañana con el primer equipo y en la tarde con un conjunto piloto del Atlas, donde estaban jugadores como Oswaldo Sánchez, Fernando ‘Faty’ Navarro, Omar Blanco, Jared Borgetti, Pável Pardo y Steve Padilla, una generación que después llegó a la Selección Mexicana. “Yo ya tenía tres años en Primera y el tipo llegaba y me pedía cosas que eran buenas, pero no de la mejor manera. Me enojé y le menté su madre. Sí me contestó y me dijo que no me pegaba porque se vería mal, pero me castigó”.

De Bielsa conserva una enseñanza que aún valora: “Decía que al mexicano le faltaba valor, valentía; que teníamos todo lo demás, pero nos faltaba valentía. Creo que esa fue su lección: la mentalidad para trabajar y ganar”.