Brandon, a corazón abierto: "Me llevé todos los balazos" y el momento en que tocó fondo

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El lado más humano de Brandon Aguilera: "Realmente toqué fondo" (12:40)

A sus 23 años, el volante costarricense abre una puerta pocas veces vista: habla de las lágrimas, la soledad, las críticas, los sueños que comenzaron a apagarse y el proceso que hoy lo lleva a reconstruirse

Hubo un momento en el que Brandon Aguilera sintió que todo aquello que había construido comenzaba a venirse abajo.

Tenía apenas 22 años, jugaba en Europa, vestía la camiseta 10 de Costa Rica y cargaba con una expectativa que él mismo había ayudado a construir desde muy joven. Desde afuera estaba el futbolista. Adentro, sin embargo, había un muchacho de Naranjo intentando entender cómo manejar algo para lo que, asegura, nadie lo había preparado.

“Creo que después de lo que me pasó en la Selección puedo decir que fue de las etapas más difíciles”, confesó Aguilera en entrevista exclusiva con ESPN.

La conversación con Brandon terminó recorriendo lugares mucho más profundos que una cancha de fútbol.

No esquiva responsabilidades.

“Viendo hacia atrás creo que pude haber hecho muchas cosas mejores”, reconoce.

Pero también cuenta cómo sintió que las críticas dejaron de ser exclusivamente futbolísticas.

“Se me evaluaba diferente a mí sobre mis acciones”, asegura antes de lanzar una de las frases más contundentes de toda la conversación.

“Estuve al frente de todos los balazos y me los llevé todos al final, por decirlo así”.

Cuando el avión de regreso pesaba más

Brandon había vivido casi siempre del lado bonito del fútbol.

Debutó muy joven, pasó por Alajuelense y Guanacasteca, fue adquirido por Nottingham Forest, llegó a Europa y disputó un Mundial con apenas 19 años.

De repente conoció la otra cara.

“Es como ir a 200 kilómetros por hora y chocarse contra una pared de realidad, de que están pasando las cosas, de duda, de que no se sabe qué va a pasar, de que uno duda de uno mismo, de que duda de todo lo que se ha ido construyendo y todo parece venirse abajo de la noche a la mañana”.

Hay un día que todavía recuerda especialmente.

Costa Rica había iniciado la eliminatoria mundialista. Aguilera disputó únicamente 45 minutos ante Nicaragua y posteriormente no jugó en el Estadio Nacional.

Él ya intuía lo que venía.

“Yo sabía que el entrenador no me iba a convocar más. Lo sentía dentro de mí”.

Aquello tenía una consecuencia que iba mucho más allá del fútbol.

Brandon vive lejos.

Cada convocatoria también significaba volver a casa, abrazar a sus padres y reencontrarse durante unos días con aquello que dejó atrás para perseguir una carrera en Europa.

“Sentía que no iba a volver a la Selección por un tiempo y también eso significa no volver a ver a mi familia, tener que venirme para Portugal y seguir afrontando los retos solo”.

Entonces llegó una de esas noches que desde una gradería, una transmisión de televisión o una red social nadie podía ver.

“Me acuerdo que lloraba mucho ese día. Fue muy difícil porque después del partido, al día siguiente, cada quien viaja para su país”.

"Los sueños se me fueron apagando"

Durante mucho tiempo, Brandon había relacionado el fútbol con aquello que más quería.

Pero reconoce que algo comenzó a cambiar.

“Los sueños con los que uno crece tal vez se me fueron apagando en medio de todas esas cosas”.

En medio de ese ruido estaban sus padres, su hermano, su novia y aquellas personas que, según cuenta, permanecieron cuando la situación cambió.

También estaban las cartas de su mamá.

Aguilera recuerda especialmente una que encontró en un camerino durante una concentración con Costa Rica. Su madre le recordaba que estaba donde debía estar y que Dios le había dado el talento para hacer aquello que amaba.

Pero el golpe definitivo todavía no había llegado.

Cuando comenzaba a reencontrar su mejor versión en Portugal, una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha volvió a detenerlo. La lesión llegó en un momento especialmente duro: Aguilera venía siendo protagonista con Rio Ave y había sido reconocido como el mejor jugador del club en enero.

Fue entonces cuando dimensionó todo lo anterior.

“Creo que la parte que venía viviendo con la Selección y luego tener una ruptura del ligamento cruzado... es ya creo que muy abajo. Tocar fondo. Yo creo que es realmente tocar fondo”.

El futbolista dejó de correr y apareció Brandon

La lesión lo obligó a hacer algo a lo que prácticamente nunca había estado acostumbrado: parar.

“Desde que soy niño no había parado tanto tiempo. Siempre se paran 15 días, 22 días de vacaciones y otra vez a jugar y a entrenar”.

Esta vez no.

Y en ese silencio comenzó otro proceso.

Aguilera reconoce que durante su formación nunca recibió suficientes herramientas para gestionar un mal partido, una crítica o un momento en el que las cosas dejaran de salir bien.

“Nadie lo prepara a uno”.

Ahora habla abiertamente de la importancia de la psicología y hasta piensa en algo que algún día quisiera trasladar a sus propios hijos.

“Quiero darles esa formación, a pesar de que estén en un círculo sano, que crezcan en un ambiente sano, darles esa formación de la parte de psicología para que en algún momento, cuando las cosas no vayan como ellos quieren, sepan cómo actuar”.

Porque él reconoce algo sin rodeos:

“Yo no supe cómo actuar y el vaso, cada gota iba siendo más, la bola de nieve se iba haciendo más grande hasta que ya no se pudo más”.

Volver desde abajo

Curiosamente, tocar fondo también le quitó peso.

“Esos temores de errar, de qué dirán, de las personas que están hablando de mí, ya todas esas cosas creo que me importan menos desde que toqué fondo”.

Y volvió a descubrir algo que durante el ruido parecía haberse perdido.

“Me volví a dar cuenta de que el fútbol es mi primer amor”.

Por eso utiliza una imagen particular para explicar cómo imagina lo que viene.

“Me veo así como el ave Fénix”.

No habla únicamente de regresar a una cancha.

También quiere recuperar algo que siente que perdió en el camino.

“Me gustaría reconstruir esa relación que en algún momento tuve con los aficionados. Sé que me va a tomar tiempo”.

Y sabe cuál es la única manera.

Resultados.

A los 23 años, Brandon Aguilera ya jugó un Mundial, salió de Costa Rica, llegó al fútbol inglés, se consolidó en Portugal, fue señalado, perdió su lugar en la Selección y sufrió una de las lesiones más duras para un futbolista.

Quizás por eso su reflexión final ya no tiene demasiado que ver con un balón.

“Siempre la vida es una montaña rusa que sube y baja y nada es lineal en la vida”.

Y entonces utiliza otra metáfora, mucho más cercana al Brandon que salió de Naranjo.

“Si usted no construye una base desde que está bien, cuando viene el bajón parece todo tierra movediza”.

Esta vez Brandon Aguilera no habló solamente como futbolista.

Habló del muchacho que estaba detrás de la camiseta mientras todos miraban al número 10.