PUES LA IDEA era visitar a los Dallas Cowboys, ver cómo les iba, pasar un rato con ellos. Algunos personajes interesantes en ese vestidor suscitaron algunas preguntas en octubre: ¿Cómo resultarán las cosas con Greg Hardy? ¿Cómo está Jason Garrett manteniendo las cosas unidas sin Tony Romo y Dez Bryant? ¿Qué piensa Jerry Jones acerca del equipo que él mismo catalogó como uno de los aspirantes al Súper Tazón? Es posible que aquí tenga material para una buena historia de futbol americano: un relato sobre la determinación ante la adversidad o algo en ese sentido. Nunca se sabe, algo interesante podría ocurrir.
Más de un mes después, tras siete derrotas consecutivas, dos mariscales de campo de reserva, una clavícula fracturada dos veces, una fila de corredores, un estallido en la línea de banda, más Twitter de lo que se hubiera podido pensar, un titular ausente sin permiso y una breve intervención de PETA... queda una sola pregunta por responder: ¿Por dónde comenzar?
Tal vez deba comenzar a primeras horas de la noche del 25 de octubre, cerca de la línea de banda del MetLife Stadium en Nueva Jersey, en el último cuarto de la derrota ante los Giants, con un enfurecido Hardy golpeando el portapapeles del entrenador Rich Bisaccia, mientras Bryant trata de calmarlo. O posiblemente una hora más tarde, cuando Hardy se encuentra enfrente de su vestidor e interrumpe ocho preguntas directas con: "Sin comentarios; siguiente pregunta", sus palabras suenan como zapatos dentro de una secadora.
Los Cowboys, según las delicadas palabras de un jugador, son un equipo de "egos únicos", en el campo y en la dirección. Durante más de un mes, presencié diversos incidentes que validan la descripción. Puedo decirles que Bryant está a favor de cruzar las instalaciones de práctica del equipo en Valley Ranch cargando un altavoz en forma de píldora, con la música a todo volumen. Por lo general, usa más capas de ropa de lo que se consideraría necesario y normalmente está sonriendo. Parece que le gusta el hecho de que todo el mundo pueda saber por dónde anda gracias a la música, como si fuera el sonido de una sirena que se acerca.
Observé cómo los Cowboys fichaban y despedían a corredores como un apostador novato convencido de que sacará una escalera en el río. Me detuve frente al vestidor de un jugador titular de la línea ofensiva y lo escuché decir que se acababa de enterar del nombre de Christine Michael ese día, seis semanas después de que el corredor conocido como C-Mike había llegado a Dallas proveniente de Seattle, y cuatro días antes de que jugara su tercer partido con el equipo.
Al igual que todos los demás, intenté cuadrar las contradicciones de los Cowboys en lo que se refiere a Greg Hardy. Firmó un contrato de un año por $11.3 millones de dólares a pesar de una condena por violencia familiar en el 2014, que se derivó de un incidente con su exnovia. (Se desestimó después la condena, y se borraron sus antecedentes.) Es tolerado a pesar del berrinche que hizo en la banda en Nueva Jersey y de haber faltado o llegado tarde a varios encuentros. Cinco días antes de que los Cowboys se enfrentaran a los Dolphins, dos jugadores marginales (el esquinero Corey White y C-Mike) fueron liberados, por una parte debido a su mal desempeño, y por otra parte porque no usaron traje en el vuelo a Tampa.
Me tocó presenciar las numerosas secuelas del momento en el que Romo salió del campo el 20 de septiembre diciendo: "Está fracturada" después de recibir un golpe del apoyador de los Eagles, Jordan Hicks. Observé cómo los efectos se propagaban, semana tras semana, hasta que la ausencia de Romo se convirtió en una mayor presencia que cualquier jugador en el campo. Claro, en la NFL se idolatra a los mariscales de campo, pero los Cowboys lo han hecho desde hace más tiempo que la mayoría. Meredith, Staubach, Aikman, Romo... demonios, incluso Clint Longley tiene un capítulo en su mitología. Entonces es razonable pensar que cada error en las siete derrotas consecutivas se atribuya a la ausencia de Romo. Ofensiva, defensiva, decir la jugada, equipos especiales... no importa. Su vacío llena los demás vacíos.
En la Semana 7, cuando el reserva Brandon Weeden y sus tres derrotas consecutivas son marginados a favor del recién contratado Matt Cassel, la ausencia de Romo se menciona tantas veces que se siente como un estupefaciente presente en el aire, algo que se bombea a través de los conductos de ventilación. Perdieron porque, entre otras cosas, no lograron convertir un tercer intento o encontrar un receptor completamente desmarcado, y nada de esto hubiera pasado si Romo estuviera jugando.
