<
>

¿Drew Brees con los Dolphins? Pudo ser, pero Miami lo dejó escapar dos veces

play
El retiro de uno de los mejores mariscales de todos los tiempos es inminente (2:45)

Sebastián Martínez-Christensen hace un repaso por el legado de Drew Brees tras haber disputado posiblemente el último partido de su exitosa carrera. (2:45)

Antes de convertirse en un ícono de la NFL para los Saints, los Dolphins desperdiciaron dos oportunidades de sumar a Drew Brees, el pasador más prolífico de todos los tiempos

Con el inminente retiro de Drew Brees, después de 20 prolíficos años como quarterback de la NFL, llegó el momento de mirar atrás y reflexionar sobre una de las carreras más destacadas en el siglo XXI en la liga.

Claro, se hablará y escribirá sobre su experiencia de draft como un pasador que llegó a la liga con una estatura menos que la ideal para convertirse en un ícono en la posición, se hará el recuento de un sinnúmero de récords de la liga que están a su nombre, de su actividad comunitaria fuera del campo de juego, particularmente después del Huracán Katrina, y de su llegada a los New Orleans Saints como uno de los mejores agentes libres en la historia de la liga.

También, se recordará que los Miami Dolphins pudieron tener a Brees --dos veces--, y que lo dejaron pasar para que se convirtiera en estrella con otra franquicia.

La historia entre Brees y Miami se remonta al momento en que los Dolphins perdieron a su más icónico pasador en la historia del club.

El 15 de abril del 2000, Dan Marino anunció su retiro de la NFL. Su salida no fue la más pulcra de la organización, después de que los Dolphins cayeran en la Ronda Divisional de los playoffs previos por una paliza de 62-7 ante los Jacksonville Jaguars, que desembocó en el anuncio del retiro de Jimmy Johnson como head coach al día siguiente. Su sucesor, Dave Wannstedt, contrató a Chan Gailey como coordinador ofensivo --sí, ese Chan Gailey-- y en febrero del 2000 firmaron a Jay Fiedler a un contrato de tres temporadas y 3.8 millones de dólares para competir con Damon Huard por el puesto titular en Miami. En ese momento, Fiedler había iniciado un partido de temporada regular en su carrera, pero era el quarterback titular de los Jaguars que habían vapuleado a los Dolphins semanas antes. Wannstedt deseaba deshacerse del lastre que significaba el salario de 7.58 millones para el tope salarial de ese año, que fue de 62.172 millones de dólares.

Marino, por su lado, rescindió sus últimos dos años de contrato para convertirse en agente libre antes de ser cortado por Miami. Recibió interés de los Minnesota Vikings, cuyo head coach entonces, Dennis Green, le ofreció la titularidad de un equipo que había tenido éxito reciente con quarterbacks veteranos como Warren Moon, Randall Cunningham y Jeff George. Adicionalmente, los Vikes habían invertido su selección de draft de primera ronda del año previo en un quarterback, Daunte Culpepper, con quien regresaremos más adelante. Marino rechazó la oferta de los Minny y se retiró.

"Pensé en ello, seguro", dijo Marino en el 2018 en el Dan Patrick Show, respecto a esa oferta. "Es cuando tenían a Randy Moss, Cris Carter; eso hubiera sido divertido".

Los Dolphins no contaron con un plan viable de sucesión para Marino, y eso terminó siendo costoso a largo plazo. Con Fiedler como titular, Miami se fue con marca de 11-5 en la primera campaña de Wannstedt como head coach, coronándose en la división, Sin embargo, Fiedler completó apenas el 57.1 por ciento de sus pases y lanzó 14 touchdowns contra 14 intercepciones. Huard dejó al equipo al término de esa campaña.


Cuando llegó el momento de preparar el draft del 2001, el entonces vicepresidente de personal de Miami, Rick Spielman, tenía a Brees firmemente en su radar.

"Al menos tres personas en nuestro equipo han visto todas las jugadas en su carrera", dijo Spielman a Sports Illustrated, en su momento. "Tendremos información sustancial respecto a Brees antes de entrevistarlo en el Combinado en Indianapolis".

