SEATTLE (Enviado especial) -- "El fútbol no es algo importante. Solo es un deporte social", le explicó un padre a su hijo al final del partido que los Seattle Mariners le ganaron a Cleveland Guardians por la MLB, el torneo de béisbol más prestigioso del mundo. En unas pocas palabras resumió qué es el fútbol para el mundo entero, excepto para su propio país. Es un deporte que une a la sociedad, pero que al mismo tiempo en estas tierras no es importante. Una contradicción que solo tiene razón de ser en los Estados Unidos, donde el soccer no tiene el arraigo popular y la trascendencia cultural con la que cuenta en Europa y Sudamérica.
Aquí, en el país que hoy recibe la Copa del Mundo de Clubes, el deporte global debe conformarse con mucho menos. Con representar a algunas comunidades, con ganar espacios de a poco en instituciones educativas y con una rivalidad especial y regional que sí se puede comparar con las que conocemos en el resto del mundo. Es que en Estados Unidos existe un clásico verdadero, que protagoniza uno de los equipos participantes de este torneo.
Seattle Sounders vs. Portland Timbers es el único clásico que merece ser llamado así en este país. Los dos equipos más grandes de la zona noroeste juegan desde hace medio siglo el "derbi de Cascadia", un duelo regional con las formas de los clásicos de aquellos países que sí respiran fútbol. Por eso, que el Mundial se juegue en esta zona es un premio a una forma de sentir el juego. Seattle es una de las sedes del torneo y recibirá, entre otros clubes grandes, a River Plate, actor principal del clásico más caliente del mundo.
Seattle-Portland, el único gran clásico en EEUU
El encono entre ambas ciudades precede la creación del fútbol. Desde mediados del siglo XIX han competido por el predominio económico de la región. Portland, gracias a su puerto con salida al Pacífico, creció de forma vertiginosa desde 1840, pero a comienzos del siglo XX y gracias a la fiebre del oro de Alaska, Seattle se industrializó y superó en cantidad de habitantes a su vecina del sur. Esa rivalidad se mantuvo entre los pueblos y se trasladó a diversos ámbitos de la vida, el fútbol entre ellos.
En 1975 se enfrentaron por primera vez. La MLS todavía no era más que un producto digno de la ciencia ficción y se disputaba la mucho menos glamorosa North America Soccer League. Jugaron tres partidos ese año, con más de 25 mil personas en cada estadio, una multitud poco habitual en aquellos tiempos. Desde luego, se convirtieron en enemigos íntimos de forma automática, como si ambas ciudades hubiesen encontrado una forma perfecta de canalizar su tirria.
En los ochenta y los noventa, el fútbol estadounidense se reestructuró y ambas ciudades vieron desaparecer a sus respectivos equipos, que retornaron en el siglo XXI para convertirse en animadores habituales de la MLS. En buena parte, su crecimiento se apoyó en la rivalidad. Fue un combustible para el desarrollo y la evolución de ambos. Porque era algo que solo ellos tenían en el torneo. Una rivalidad futbolera que los lleva al límite de sus posibilidades.
Sounders ingresó en la MLS en 2009 y Timbers dos años más tarde. Incluso antes de que ambos amanecieran en la misma liga, hubo partidos inolvidables, como el de la US Open Cup de 2009 o el de la Community Shield de 2010, duelos presenciados por multitudes que sirvieron para elevar la expectativa de cara al primer choque oficial en 2011, cuando 36.593 hinchas presenciaron el partido con más público de la temporada.
Ambos ya lograron varios títulos divisionales y nacionales. Además, Sounders se coronó campeón de la Champions League de la Concacaf, un logro que durante años estuvo reservado de forma exclusiva para equipos mexicanos. Ese título le permitió clasificarse a esta Copa del Mundo de clubes, en la que es uno de los equipos locales. Ahora, mientras juega contra algunos de los mejores clubes del planeta, Seattle saborea cómo será el próximo clásico de Cascadia.