Finalmente, llamé a una fuente cercana al equipo para ver si me estaba perdiendo de algo. Incluso considerando la gran diferencia de talento entre Romo y Weeden/Cassel, ¿es posible que un solo jugador cause tal abismo? "Había muchas grietas en los cimientos del equipo y este hubiera estado en problemas, con o sin Tony Romo", dijo la fuente. "Pero Romo superó todo".
Sin Romo, los Cowboys trajeron de vuelta el tipo de llamado de jugadas extremadamente conservador que murió a finales de la década de 1970. Observé a los jugadores ofensivos lanzándose por todo el campo, avanzando para abrir huecos para los corredores, tomando enormes castigos de enormes hombres iracundos para proteger a sus mariscales de campo, solo para ver cómo perdían de forma infructuosa debido a una mala intercepción o una captura evitable o una patada de despeje equivocada. Me paré junto al guardia novato La'el Collins en Nueva Jersey y lo observé hacer una mueca de dolor mientras se desprendía la cinta de la muñeca, diciendo: "Solo dos o tres jugada más, y ganaremos todos estos juegos".
Escuché todas las posibles variaciones de la pregunta: "¿Crees que podamos ganar un juego antes de que Romo regrese?" Y escuché todas las posibles variaciones de la respuesta, a excepción de la correcta: no.
DÍA TRAS DÍA me senté fascinado mientras escuchaba la relajante predictibilidad de las innocuas y gramáticamente correctas respuestas del entrenador Jason Garrett. No es displicente, aun cuando busca ser displicente. No deja de sonreír, aun cuando está al borde de una crisis. Las palabras, en una voz que no delata ningún lugar de origen, salen flotando de su boca y mueren al contacto con el aire. Nada es definitivo; no ofrece especificidades. Cuando se le preguntó antes de la Semana 9 si la posición titular de Cassel estaba segura hasta el regreso de Romo, Garrett respondió: ‘‘Preferiría no adoptar una posición general sobre este punto’’.
(Su cabello, del color del arce en el otoño, está siempre impecable, y puedo imaginarlo revisando cada mechón antes de salir de casa. Además: Parece no crecer. Durante las ruedas de prensa diarias de esas semanas, escuchaba cómo sus palabras se disolvían y mis pensamientos se perdían en la improbabilidad de su cabello. ¿Se mueve? ¿Será una versión de pasto sintético para la cabeza? En medio de los informes vacíos de lesiones de tobillo, estrategias de juego y tendencias de los adversarios, el cabello de Garrett se convertía en una obsesión).
Garrett es un hombre de impresionante estabilidad y disciplina personal; sus jugadores hablan de un hombre cuya pasión llena la habitación. ‘‘Tiene una gran facilidad para mantener a los muchachos unidos y para incentivar al equipo’’, dice el apoyador Sean Lee. Dos días antes de que su equipo jugara en Miami, con siete juegos perdidos pero con el regreso de Romo a exactamente 48 horas de distancia, Garrett se sentó en su oficina con los pies sobre el escritorio, de buen humor. Charló sobre su padre de 85 años, Jim, entrenador durante muchos años y scout de los Cowboys que insta a sus hijos a apreciar ‘‘el valor intrínseco de la experiencia’’. Cuando Jason y sus hermanos se marcharon a la universidad, Jim y Jane Garrett se aseguraron de decirles: ‘‘Van a la universidad para recibir una educación, no un trabajo’’. Si lo que quieres es continuidad, Jim es la persona ideal: Salió a correr todos los días durante treinta años. ‘‘No estoy bromeando’’, dijo Jason. ‘‘Durante treinta años seguidos, corrió todos los días. Y cuando digo todos los días, quiero decir todos... los... días. Enfermo, con costillas rotas, mal clima, no importaba. ‘‘Definitivamente trato de ser constante. Una de las cosas con las que debemos tener cuidado al hablar con los medios en el 2015 y al jugar o dirigir a los Dallas Cowboys, es no desviarte del tema. ... Todas las decisiones que tomo y nosotros tomamos sirven al interés de los Dallas Cowboys, así que realmente todo lo que diga en público y en privado debe ser coherente. Mis jugadores se acostumbran a que les diga todo el tiempo: El cómo es lo que importa. Cómo te comportas todos los días, cómo abordamos el día a día, cómo jugamos... todo eso importa. El resultado importa pero cómo lo obtienes es realmente importante’’.
Hay un letrero en la pared, entre el campo de entrenamiento del equipo y el vestidor: es un privilegio, y no un derecho, dirigir y jugar para los Dallas Cowboys. Este mensaje conlleva una advertencia (al menos, el mensaje ‘‘No olvides tu traje’’ está implícito) y cada vez que veo esas comas, doy por sentado que Garrett tuvo algo que ver con la precisión gramatical.