Tom Braatz, director de visoría para los Dolphins, abogaba a favor de Brees con esa selección de primera ronda. El quarterback de 6 pies de estatura de Purdue había ganado el Maxwell Award en el 2000, y terminó tercero en la votación por el Heisman en ese mismo año, una temporada después de finalizar cuarto.

"No vas a tener otra oportunidad como esta", dijo Braatz a Waanstedt un día antes del inicio del draft, de acuerdo a un recuento del South Florida Sun Sentinel.

En lugar de eso, Miami optó por el esquinero Jamar Fletcher de Wisconsin con el turno N° 26 en la primera vuelta. Brees fue tomado con el primer turno de la segunda ronda, N° 32 global, por los San Diego Chargers.

"Realmente no fue una consideración", respondió Spielman ese día, cuando se le preguntó por qué había dejado pasar la posibilidad de sumar a un quarterback probado, según el Miami Herald. "Pensamos que Drew sería una mejoría con respecto a Jay, pero no creemos que iba a ser mucho mejor. Nos sentimos bien respecto a Jay. Además, creemos que realmente mejoramos mucho nuestra secundaria con Jamar. Puede jugar presión. Puede ayudar en equipos especiales. Va a jugar antes. Nos va a ayudar más".

Resulta que Fletcher no hizo gran cosa por ayudar a la secundaria de los Dolphins, como prometió Spielman. En tres años en Miami, inició seis juegos --ninguno en su última temporada-- e interceptó dos pases. Con Fletcher enterrado en el orden de plantilla detrás de Sam Madison y Patrick Surtain, los Dolphins lo incluyeron como parte del canje que aterrizó a David Boston en Miami previo a la campaña del 2004. Como la vida tiene un peculiar sentido del humor, el equipo al que fue traspasado Fletcher fue San Diego. Fletcher inició seis partidos a lo largo de las últimos cinco temporadas de su carrera, pero ninguno para los Chargers. Se retiró con siete intercepciones de por vida, luego de paradas breves con los Detroit Lions, Houston Texans y Cincinnati Bengals.

Mientras tanto, la magia de la dupla Waanstedt-Fiedler se fue evaporando. Después de un 11-5 en el 2001, el equipo quedó fuera de postemporada en el '02 y '03 pese a registros de 9-7 y 10-6, y Waanstedt fue despedido luego de inicio de 1-8 para el 2004, siendo reemplazado como head coach interino por Jim Bates.

Durante esos años, además de Fiedler, iniciaron partidos para los Dolphins: Ray Lucas, Brian Griese, Sage Rosenfels y A.J. Feeley. Ninguno de ellos sugirió, siquiera, ser una respuesta viable a largo plazo para el club. En este periodo, Miami solamente invirtió una vez en un recluta de draft en la posición, Josh Heupel, en la sexta ronda del 2001; es decir, 145 puestos por debajo de donde fue elegido Brees por los Chargers.

"Creemos que [Heupel] posee todos los intangibles que creo que Chris [Weinke] y Drew [Brees] tienen, todas las cosas que buscas en un quarterback", declaró al término de aquel draft Wannstedt.


En la costa del lado opuesto del país, Brees no la tuvo fácil para establecerse en San Diego.

El quarterback pasó toda su temporada de novato en la banca, la del 2001, como suplente de Doug Flutie. Todavía estaba muy reciente en la memoria de los Chargers el rotundo fracaso que significó elegir segundo global a Ryan Leaf en el draft de 1998, y había esperanza de que Brees pudiera ayudar a borrar ese episodio.

Brees fue nombrado titular para la campaña del 2002, e inició los 16 encuentros. Lanzó 17 pases de touchdown contra 16 intercepciones, y completó el 60.8 por ciento de sus pases en camino a una campaña de 3,284 yardas muy decente que culminó con una foja de 8-8 para los Bolts. No obstante, Brees se estrelló con un muro al año siguiente, cuando inició 11 encuentros, completando el 57.6 por ciento de sus envíos con 11 touchdowns y 15 intercepciones en camino a un registro de 2-9 como titular. El equipo terminó el año con un 4-12, y para cuando llegó el draft del 2004, ya estaban en busca de otro pasador en la primera ronda, donde ostentaban el primer turno global.

