El Clásico Nacional es rico en historia, en leyendas forjadas con golpes, insultos, apuestas, pero también grandes goles, jugadas, actuaciones memorables.
Lamentablemente varios de esos ingredientes (los de carácter positivo, principalmente) escasean en los Clásicos más recientes, y un ejemplo claro es el caso del ‘Chicote’ Calderón, jugador que tuvo una actuación sobresaliente en la Liguilla pasada con sendos golazos al América, pero que actualmente ni siquiera es titular con las Chivas.
Esa carga de responsabilidad debería pesar sobre jugadores con mucha experiencia. En ambos bandos hay dignos representantes, como Guillermo Ochoa en América. Y aunque en Chivas hay un nombre de rango similar al del portero americanista, Oribe Peralta no representa en lo más mínimo eso que el Rebaño necesita en el partido que más expectativa genera en la temporada.
Chivas es un equipo joven, y tiene ante sí una excelente oportunidad de darle proyección a esos jugadores, ansiosos por convertirse en figuras, pero que suelen perderse en la fama efímera. Jesús Molina podría tomar el rol de líder, y aunque ha mostrado su poder como rematador en el área, será mejor que se concentre en su labor como mediocampista. Por si fuera poco, Molina es uno de esos numerosos casos de jugadores que han militado en Chivas y América. No es que sea un pecado, pero es otro de esos aspectos que los románticos extrañan de los Clásicos de antaño.
Ya se vio y se generó mucho ruido con Oribe Peralta departiendo bromas con sus ‘archirrivales’ tras un Clásico. No es que tengan que odiarse y pelear, pero esa rivalidad decayó en cuanto comenzó a ser más aceptable que un jugador de Chivas llegara al América y viceversa.
Por eso se sigue añorando esa época de grandes partidos, no solo por la intensidad, sino por el desafío que significaba definir cuál equipo es el más popular, cuál juega mejor.
Los Clásicos recientes han tenido nuevos protagonistas, pero no logran ser constantes. Chicote Calderón lo comprobó. Sus goles en Liguilla terminaron un dominio americanista, pues Chivas perdió tres Clásicos consecutivos antes de eliminar al América el torneo pasado en cuartos de final.
En esa racha de dominio americanista fueron protagonistas Giovani dos Santos con un golazo en el 1-0 del Clausura 2020. Hoy Gio es otro de esos fantasmas que podrían aparecer súbitamente si se llega a inspirar.
En el Clausura 2019 fue Sebastián Córdova, quien se presentaba en sociedad con su doblete en la goleada 4-1 sobre Chivas. Córdova ha mantenido su ascenso desde entonces, pero en la Liguilla pasada demostró estar lejos de ser el héroe que el Clásico necesita.
El Clásico, históricamente, ha demostrado que importan poco las estadísticas. Que el mejor momento de uno puede ser lo que levante la moral del otro, que no hay palabra de honor y sí una euforia contenida por ganar el partido más importante.
Una rivalidad de casi 50 años no se puede resumir en unos párrafos, y cada partido aporta un recuerdo a quienes gustan de coleccionar esas estampas en la mente (afortunadamente ya existe Internet). Hay lugar para más ídolos, para más hazañas, para más jugadores descarados, talentosos y ‘entrones’. Eso era el Clásico. Eso debe volver a ser. Falta que quieran, porque sí pueden.
José Juan Macías, Uriel Antuna, Alexis Vega, ‘Cone’ Brizuela. Chivas desborda talento, ímpetu, pero no termina por cuajar la fórmula que le devuelva protagonismo.
Henry Martín, Córdova, Jorge Sánchez y su legión de extranjeros encabezada por Viñas, Roger y Suárez. De ellos saldrá hoy un héroe. Pero se necesita que lo siga siendo siempre, no solo en un Clásico. ¿Acaso es mucho pedir?