Los Cowboys realmente se diferencian de los demás, como si fueran una metáfora de 53 hombres de las esperanzas y sueños de los estadounidenses. El ritual previo al partido en el AT&T Stadium es tan excesivo que se acerca a la parodia: Las mundialmente célebres porristas de los Dallas Cowboys (salario: $150 por juego, según se dice) salen de un túnel en la línea hasta la yarda 50 y forman una V gigante, un ejército de jóvenes vistiendo trajes de vaquero cruzan la V y se distribuyen en una formación sosteniendo enormes banderas de los Cowboys que escupen fuegos artificiales de las astas. Hasta ese preciso momento, Garrett aparece para dirigir a sus gladiadores a través del túnel y al campo.
‘‘El equipo de América’’ suena pintoresco ahora. Después de veinte años sin un Súper Tazón, suena más bien a la respuesta a una pregunta de trivia que a una descripción legítima. Aun así, Garrett habla con tanta frecuencia sobre ‘‘mantener el estándar correcto’’ que él mismo admite que es prácticamente reflexivo. La idea incorpora todas las grandes nociones, al sugerir que jugar o dirigir a los Cowboys infunde en el sujeto una responsabilidad atlética y cívica que no se exige al de los Bills o Bucs. Sin embargo, esta mitologización no parece reflejar la realidad. El estándar, con relación al enigma de Hardy, parece tener una escala móvil que se basa en la habilidad y, por lo visto, compensa todas las definiciones de la palabra ‘‘estándar’’.
‘‘No podemos controlar cada decisión que tomen 53 jugadores’’, dice Garrett, ‘‘pero tenemos un estándar y una expectativa’’. O tal vez sea un trabajo imposible. Después de perder siete partidos consecutivos, es difícil contar el número de veces que Garrett se ha visto obligado a resolver un problema que surge en Twitter. ‘‘No estoy en Twitter’’, dice. ‘‘Literalmente, nunca lo he visto’’. Pero ahí está la esposa de Cole Beasley arremetiendo con los fans después de que falló un despeje en la derrota de la Semana 7 ante los Giants. Ahí está Romo, antes de su regreso contra los Dolphins, publicando en Twitter un clip de la película Ligas Mayores que muestra a Tom Berenger diciendo: ‘‘Hay sólo una cosa por hacer... ganarlo todo’’, que es tratado con la seriedad de una declaración de guerra. ‘‘Pues claro, eso es lo que debemos hacer’’, dice Jason Witten.
Mucho más grave, cinco días después de que Deadspin divulga las fotografías de la exnovia de Hardy, golpeada y llena de moretones, el ala defensiva cambió su biografía de Twitter para incluir las palabras ‘‘inocente hasta que se demuestre lo contrario’’. Esta decisión domina los ciclos noticiosos durante dos días, provocando que Hardy se pierda encuentros antes de la derrota de la Semana 10 ante Tampa Bay y obligando a Garrett a reunirse por cuarta vez con Hardy para discutir su conducta.
Las fotografías provocan reacción tras reacción. El congresista de los Estados Unidos, Michael Burgess, pregunta por qué Hardy continúa jugando en una liga que profesa un nuevo entendimiento de la seriedad de la violencia doméstica. ‘‘Los Dallas Cowboys se precian de ser el ‘Equipo de América’’’, escribe Burgess es una declaración, ‘‘y tienen una obligación con los fans, los jugadores y sus familias de comportarse con la mayor integridad profesional’’.
Garrett, al percatarse del carácter delicado de este tema en particular, elige sus palabras con más cuidado que de costumbre. ‘‘Creo que esperábamos que la gente reaccionara por su contratación’’, dijo, ‘‘y probablemente esperábamos una reacción cuando saliera a la luz otra información al respecto. Pero una vez más, nos preguntábamos ¿podemos crear el ambiente ideal para que se convierta en la mejor versión de sí mismo? Y ciertamente he visto avances. Como otros muchachos, tienes que continuar llamándole la atención cuando no hace las cosas de forma adecuada o no mantiene el estándar que rige cómo nos comportamos dentro y fuera del campo’’.
Le pregunté al apoyado Rolando McClain, quien inició la temporada con una suspensión de cuatro juegos por violar la política contra el abuso de substancias de la liga, qué es lo que piensa de la dinámica del vestidor y me responde: ‘‘Es como compartir la habitación con tu hermano. En ocasiones quieres golpearlo, otras veces estás simplemente feliz de que esté justo ahí’’.
Después de pasar tiempo con gente como Witten y Tyron Smith y Darren McFadden y Byron Jones y Sean Lee, parece totalmente realista que Garett esté en lo correcto cuando dice: ‘‘El 99% de los jugadores hace lo correcto el 100% del tiempo, o tal vez sea el 100% de los jugadores hace lo correcto el 99% de las veces’’. Pero también es indudablemente cierto que cuando ese 1% (de cualquiera de las dos ecuaciones anteriores) no anda bien, las repercusiones son como una roca que cae en un charco.
