El pequeño club vasco que generó a los mejores técnicos de la Premier League

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Cuatro de los grandes clubes de Inglaterra competirán bajo la dirección de entrenadores que se formaron en un club amateur de Guipúzcoa.


Existen pruebas irrefutables de que fichar a entrenadores procedentes de la costa norte de España garantiza el éxito; clubes como el Arsenal, el Liverpool, el Aston Villa y el Chelsea lo tienen más que claro.

En el ámbito internacional, la selección española -campeona de Europa y del mundo- está dirigida por un vasco (Luis De La Fuente); a nivel de clubes, el PSG (doble campeón de la Liga de Campeones) sigue la batuta de otro español de la costa norte, Luis Enrique; y tanto el vigente campeón de la Europa League como el campeón de la liga inglesa deben sus éxitos a dos hombres -Unai Emery y Mikel Arteta, que crecieron a muy poca distancia el uno del otro en San Sebastián (en el territorio de Guipúzcoa, dentro del País Vasco).

Se trata, literalmente, de un fenómeno: el dominio a gran escala de los banquillos por parte de una comunidad reducida.

Lo fascinante ahora es que cuatro de los grandes clubes de Inglaterra competirán entre sí por trofeos y prestigio esta temporada -tanto en la Premier League como en competiciones europeas- bajo la dirección de entrenadores que se formaron en un mismo club de fútbol amateur de Guipúzcoa, en la costa del golfo de Vizcaya.

Arteta, Emery, Andoni Iraola y Xabi Alonso ya han cosechado éxitos asombrosos como entrenadores, logrando triunfos históricos con el Arsenal, el Bournemouth, el Bayer Leverkusen, el Sevilla y el Aston Villa. Ahora, se enfrentarán directamente por los títulos del fútbol inglés.

Lo que también comparten -especialmente Arteta, Iraola y Alonso- es una trayectoria formativa idéntica: sus caminos se cruzaron a menudo en su ciudad natal, San Sebastián, donde se formaron bajo una misma filosofía y, en muchos casos, con los mismos entrenadores.

El club amateur en cuestión es el Antiguoko, que puede atribuirse parte del mérito de que el Bournemouth lograra su primera clasificación para una competición de la UEFA (Iraola jugó allí de niño y, más tarde, inició allí su carrera como técnico), de que el Bayer Leverkusen ganara su único título de la Bundesliga (Alonso) y de que Arteta llevara al Arsenal a conquistar su primera Premier League en 22 años. Impresionante, ¿verdad?

Los responsables del futbol en el Antiguoko y en toda la región de Guipúzcoa empiezan a sonreír con resignación cuando los medios europeos acuden a ellos en busca de la fórmula mágica que ha producido a estos brillantes exjugadores (así como a otras muchas figuras clave en puestos de dirección y entrenamiento por todo el continente).

No hay magia: solo ideología, trabajo duro, décadas de formación y atención a los detalles.

Durante la investigación para esta columna, Manu Díaz, presidente de la Federación Guipuzcoana de Fútbol, ​​explicó: "Hay un número desproporcionado de entrenadores en nuestra región debido a nuestro sentido de comunidad: la gente quiere devolver algo a la sociedad.

"Los chicos quieren ser entrenadores; esperan a cumplir 16 años para empezar a sacarse las licencias, como si esperaran la oportunidad de aprender a conducir. También se aprende desde joven a formar parte de un grupo grande, y eso facilita que, con el tiempo, uno sepa liderar bien. El entrenador goza de gran respeto.

"Se puede crear el relato de que aquí existe una escuela futbolística común, pero en realidad, más que una forma compartida de entender el juego, es una forma compartida de entender la vida. Hay una palabra en euskera que lo resume: *auzolan*, que se refiere al trabajo conjunto basado en la cooperación vecinal".

Una prueba de ello es cómo Arteta, Alonso, Iraola y otros adquirieron sus primeras habilidades futbolísticas y aprendieron esa "cooperación vecinal" gracias a un fenómeno propio de San Sebastián: la gran cantidad de partidos de fútbol base que se disputan en las dos playas principales.