La camada de quarterbacks para ese año era especial. El prospecto más codiciado era un pasador de Ole Miss que, incluso antes de lanzar su primer pase de NFL o conquistar sus dos anillos de Super Bowl, era considerado realeza de fútbol americano gracias a su apellido: Eli Manning. Otro de los pasadores disponibles provenía de una escuela pequeña, pero cargaba una carrocería enorme. El veterano head coach Bill Parcells --quien asumiría el control gerencial de los Dolphins unos años más adelante-- proclamó a Ben Roethlisberger como "el mejor prospecto que había visto desde Dan Marino"; él también ya cuenta con dos anillos de Super Bowl. Finalmente, estaba un chico de North Carolina State con una mecánica de pase estéticamente poco agradable, que contaba con un cañón en el brazo: Philip Rivers.

A lo largo del proceso, Manning, siempre respaldado por su padre Archie, dejó entrever que no deseaba unirse a San Diego. Aunque las razones exactas no se saben, la teoría prevalente es que no quería unirse a una franquicia tan disfuncional, después de disputas tan públicas entre el gerente general A.J. Smith y el head coach Marty Schottenheimer. Para ser justos, es posible que la falta de desarrollo de Brees hasta ese momento, y el fiasco de Leaf, hayan invitado la noción de que el equipo no era capaz de desarrollar apropiadamente a un quarterback. Otras versiones indican que los Chargers siempre estuvieron enamorados de Rivers desde el inicio y, no obstante la incómoda foto de Manning con el jersey de San Diego, nunca fue su intención quedarse con él.

Con la primera selección del draft invertida en Manning, y luego el pasador siendo canjeado a los New York Giants por Rivers y un cúmulo de selecciones adicionales, el mensaje no podía ser más claro para Brees: su tiempo estaba por agotarse en San Diego. Tarde o temprano, el equipo sería de Rivers.

Fue en ese instante cuando todo hizo click para Brees. Inició 15 partidos en esa campaña del 2004, completó 65.5 por ciento de sus pases, y tiró 27 touchdowns contra apenas siete intercepciones en camino a su primera invitación al Pro Bowl. También, fue designado Regreso del Año. Su marca como titular fue de 11-4, y los Chargers no tuvieron otra opción más que mantener a Rivers en la banca. Para el 2005, Brees nuevamente fue titular, jugando bajo la etiqueta de jugador franquicia e imponiendo nueva marca personal con 3,576 yardas por pase con 24 pases de anotación, pero lanzando 15 intercepciones. En otras palabras, la posibilidad de Canton, Ohio, en su futuro todavía era una noción mínima.

Al término de esa campaña, Smith tomó la decisión de entregarle el equipo a su recluta de primera ronda de draft --todavía no era gerente general del club cuando su predecesor, John Butler, eligió a Brees-- y permitir emigrar al ahora veterano de 27 años de edad.


De regreso en Miami, los Dolphins estrenaron head coach en el 2005 en Nick Saban, a quien lograron convencer de dejar las filas universitarias después de un título nacional con LSU. En el primer año de Saban al frente del club, el quarterback titular fue Gus Frerotte, entonces un veterano de 34 años de edad que habían reciclado de los Vikings. Adicionalmente, Rosenfels inició un partido. Miami culminó la temporada con registro de 9-7 y fuera de postemporada por cuarto año consecutivo.

Para el inicio de la temporada del 2006, Saban y su equipo estaban en busca de un quarterback en la agencia libre. Los dos nombres en los que se enfocaron acarreaban interrogantes serias por lesiones: Brees, un agente libre, y Culpepper.

Hasta ese punto, las carreras de Brees y Culpepper no tenían la separación que hoy existe, a decir verdad. Brees había promediado a lo largo de cuatro temporadas de sus cinco años como titular en San Diego un total de 3,031.8 yardas por pase con 20 touchdowns y 13.3 intercepciones, y había completado el 62.2 por ciento de sus pases. Culpepper en seis años como titular de sus siete temporadas en Minnesota promedió 3,360.3 yardas por pase con 22.5 pases de touchdown contra 14.3 intercepciones. Brees llegaba con un Pro Bowl en la bolsa, pero Culpepper ya llevaba tres. Por si fuera poco, Culpepper había liderado una vez a la liga en pases de anotación (33 en el 2000) y una vez en yardas por pase (4,717 en el 2004). Brees todavía no conocía de dichas hazañas.