A GARRETT LE ENCANTA hablar sobre el sistema de realidad virtual que los Cowboys usan para ayudar a sus mariscales de campo de reserva a hacer repeticiones virtuales de ejercicios siete contra siete. Como antiguo mariscal de campo de reserva, Garrett sabe lo difícil que es tratar de prepararse estando parado en el campo de entrenamiento sin mucho que hacer. Se colocan un casco que les permite escuchar y ver la jugada, como si ellos fueran los que están recibiendo el saque y leyendo la cobertura. Suena realmente genial, como uno de esos inventos que pretenden hacer avances en el deporte profesional, al mismo tiempo que aceleran su obsolescencia. De todas formas, esa no es la parte de la que le gusta hablar a Garrett.
Cuando los Cowboys jugaron un juego de pretemporada en San Francisco en agosto, Garrett visitó la sede de la empresa STRIVR Labs en Palo Alto, cerca de Stanford. ‘‘Estás ahí parado, en lo que piensas que es un espacio de cuatro por dos, y el piso se separa’’, dice. ‘‘De repente, estás en el piso 15 de un edificio, mirando hacia abajo y el suelo se vuelve a caer y ahora estás en el piso 40. Sabes que estás en este cuarto. Sabes que tus pies están sobre tierra firme pero te quedas casi congelado. Había otro en el que estás parado en un cuarto, y de pronto puedes ver a todos estos gremlins atacándote. Sabes que no está sucediendo, te dices que estás en un cuarto en un edificio, pero comienzas a moverte, tratando de evitar a todos estos gremlins. Es una verdadera locura’’.
Después de las desgarradoras derrotas de último minuto durante varias semanas, Garrett está sentado aquí hablando sobre gremlins virtuales atacándolo desde todos los ángulos. Está hablando sobre el nudo que se siente en el estómago cuando tu cerebro te está diciendo que las cosas que más aprecias en la vida –la continuidad, la estabilidad del terreno bajo tus pies– son ilusiones. No existe una metáfora más valiosa.
‘‘No sé cómo quieres usar ese conocimiento’’, dice Garrett. ‘‘Pero...’’
No dice nada más. Puedes interpretar su sonrisa forzada del modo que desees. Sus ojos dicen: no hay nada que pueda hacer por ti.
LOS COWBOYS ABREN el vestidor a los medios de comunicación durante 45 minutos todas las tardes. Es un plazo generoso, probablemente demasiado generoso si se considera la imposibilidad de encontrar a más de un jugador importante dispuesto a hablar. Cuando alguien como Witten o Lee o McFadden se presenta en su locker, la avalancha de reporteros y camarógrafos se asemeja a la atracción entre el hierro y el imán.
En mi primer día en Dallas, vi al corredor titular Joseph Randle sentado solo frente a su locker. Parece ser una oportunidad única, así que me presento.
‘‘¿Cuándo saldré en la portada de la revista?’’, me pregunta.
En este momento de la temporada, Randle tiene 291 yardas por tierra en cinco juegos. Está a una semana de que McFadden le quite el puesto titular. Sin la intención de desdeñarlo, espero uno o dos segundos para ver una sonrisa, cosa que nunca sucede. Y después recuerdo que Randle fue detenido por robarse ropa interior y una colonia de una tienda departamental en Dallas hace un año, y logró aprovechar la experiencia para conseguir un acuerdo de patrocinio con una empresa de ropa interior. Tal vez lo mejor sería no subestimarlo.
‘‘Pues si me cuentas una historia suficientemente buena’’, le digo.
Se da la vuelta y toma un par de zapatos de su locker.
‘‘¿Esto es una entrevista en serio?’’, pregunta. ‘‘Pensé que querías estar en la portada’’.
‘‘Ya hablé esta semana’’, dijo mirando de nuevo su locker. ‘‘La próxima semana’’.
Contra los Giants, Randle acarrea el balón en dos ocasiones y abandona el juego con una lesión de dudosa gravedad. El miércoles, aparentemente afectado por su descenso, faltó a una sesión de tratamiento. Los Cowboys lo liberaron el siguiente martes, una semana antes de que la NFL anunciara una suspensión de cuatro juegos debido a acusaciones de violencia doméstica en contra de su exnovia en Kansas, y, cerca de dos semanas antes de que Randle fuera detenido por causar disturbios en un casino de Kansas.
PUEDO DECIR esto sobre Jerry Jones: Es accesible. Después de cada juego, se para afuera del vestidor de los Cowboys y responde a preguntas siempre y cuando haya alguien dispuesto a hacerlas. Es duro con el monólogo interior, y una persona de relaciones públicas está, por lo general, suficientemente cerca para escuchar, paseándose como supervisor de casino. En Nueva Jersey, después de la derrota 27-20 de los Cowboys, hubo un retroceso cuando Jones defendió (mejor dicho, elogió y defendió) a Hardy por golpear el portapapeles del entrenador dentro de un pelotón que no le concernía y después se paseó enfurecido por la banda como un globo al que se le escapa el helio.
