La segunda mitad de abril trajo consigo un misterio que más de alguna vez hemos visto en el fútbol. Algunos lo llaman irregularidad, otros dualidad. Es el caso de Universidad Católica, que en solo 14 días, la Franja vivió las dos caras de la medalla, ya que firmó dos triunfos tan épicos como inolvidables, pero también debió masticar dos derrotas más que dolorosas, esas que cuesta asumir y que también quedan en la memoria de los hinchas.
Esa particular sensación, de pasar del cielo al infierno sin escala, me hace recordar lo que acaeció con la Selección Chilena tras el Mundial de 1998, esa que deambuló durante las clasificatorias rumbo a Corea-Japón, pero supo golear a Brasil -a la postre, el futuro campeón-, la que perdió ante Venezuela en Santiago, pero le ganó a la Francia de Zidane en la despedida de Zamorano.
Todo arrancó el miércoles 15 de abril, con la enorme y agónica victoria en Belo Horizonte frente a Cruzeiro, la 'Bestia Negra' de Colo Colo en torneos CONMEBOL, el equipo que humilló a Universidad de Chile en la edición 2018 con un lapidario 7-0 en Mineirao. Porque todos esos antecedentes poco y nada le importaron al equipo de Daniel Garnero, que con goles de Justo Giani y Jimmy Martínez, no solo se llevó un triunfazo desde Brasil, sino que además, se reivindicó del debut ante Boca por la Libertadores.
Tras ese partidazo, venían dos estaciones por el campeonato antes de retornar a las noches de copa: Unión La Calera y el Clásico Universitario... Y ambos encuentros terminaron mal para la Franja, porque enredó puntos claves y dejó pasar la chance de alcanzar la cima, primero, al caer con los cementeros en el Claro Arena, y luego, perdiendo ante la U de Gago en el Nacional, exhibiendo un juego tan errático como cancino, en una presentación donde derechamente decepcionó.
Sin embargo, el fútbol tiene esas cosas que lo hacen tan especial a diferencia de otras actividades y te hace pasar de la rabia a la algarabía en cuestión de minutos, de las lágrimas de tristeza o impotencia a las de profunda alegría. Porque el miércoles 29 de abril, la UC de Garnero tendría su redención enfrentando a un rival como Barcelona de Guayaquil, cuadro con el que ya tenía capítulos gratos, como el de cuartos de final de aquella memorable Libertadores 1993. Esta vez, el héroe no sería Andrés Romero, sino Fernando Zampedri, quien abrió la ruta, y tendría como escudero a un Clemente Montes que, cuando está enfocado, siempre es figura; Católica volvía a vencer al Ídolo del Astillero en Ecuador 33 años después, y luego de ganar sus dos duelos de visitante, trepó a la cima del Grupo D.
Sí, como apunté en el inicio, este misterio futbolístico que viven los Cruzados no es nuevo y, para mí, hoy, es lo más parecido al libro que estoy leyendo con mi hijo, 'Emilia y la Dama Negra', de Jacqueline Balcells y Ana María Güiraldes; voy en la mitad y aún me tiene intrigado cómo terminará, preguntándome si se resolverá el misterio o, al menos, tendrá un final feliz.
Por ahora, Universidad Católica me genera inquietudes, la de saber cómo continuará la historia en ambos certámenes y cuál es su verdadera cara; la del equipo contundente, con pasajes de buen fútbol, que gana a pesar de tener todo en contra y que está para triunfos históricos o esa de juego parco, que carece de sorpresa y que, ahora, además de perder partidos claves, también enreda puntos en el Claro Arena... Ese es el misterio deja abril y que, seguramente, durante de mayo, comenzará a develarse.