No obstante, la mayor preocupación para ambos tenía que ver con lesiones. En el caso de Culpepper, se trataba de una rotura de ligamento anterior cruzado, ligamento medial colateral y ligamento posterior cruzado de la rodilla derecha en octubre del 2005, una temporada en la que sus números habían declinado severamente incluso antes del golpe bajo que recibió del esquinero de los Carolina Panthers, Chris Gamble.

En el caso de Brees, fue un desgarro en el labrum y una rotura parcial del manguito rotador del hombro derecho, su brazo de lanzar, sufrido mientas intentaba recuperar un propio balón suelto frente a los Denver Broncos en el último partido de la campaña, cuando Gerard Warren cayó encima de él.

Mientras Miami buscaba un nuevo quarterback, los Saints hacían lo propio, justo después de contratar a Sean Payton como su entrenador en jefe. New Orleans venía de una marca de 3-13, pero además, la ciudad intentaba recuperarse del paso devastador del Huracán Katrina. Por si fuera poco, el propietario Tom Benson había amenazado con llevarse a los Saints de New Orleans incluso antes de que el Huracán despedazara al Superdome. San Antonio en Texas, Albuquerque en New Mexico y Los Angeles --hoy casa de los Chargers-- en California fueron mencionados como destinos posibles, en un reporte de The Associated Press del 2005.

Saban tenía el objetivo puesto en Brees, en primera instancia. El coach y su esposa volaron a Alabama --muy irónicamente-- para reunirse con el quarterback y su mujer. Brees había sido operado por el renombrado cirujano ortopédico Dr. James Andrews en Birmingham, en los primeros días de enero del 2006. Brees ya había hecho el compromiso de visitar New Orleans antes de reunirse con Saban. El Miami Herald reportó que las partes habían llegado al entendido de que Brees sería el quarterback de los Dolphins, y que lo anunciarían después de que cumpliera con su visita a los Saints.

En New Orleans, los Saints rápidamente hicieron una oferta de cinco años a Brees, quien quedó impresionado. De acuerdo al Miami Herald, sin embargo, Brees seguía prefiriendo a los Dolphins como destino, y se fue de New Orleans sin firmar nada, con rumbo a Fort Lauderdale.

Aquí es donde las cosas se pusieron extrañas, según el recuento de la época del Miami Herald. Los Dolphins habrían sometido a Brees a un examen físico de seis horas, y fuentes afirmaron a ese diario que los Dolphins sí extendieron una oferta contractual al quarterback, pero una muy baja.


La versión generalizada es que un miembro del equipo médico del club opinó que la probabilidad de que Brees se recuperara plenamente de su lesión era mucho menor a la probabilidad de que Culpepper se recuperara de la suya. La realidad es que los Dolphins acudieron con seis especialistas diferentes, y los seis coincidieron en que Culpepper representaba mucho mejor riesgo que Brees. Uno de esos médicos fue el Dr. Pete Indelicato, de la Universidad de Florida.

"Evalúas el riesgo en este negocio, y cualquiera en el negocio que haya visto todo y evaluado el riesgo estaría de acuerdo en que [los Dolphins] tomaron la decisión correcta [con Culpepper]", dijo Indelicato al Sun Sentinel en febrero del 2007. "Pero si dicen que algo tienen un 80 por ciento de posibilidad de funcionar de un modo, siempre existe ese 20 por ciento de probabilidad de que termine en la dirección contraria. No se puede basar una decisión en ello. Pero existe".

El entonces propietario de los Dolphins, Wayne Huizenga, dijo "Ni siquiera estaba cerrado", respecto a la decisión que debió tomar, de acuerdo al Sun Sentinel.

Por si fuera poco, un relato publicado por ESPN The Magazine reportó que durante la cirugía de Brees, al ver el estado de la lesión en el hombro, el Dr. Andrews exclamó "¡Oh, mi Dios! ¿Cómo vamos a arreglar todo esto?".