‘‘Desde luego, él es uno de los verdaderos líderes de este equipo’’, dijo Jones sobre Hardy. ‘‘Y se lo ha ganado con el respeto de todos sus compañeros de equipo, y ese es el tipo de cosas que inspira a un equipo de futbol americano’’.
Hay algo sobre la escena al final del juego que hace que parezca que el suelo ya no está tan firme bajo los pies de los Cowboys. Fue el primer inicio de Cassel después de que Weeden terminara 0-3, y los Cowboys parecían sentirse como si algo bueno estuviera por suceder. Una inspiradora jugada de touchdown en el último cuarto por Cassel alimentó las esperanzas, hasta que le siguió una devolución de patada inicial de 100 yardas por el ex-Cowboy, Dwayne Harris, el catalizador del enojo de Hardy. Es como si se hubiera liberado un avispón en una abarrotada habitación... todo parecía posible.
Pero después, Jones respondió a las preguntas con una ecuanimidad casi forzada. Sus tormentos interiores estaban ausentes. Esperaba tanto tras terminar la temporada pasada 12-4 y después del triunfo en el juego de comodines ante Detroit, que Jones avanza en la vida como si tuviera el derecho de terminar en la cima, aunque aquí habló como si estuviera resignado a su suerte. Sin preguntar, menciona su primer año como dueño, el desastre 1-15 en 1989 que sucedió a la impopular decisión de despedir a Tom Landry. ‘‘Pues’’, dice. ‘‘Veintiocho meses después estábamos ganando el Súper Tazón’’.
Tal vez sea una apuesta: perforar el suelo, despedir a un ícono, improvisar en la posición de mariscal de campo de reserva, adquirir una participación en DraftKings. ‘‘He dicho esto dos o tres veces, esta es la vida que elegimos’’, dice Jones. Este es un hombre de 73 años que ha decidido ser el gerente general de su propio equipo, a pesar de los indicios de que otras personas están mejor preparadas para el trabajo. Este es un hombre que es idolatrado como un titán del sector, un hombre que vale $5000 millones y en ascenso, un hombre que en estos momentos viste un traje que cuesta tanto como un vehículo SUV mediano. Lo siento, pero ‘‘la vida que elegimos’’ parece no funcionar.
Tal vez, debido a esto, Jones cambia el rumbo. ‘‘Tuve una conversación con otro dueño sobre momentos como éste’’, dice Jerry al mismo tiempo que asume el papel de contador de historias. Es indiscutiblemente encantador, la forma en la que fija sus ojos hipertróficos en ti, inclina la sonrisa y hace una pausa en el momento adecuado. ‘‘Bien, un dueño me dijo: ‘Tengo un consejo: bebe'’’.
MATT CASSEL ES la versión cinematográfica de un mariscal de campo, el tipo de hombre descrito como un líder únicamente por su aspecto. Es alto, su mirada es penetrante, su quijada es formidable y su postura predica con el ejemplo. No sé si he conocido a un atleta más amable. Después de perder ante los Seahawks, se disculpó ante los medios por usar la palabra ‘‘maldito’’ durante una entrevista.
Es el reserva del reserva, y se le considera como uno de los mariscales de campo de la NFL más capaces que jamás ha iniciado un juego en la universidad. No obstante, su trabajo demuestra una misteriosa habilidad para ser sobrestimado, un rasgo que puede ser atribuido a su más grande logro profesional: terminar 10-5 como sustituto de Tom Brady en Nueva Inglaterra en el 2008. Durante los siguientes años, como Cassel que ha pasado de los Patriots a los Chiefs a los Vikings a los Bills a los Cowboys, su trabajo en Nueva Inglaterra se ha convertido en un motivo más por el que Bill Belichick es elogiado como Hoodie Jesus.
‘‘Aprendí hace mucho tiempo’’, dijo Cassel, ‘‘que no puedes leer o ver lo que está sucediendo afuera. Le resta valor a lo que está sucediendo adentro del edificio y a lo que los entrenadores están intentando lograr. Existen momentos en los que mereces las críticas como mariscal de campo, y hay otras ocasiones en las que la gente que está criticando no sabe de lo que está hablando’’.
La conversación se llevó a cabo después de que no logró dirigir a los Cowboys a un touchdown en la derrota 13-12 ante los Seahawks. En la última serie ofensiva necesitaban un gol de campo, pero fue capturado en una jugada que pedía a gritos que lanzara el balón. Poco más de dos horas más tarde, en televisión nacional, durante el descanso de los Packers-Broncos, frente al video de fondo de Cassel siendo derribado por Bruce Irvin, el antiguo profundo All-Pro, Rodney Harrison, decía: ‘‘Es como si nunca hubiera jugado en la posición de mariscal de campo’’.