Cuando baja la marea, padres, niños y entrenadores trazan literalmente varios campos sobre la arena firme y plana de La Concha y Ondarreta, sacan las porterías que tenían guardadas y juegan decenas de partidos hasta que el mar Cantábrico vuelve a subir.

Las líneas de los campos deben marcarse a mano en la arena. La rapidez y el trabajo en equipo son fundamentales, no solo al empezar los partidos, sino también a la hora de unir esfuerzos para montar ese enorme rompecabezas de 10, 12 o 15 campos lo antes posible, permitiendo así que se disputen multitud de encuentros con niños y niñas de todas las edades. El trabajo en equipo hace posible el sueño.

Alonso, que ganó su primer trofeo junto a Arteta en un torneo con el Antiguoko cuando ambos apenas eran adolescentes, explica: "Tuve la suerte de tener en mi barrio a Mikel, que también estaba loco por el fútbol. Todos los días bajábamos a la playa en monopatín para jugar al tenis, hacer surf y, por supuesto, jugar al futbol". Es innegable que la escuela vasca de formación futbolística emplea expresiones e ideología que el moderno mundo del fútbol de élite -obsesionado con el dinero, vertiginoso y pragmático hasta la dureza- consideraría cursis y anticuadas.

Quizás ahí resida la clave: todo aquello que exaspera a los aficionados de la vieja escuela -lo que les hace sentirse ajenos a un fútbol moderno, propiedad de inversores extranjeros, con precios desorbitados y controlado por grandes corporaciones y fondos de inversión- es justo lo opuesto a la filosofía del Antiguoko (Guipúzcoa, País Vasco), la misma que forjó a figuras como Alonso, Arteta, Iraola y Emery.

"Esto pone el foco en una de las canteras más destacadas del fútbol europeo", declaró un portavoz del Antiguoko a ESPN. "Somos una institución de barrio: modestos en recursos, pero de una influencia colosal. Durante décadas hemos servido como una auténtica escuela de formación, tanto futbolística como humana.

"Quienes hoy trabajan en la Premier League han reconocido públicamente el profundo impacto que el Antiguoko K.E. tuvo en su desarrollo deportivo y personal. Formamos jugadores potenciando el talento innato, pero también mediante una cultura de trabajo duro, inteligencia táctica, lectura de juego y compromiso colectivo.

"Una filosofía futbolística cimentada en la competitividad y el desarrollo integral. Nuestro club encarna la esencia misma del futbol base local. Aquí, el futbol se respira desde edades muy tempranas, pero también la disciplina, la cercanía y un profundo sentimiento de pertenencia".

Hace cinco años, Alonso fue coautor del manual de formación de la Real Sociedad titulado "Made In Gipuzkoa", publicado con el objetivo de que cualquier persona del mundo del futbol interesada pudiera leerlo, aprender de él y aplicar sus conceptos.

Una de sus frases clave -que, de nuevo, parece propia de otra época- es: "La esencia de este modelo es la persona, no solo el futbolista".

El manual de formación continuaba así: "Ese niño o esa niña cuyo futuro aún desconocemos -futbolista, ingeniero, médico, mecánico, abogado- es el centro de todo. En este modelo, cada persona es un proyecto en sí misma y todo lo demás gira a su alrededor.

"Los entrenadores de la Real Sociedad acompañan, cuidan y forman a los chicos y chicas a lo largo de todo su recorrido, con la estabilidad como cimiento de un modelo basado en la confianza y la paciencia. En resumen: cuidar, formar, guiar, educar. Ese es el mandato que recibimos de la comunidad a la que queremos representar, de las familias de Gipuzkoa y de la sociedad guipuzcoana en general".

Desde esa filosofía futbolística de corte humanista, tradicional y arraigada en la comunidad, hasta la dinámica feroz, tecnológica y de "el ganador se lo lleva todo" que impera en la cima de la Premier League inglesa.

Más allá de lo que pueda separar a Alonso, Emery, Arteta e Iraola esta temporada, todos ellos comparten un mismo origen, unas creencias comunes y unos valores de los que todo el futbol europeo podría aprender.