La URBA crece y crece, y mucho tiene que ver su público. Fiel seguidor de sus colores, lleno de familias con las caras pintadas y la camistea puesta como estandarte. Hay pasión y respeto, tal como se pregona desde que que cada niño empieza a jugar con la ovalada.
El marco es el ideal. La Catedral de San Isidro es el punto estratégico donde cada año se juntan los cuatro mejores equipos del campeonato, y allí van por el tan ansiado título, ese que despierta pasiones y cuesta tanto alcanzar.
El viernes por la noche, la que brilló fue la gente. Con las triubunas repletas, tanto Newman como Alumni tuvieron su aliento en los cuatro costados de la cancha. Los telones no faltaron, y los cánticos de aliento tampoco.
El partido fue vibrante adentro y afuera de la cancha, y el que ganó fue el rugby. La marea Bordó se fue a Benavídez con la alegría de estar en una nueva final, mientras que del otro lado, los de Tortuguitas aplaudieron a sus jugadores por la entrega brindanda.
Durante el sábado, la otra semis se dio por la tarde. CASI e Hindú, otros dos históricos, se enfrentaron en otra jornada colmada de espectadores. Con banderas, bombos y aliento, con un sol radiante en el aire, los equipos dejaron todo en la cancha, y finalmente fue el Elafante el que terminó festejando a domicilio.
La próxima semana será la gran final entre Newman y los de Don Torcuato. El resultado no se concerá hasta el cierre, pero la única certeza es que será otra gran fiesta, de esas que la URBA nos tiene acostumbrados.