EN EL INTERIOR DE una carpa de fiesta en una obra de construcción en Fisco, uno de los interminables suburbios al norte de Dallas, donde nada tiene más de una hora de vida, el estuco es el rey y las agencias de autos de lujo han reemplazado los ranchos ganaderos, Jerry Jones está en medio de un grupo de hombres que, como él, están acostumbrados a estar de pie como estatuas, mientas otros se acercan con sonrisas y manos extendidas.
Después de cinco derrotas consecutivas y la agitada crisis del equipo que él armó, el viejo espectador está aquí para clavar otra pala en otro pedazo de tierra. No hay nada nuevo: apostó por el petróleo y ganó, en Romo/Hardy '15 y perdió y ahora está apostando por Frisco con la misma red de seguridad del gasto público que tanto le agradó cuando construyó el AT&T Stadium en Arlington. El anuncio que quiere hacer no es ni sorprendente ni tiene tanto valor como noticia: Omni Hotels publicó los planes del hotel que está construyendo como parte del Ford Center en el Star, las instalaciones de entrenamiento/complejo comercial de 91 acres de los Cowboys, cuya apertura está planeada para el próximo año. De forma típicamente subestimada, el Star se denomina ‘‘la Sede Mundial de los Dallas Cowboys’’. Ahí se construirá un estadio con capacidad para 12,000 espectadores, propiedad de la ciudad, que se compartirá con las preparatorias locales, dos campos de entrenamiento, restaurantes, un bar, las oficinas del equipo y un hotel de lujo.
Babe Laufenberg, antiguo mariscal de campo y actual locutor de los Cowboys, actúa como maestro de ceremonias. Escucha el sonido del martillo neumático, de los vehículos en reversa y observa los movimientos de las grúas en el fondo y dice: ‘‘Tendremos que ignorar el ruido’’. Laufenberg inicia una historia sobre Jerry, de la época en la que se estaba construyendo el Cowboys Stadium, cuando intentaba entrevistar a Jones para un anuncio de radio en vivo y, de forma similar, tuvo que ignorar los sonidos de la construcción. ‘‘¿Podemos pedirles que paren durante diez minutos para poder terminar?’’ Preguntó Laufenberg. Jones lo miró (probablemente con la misma media sonrisa que le está regalando a Laufenberg en este preciso momento) y dijo, ‘‘¿Babe, ves a esa gente allá afuera? Me cuestan $1 millón al día. Vamos a ignorar el ruido’’.
Hubo más señales de aprobación que risas, lo que indica el tipo de personas aquí reunidas. Jones se levantó y caminó hacia el micrófono. Agradeció a las personas apropiadas, lanzó una broma privada sobre el deficiente juego de Laufenberg como mariscal de campo, y comenzó a hablar.
Es realmente bueno. Sorprendentemente bueno. Sin notas, sin vacilar, habla sobre proyectos y el uso de la tierra y de toda la maravillosa gente que milagrosamente se encuentra en este lugar en este momento. Cada individuo que menciona es una persona estupenda. Realmente no importa de qué esté hablando; se inclinan hacia él como pecadores ante la verdad, sus rostros dejan ver autocomplacencia. La gente asiente con la cabeza. La gente ríe. Sus hijos –Charlotte, Jerry Jr. y Stephen– se sientan en la primera fila y sonríen. Esta es la afirmación que necesita, un recordatorio de que hay otras cosas en la vida que una racha de cinco partidos sin ganar y corredores con problemas personales y una clavícula que insiste en sanar a un ritmo normal.
‘‘La gente me pregunta: '¿Cómo conseguiste a Omni?'’’ Jones dice en un tono que sólo puede describirse como modesto y fanfarrón. ‘‘Pues, formas equipo con la marca líder y todos pueden sacar provecho’’.
El plazo de cambios de la NFL está a dos horas de cerrar, y aquellos que toman las decisiones dentro de la organización de los Cowboys están hablando sobre un hotel y celebrando otra victoria comercial. Deadspin está a aproximadamente 72 horas de publicar fotografías de las numerosas lesiones de la exnovia de Hardy. En Valley Ranch, las cosas de Randle están regadas en su locker como si hubiera estado buscando algo a toda prisa para irse al campo: un par de Air Jordans, calcetines, guantes, botas, camisetas, una taza de café.
Después de que Jerry terminó de hablar y todas las personas importantes se someten a otra ronda de apretón de manos, Stephen Jones, quien funge como director de personal de jugadores, dijo que la decisión de liberar a Randle debido a sus problemas personales no guarda relación con la situación de Hardy y no debería percibirse como un cambio en la política.
En Valley Ranch es martes, así que Jason Garett está pensando en el martes.
‘‘Era importante para nosotros como equipo, que nos concentráramos en la tarea de seguir adelante sin él’’, dice sobre Randle.
EL 2 DE NOVIEMBRE, el lunes después de la derrota de la Semana 8 ante los Seahawks y antes de perder ante los Eagles en la Semana 9, PETA llama a las autoridades de control animal del suburbio de DeSoto para solicitar que confisquen el mono capuchino bebé de Dez Bryant, Dallas.
