Toluca se recuperó de uno de sus peores torneos, pagó una multa millonaria y volvió a conectar con sus aficionados
El pasado 20 de abril escribí una columna titulada “¿A quién le importa el Toluca?” en la que manifesté, en mi doble papel de aficionado y profesional de la crónica deportiva, mi absoluto descontento y profunda decepción por los pésimos resultados que en los últimos años ha arrastrado el equipo de la capital del Estado de México, dilapidando con ello el enorme prestigio que logró construir en la época dorada de finales de los noventa e inicios de los dos miles.
En aquella ocasión, me referí también a un par de cartas dirigidas al mecenas de los Diablos Rojos, Don Valentín Diez Morodo, en las que humilde y encarecidamente le solicité que tomara las decisiones pertinentes a fin de reestructurar a su directiva y luego a efectuar una inversión económica mucho mayor a las que ya se habían hecho anteriormente, con el objetivo de formar un plantel altamente competitivo y, con éste, pelear el título, ya que era (y es) inadmisible que un club con tanta prosapia, historia y tradición estuviera sumido en una galopante sequía de campeonatos.
No dejé de mencionar los nombres de Francisco Suinaga Conde y Antonio Naelson Matías como los personajes en cuyos hombros reposa la responsabilidad de ejecutar los mandamientos de Don Valentín y cristalizar así su deseo de volver a levantar el trofeo de Campeón. Aquí no fui omiso en advertir que se habían tomado de manera reiterada malas decisiones y que si no podían con el paquete, lo más honesto sería dar un paso al costado.
Consumado el fracaso y la vergüenza deportiva por concluir en el antepenúltimo lugar de la tabla de cocientes y pagar la multa correspondiente, todos fuimos testigos del “Mea Culpa” expresado por directiva, cuerpo técnico y jugadores. En la rueda de prensa ofrecida para ello, se aceptaron los errores cometidos y se comprometieron a revertir los resultados de manera inmediata. Nacho Ambriz incluso le puso medida a su compromiso, al obligarse a meter al equipo dentro de los primeros cuatro mejores y posteriormente llegar a una final. En ese momento, el listón se visualizaba demasiado alto de alcanzar y la posibilidad de ver la renuncia de los involucrados un semestre más tarde, era extremadamente alta.
Ante este panorama, se hizo una inversión sin precedentes que usted ya conoce. El equipo se armó con jugadores de la total confianza de Nacho y se confeccionó un Toluca dispuesto a enmendar el camino. El inicio del torneo fue fantástico y los refuerzos dieron resultados de inmediato. Sin embargo, a partir de la fecha 8 el rendimiento cayó dramáticamente y se hilvanaron siete partidos sin ganar. Los puntos obtenidos en el arranque del torneo fueron suficientes para que, al menos, se lograra la muy criticada reclasificación, aunque en la sexta posición, no dentro de los primeros cuatro. Apelando a las palabras de Ambriz, la semifinal era ya una obligación para cumplir con el compromiso que adquirió antes del arranque del Torneo.
Seré sincero. Mi expectativa no era muy alta, incluso desde el repechaje ante Bravos. Y ante la sorpresa de casi todos, hoy está disputando la Gran Final del Apertura 2022, luego de dejar en el camino al siempre difícil Santos Laguna y al superlíder y súper favorito América. Se logró el doble objetivo de estar entre los primeros cuatro del Torneo (que no de la tabla) y de disputar un título. La palabra empeñada se cumplió y el barco escarlata, lejos de hundirse, se enderezó hasta alcanzar la orilla deseada.
Pelearle hoy el campeonato a los Tuzos del Pachuca es un triunfo al proyecto actual de la Directiva encabezada por Paco Suinaga, quien por cierto ha visto las duras y las maduras desde que asumió la presidencia en el 2018. Para mi, éste es sólo el primer paso que de manera firme y sostenida deberán dar los Diablos Rojos para regresar al sitio que les corresponde.
Independientemente de que levante o no el trofeo este fin de semana (algo que de suyo es un asunto inaplazable), el Deportivo Toluca deberá continuar reforzando su plantilla y eliminar por completo aquellos intereses que, tanto al interior como al exterior del club y en los últimos varios años, se han contrapuesto con la grandeza del tercer máximo ganador del futbol mexicano.
A propósito del título de la presente columna y después del increíble y masivo apoyo brindado durante el presente torneo (muy especialmente en la Liguilla) por parte de la afición choricera, históricamente vilipendiada y tildada de fría y apática, ha quedado clara una cosa: el Toluca le importa a muchos.