Entonces, Miami optó por enviar una selección de segunda ronda a los Vikings a cambio de Culpepper, e ignorar a Brees. Luego, el agente de Brees --Tom Condon-- consiguió añadirle un año más a la oferta de los Saints, para que quedara en seis, ayudado por el hecho de que los Dolphins no anunciaron el acuerdo por Culpepper de inmediato, en atención a Brees.

La historia posterior la conocen todos: Culpepper se rehusó a presentarse a su conferencia de prensa de presentación, y fue enviado a la banca después de cuatro partidos. Hubo un altercado con Saban durante una práctica y como la ironía no nos deja en paz, una lesión en el hombro. Luego, otra intervención en la rodilla. Fue cortado por los Dolphins, después de apenas una temporada.

''Simplemente, déjenme decir lo siguiente", relató Saban, de acuerdo al Miami Herald. "Fue una decisión médica. No creo que la medicina, el personal o esas cosas, sean una ciencia exacta. Pienso que tenemos personas buenas, profesionales, en esa área. Creo que dieron su mejor opinión en ese momento, en relación a las circunstancias. Nadie podía predecir el futuro. Es lo que es, ahora".

Según ese diario, Saban prefería a Brees para no tener que ceder una selección tan alta de draft por Culpepper, pero los médicos hicieron la recomendación contraria. El periódico también reportó que, en privado, Saban siempre culpó a los médicos por el error, señalando reiteradamente, "Debimos haber elegido a ese tipo, debimos haber elegido a ese tipo".

De cualquier modo, el tiempo de Saban en Miami se acabó rápidamente. El 21 de diciembre del 2006, anunció a los cuatro vientos que no sería head coach de Alabama, en respuesta a los rumores que lo colocaban en Tuscaloosa. El 4 de enero del 2007, Saban estaba siendo presentado como nuevo entrenador en jefe del Crimson Tide, situación que nadie en Miami olvida.

Trent Green, Cleo Lemon y John Beck --selección fallida de segunda ronda-- se repartieron los inicios en la posición de quarterback en el 2007, y en el año siguiente Chad Pennington llegó vía primera ronda del draft para estabilizar la posición.

En Tuscaloosa, Saban regresó a Alabama a sus épocas de gloria, y se convirtió en el proceso en el head coach universitario más exitoso de todos los tiempos, conquistando seis títulos nacionales con el Tide para un total de siete. Su programa se ha convertido en una pipa inagotable de talento para la NFL, incluyendo al actual quarterback de los Dolphins, Tua Tagovailoa.


En New Orleans, Brees hizo un click inusual con Payton. Juntos, llevaron a los Saints a la conquista de su único Super Bowl a la fecha, y Brees se convirtió en el pasador más prolífico en la historia de la NFL.

Es sencillo asumir que el destino de los Saints pudo haber correspondido a los Dolphins, pero no estaría tan seguro. Después de todo, no fue lo que sucedió con los Chargers, en su momento.

Nadie puede asegurar que Brees hubiera sido el pasador que es hoy de la mano de Wannstedt y Gailey a su llegada a la NFL, o bajo el mando de Saban, más tarde. A lo sumo, puede argumentarse que el error de Wannstedt y Spielman fue más grave que el de Saban, porque allí no había interrogantes médicas de por medio, pero incluso así se sabe que no hay certezas en el draft.

Lo que sí sabemos es que, en New Orleans, Brees encontró un hogar perfecto, dentro y fuera del campo, con socios perfectos, colaborando en la reconstrucción de la devastada ciudad junto a tipos como Reggie Bush, Joe Horn y el propio Payton. También, ayudó a fortalecer los vínculos del equipo con la ciudad construyendo a un equipo contendiente, al tiempo que se trazó un camino hacia el Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional. Brees aterrizó en una ciudad que amó, y que lo amó de regreso.

Sí, siempre es interesante imaginar qué hubiera sucedido con Brees en Miami, pero de ahí a suponer que hubiera sido un éxito tan rotundo como lo fue en New Orleans no sería exacto.