Más tarde esa mañana, escuché la siguiente conversación en la rueda de prensa diaria de Garrett:
Reportero: ‘‘¿Tiene algún comentario sobre el mono de Dez?’’
Garrett: ‘‘No lo sé’’.
Reportero: ‘‘¿No ha conocido a Dallas?’’
Garrett: ‘‘No he conocido a Dallas. He oído historias de que tiene un mono. Existen pruebas visuales de eso’’.
A las 11:22 a. m., Tony Romo sale trotando del vestidor y al campo de entrenamiento, usando hombrereras, casco y shorts. Libre para entrenar durante dos semanas pero no jugar en partidos, su primer lanzamiento en un ejercicio de calentamiento es un suave lanzamiento en espiral a Bryant, quien lo atrapa con una mano sobre el hombro izquierdo con la despreocupación de alguien que está atrapando las llaves de su auto.
Esa tarde, la sesión de entrevista semanal de Cassel incluye esta pregunta: ‘‘Matt, ¿te estás dejando el bigote?’’ Cassel se ríe y acaricia con un par de dedos el corto vello sobre el labio. ‘‘Para Movember, sabes’’, dice ligeramente avergonzado. ‘‘Estoy tratando de convencer a algunos de los muchachos, pero no he tenido mucha suerte. Así que soy el único tipo raro con bigote’’.
Si mi meta hubiera sido ser sarcástico, o simplemente desagradable, hubiera cuestionado las habilidades de liderazgo de un mariscal de campo que no puede convencer a sus compañeros de equipo a dejarse el bigote en Movember.
Comienzo a comprender cómo se sentía Garrett dentro de la cabina de realidad virtual. Incluso cuando todo parece normal –el piso debajo de nuestros pies es sólido, las personas son reales, el cabello de Garrett no ha cambiado– los acontecimientos que se desarrollan parecen ser el producto de una imaginación febril. Quién sabe, tal vez mañana todos en el edificio estarán presumiendo un bigote al estilo Teddy Roosevelt.
EL QUE SIGUE. Ese es el tema de moda aquí: Romo se hunde... el que sigue. La NFL nunca será más involuntariamente honesta que en esas tres palabras. Es la cultura desechable suprema, donde los seres humanos no solo son reemplazables sino también tienden a caer en el olvido de inmediato. ‘‘Sí, puedo ver ese lado’’, dijo el centro de los Cowboys Travis Frederick. ‘‘Pero este deporte está diseñado de tal forma que tienes que estar listo para reemplazar a cualquier jugador en cualquier momento’’. 'El que sigue', visto desde el exterior, puede interpretarse como una dura crítica de toda la operación. Pero solo en la NFL pueden esas tres deshumanizantes palabras convertirse en un grito de guerra, en parte de la tradición, otro lema publicitario para imprimir en una camiseta y venderla en la tienda del equipo.
Los Cowboys pasaron siete semanas exponiendo la falacia de ‘‘El que sigue’’.
Romo se hunde y se niega a ser imitado.
Weeden perdió tres juegos, pero jugó en una ofensiva limitada que no incluía a Bryant. Perdió menos balones (dos) en tres juegos que Cassel en sus primeros tres cuartos (tres). Tras su reemplazo por Cassel, observé que Weeden se encontraba solo en su locker, recogiendo sus cosas mientras todos intentaban pretender que no estaba ahí. Tan solo una semana antes, la gente se preocupaba. Una semana antes, todos estaban pendientes de las palabras de Weeden, sus chistes eran recibidos con risas exageradas que ayudaban a definir la relación entre el reportero y el atleta. Ahora sale como un jugador que llegó al vestidor equivocado.
Randle comenzó la temporada como el corredor titular, y fue reemplazado por McFadden, todo con el propósito de encontrar ‘‘al que sigue’’ para reemplazar a DeMarco Murray, quien firmó como agente libre con los Eagles cuando los Cowboys decidieron que el Jugador Ofensivo del Año de la NFL era reemplazable.
Cuando Bryant se fracturó el pie durante el juego inaugural de la temporada, en el que le ganaron a los Giants, y se perdió los siguientes cinco juegos, hubo muchos ‘‘el que sigue’’ –Terrance Williams, Devin Street, Brice Butler– aunque ninguno de ellos pudo llegar campo como Dez lo hacía.
La semana antes del regreso de Bryant, Garrett lanzó uno de sus más grandes éxitos cuando se le preguntó sobre la estabilidad del pie quirúrgicamente reparado de su estrella. ‘‘Funciona bien en la vida diaria ahora mismo’’, dijo. ‘‘Estamos tratando de ver qué tal funciona en el campo’’.
