<
>

¿Qué es lo primero que debe hacer el nuevo técnico de River?

La salida de Marcelo Gallardo fue anunciada por las redes oficiales de River con un video del propio entrenador, cerrando así un segundo ciclo que estuvo lejos de las expectativas que supo generar su nombre. El impacto fue inmediato: se fue el hombre que marcó una era y dejó al club ante una transición tan inevitable como incómoda.

Pero más allá de la nostalgia o del análisis fino de su gestión, la pregunta es urgente: ¿qué es lo primero que debe hacer el nuevo entrenador de River?

River debe recuperar la cabeza antes que el sistema

El exentrenador millonario Leonardo Astrada fue claro tras la salida del Muñeco: “De ahora en más es toda responsabilidad de los jugadores”. Y agregó una advertencia que funciona casi como diagnóstico: la gente deberá tener paciencia, porque “venga quien venga, la cosa no se va a arreglar de un día para el otro”.

Ahí está el primer punto. River no necesita solamente un cambio de esquema o de nombres. Necesita un cambio de mentalidad. Los números no mienten, pero tampoco explican todo. En la segunda etapa de Gallardo fueron 85 partidos, con 35 triunfos, 32 empates y 18 derrotas (53,72% de efectividad), sin títulos. Un registro que, para cualquier otro entrenador, podría no ser alarmante; para el estándar que supo construir el propio Gallardo, sí lo fue.

El equipo no sumó en sus últimos tres partidos del Torneo Apertura y acumuló una racha preocupante: en los últimos 20 encuentros ganó cinco, empató tres y perdió doce. River no registraba 12 derrotas en un tramo de 20 partidos desde 1983. Esa estadística, por sí sola, explica el clima.

Pero más allá de la frialdad de los números, lo que se vio en la cancha fue todavía más preocupante: jugadores perdidos, desconectados, con poco compromiso en momentos determinantes, señales claras de un fin de ciclo que se fue consumiendo desde adentro hacia afuera. La energía ya no era la misma, la reacción tampoco. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser táctico.

Por eso, el primer gran desafío del nuevo entrenador será anímico. Necesita inyectar convicción, recuperar la rebeldía competitiva y volver a exigir el máximo compromiso individual y colectivo. Antes que pizarrones y esquemas, deberá trabajar la cabeza. Porque si logra cambiar la actitud, los números empezarán a modificarse como consecuencia y no como excepción.

Cortar la inercia negativa y recuperar la fortaleza en el Monumental

Hay síntomas más profundos que los resultados: sequía de los delanteros, dificultades para revertir partidos (no ganó ninguno de los últimos 19 que empezó perdiendo), una fragilidad anímica evidente cada vez que recibe el primer golpe. Son 19 encuentros consecutivos en los que el equipo comenzó en desventaja y no pudo ganar; en los últimos 11 de esa secuencia, terminó perdiendo.

Pero además, River necesita volver a hacer de su estadio una fortaleza. El Estadio Monumental supo ser una caldera, un escenario imponente, el más grande de Sudamérica, donde los rivales llegaban con respeto y hasta con miedo. Durante años fue sinónimo de invencibilidad, un terreno donde el equipo se hacía fuerte desde lo futbolístico y también desde lo emocional.

Hoy, en cambio, esa mística parece diluida. En los últimos tiempos no solo han ganado equipos de jerarquía: también lo hicieron rivales de menor peso, que antes viajaban a Núñez con la expectativa de resistir y ahora lo hacen convencidos de que pueden lastimar. Recuperar esa localía dominante es una tarea urgente. Porque reconstruir la confianza también implica que el equipo vuelva a sentirse respaldado por su casa y que el rival vuelva a sentir el peso del contexto.

Un plantel golpeado y decisiones que debe tomar el nuevo DT

El nuevo entrenador no solo heredará un equipo con bajo nivel individual, sino también con bajas sensibles. Franco Armani salió lesionado ante Vélez y encendió las alarmas en el arco. Juan Fernando Quintero padece un desgarro y será baja al menos por tres semanas. Kendry Páez, uno de los refuerzos y apuesta de futuro, tiene un esguince y también estará fuera en el corto plazo.

En ese contexto, la reconstrucción no será solamente emocional: será estructural. Porque más allá del bajón general, en los primeros partidos del año hubo indicios que ahora deberán retomarse y profundizarse. Se vio una defensa más firme, un mediocampo más cauteloso y ordenado, laterales que entendían mejor los movimientos del juego e incluso un Gonzalo Montiel que aportó sorpresa y hasta gol. Ese River insinuó una base. No fue un equipo arrollador, pero sí más equilibrado.

El gran debe, otra vez, estuvo en el ataque. La sequía de los delanteros se convirtió en un problema estructural. Falta contundencia, pero también confianza. Y ahí aparece una de las primeras decisiones fuertes que deberá tomar el nuevo DT: sostener a los atacantes actuales y renovarles el respaldo para que atraviesen el mal momento, o abrirles paso a juveniles que puedan aportar frescura y competencia interna.

Volver a construir un equipo y una identidad en River

Por eso, lo primero que debe hacer el nuevo entrenador no es cambiar el dibujo táctico. Es cambiar el ánimo. Instalar una idea simple pero poderosa: que cada partido es una oportunidad para empezar de cero.

River necesita volver a ser un equipo competitivo antes que brillante. Pero también necesita recuperar algo más profundo: Su identidad. Históricamente fue una escuela que marcó una línea alrededor del buen fútbol, de una idea clara, de protagonismo y convicción. No se trata solo de ganar, sino de cómo ganar.

En ese camino, el nuevo entrenador tendrá además la responsabilidad de volver a enamorar a la gente, de reconstruir el vínculo emocional con el hincha y devolverle la confianza a una tribuna que siempre acompañó pero que hoy necesita volver a sentirse representada.

Con lesionados que obligan a rearmar, con rendimientos que exigen autocrítica y con una racha negativa que pesa, el desafío es integral. River necesita un conductor que reconstruya la mentalidad colectiva, devuelva el peso al Monumental, reactive el gol como hábito y, sobre todo, le devuelva al equipo una imagen reconocible.

Porque en Núñez no alcanza con competir: hay que representar una idea. Y eso es, quizás, lo primero que debe recuperar el nuevo técnico.