WEEDEN SALIÓ del vestidor de los Cowboys por última vez ahora que Romo está disponible para regresar al plantel activo. El día siguiente, Romo se dirigió a los medios por primera vez desde su lesión. La demanda es tal que el personal de relaciones públicas de los Cowboys lo coloca afuera del vestidor, contra la pared con una enorme estrella pintada.
Durante una entrevista de trece minutos, Romo mencionó tres veces el riesgo de volverse a lesionar, dos de ellas sin que le preguntaran. Primero dijo: ‘‘Cada vez que regresas, hay unas cuantas semanas en las que estás en riesgo. ... La posibilidad de volverte a fracturar es real. Sucede todo el tiempo en la NFL, pero tienes que salir a jugar’’. Y después dijo: ‘‘Sabes que simplemente se puede volver a romper, más fácilmente que la primera vez’’. Y después comentó: ‘‘No estás necesariamente jugando con una lesión ... realmente regresas sano. Es el simple hecho de que un golpe podría volverte a lesionar más rápido que a los demás’’.
Cuando lo mencionó por tercera vez, parecía que el objetivo de todo el ejercicio era que todos se fueran sabiendo que Romo había resuelto dos verdades: 1) Su clavícula no había sanado lo suficiente como para soportar quedar atrapado debajo de otro gran defensa en el campo y 2) se encontraba en una débil posición entre la supervivencia y la obligación profesional.
En el otro extremo del vestidor, Cassel estaba frente a su locker, sin molestias y un bigote a medias, revisando su teléfono.
‘‘Esto es diferente a las últimas semanas’’, comenté.
‘‘Sí, supongo’’, dijo. ‘‘Aunque está bien’’.
Se rio, tomó una caja de Gatorade del fondo de su locker y se dirigió hacia afuera, con la cabeza agachada, como un jugador en el lugar equivocado.
EL REGRESO DE ROMO restituyó a Jerry al lugar que le corresponde como dueño de todo lo que lo rodea con un triunfo 24-14 sobre los Dolphins. Su momento favorito de Romo fue en la primera serie ofensiva, que comenzó en su propia línea de 4 yardas. En el tercer intento, aparentemente estaba destinado a capturar en la zona de anotación. De algún modo, se quitó a dos defensas e hizo un pase de zurda para McFadden. Al escuchar a Jerry, seguramente harán películas sobre esta jugada durante años.
‘‘En un monzón... en temporada de monzones’’, dijo Jones en su mejor voz cinematográfica. ‘‘Si alguna vez deseas dibujar una imagen de esta mentalidad positiva y competitiva, hazlo con un hombro fracturado en seis partes... seis, ¿de acuerdo? Y lo primero que hizo fue salir y lanzar el balón con la mano izquierda en la lluvia torrencial. No hay gloria en eso, ¿está bien? Son solo grandes hombres tratando de derribarte, en un monzón’’.
Después de siete semanas de jugar a no perder, los Cowboys tienen un equipo que no puede ganar, pero este juego es lo único que Jones necesitaba. Disipó todas las dudas y explicó todas las derrotas. Romo jugó. McFadden corrió para 129 yardas y se parece a Murray. Hardy se comporta. Dez recibe un pase para touchdown.
Los Cowboys parecían haber crecido en importancia con cada derrota sin Romo, así que ganar con él convierte la percepción en realidad. Con el Regreso de Romo, nada parece imposible. Se habló seriamente de iniciar una racha de siete victorias consecutivas para borrar las siete derrotas. Nadie es inmune: Los Cowboys, 3-7, eran los favoritos a ganar contra los 10-0 Panthers en el Día de Gracias. De alguna manera, el mundo entero parecía estar respirando el mismo aire de la sede de los Cowboys.
Aquí es cuando me despido de los Cowboys. El triunfo proporciona simetría. Después de todo ¿qué más podría suceder?
En el Día de Gracias, Romo lanzó tres intercepciones y dos fueron devueltas para touchdowns. Y, en la última jugada del tercer cuarto, con el relato de una temporada que se convertía en polvo, Romo retrocedió para lanzar y no logró evitar el ataque de Thomas Davis. Romo cayó sobre el hombro izquierdo. No fue un golpe particularmente duro, o incluso una caída fuerte, pero giró y puso su mano derecha entre el cuello y el hombro, y mi mente recordó su rueda de prensa. Al término del juego, Davis les dijo a los reporteros: ‘‘Realmente no sé si su hombro estaba plenamente recuperado, como para recibir un golpe como ese y seguir jugando’’.
Al final del largo fin de semana, se declaró que Romo se perdería el resto de la temporada regular, los Cowboys estaban 3-8, empatados con los 49ers con el peor récord en la Conferencia Nacional. Según todos los cálculos razonables, ese era el fin. Una temporada de gran diseño se desplomaría por su propio peso. Sin embargo, si escuchas atentamente, aún se podía oír el toque de corneta para el ataque.
Menos de una semana después de que Romo se volvió a fracturar la clavícula, Stephen Jones dijo que el equipo no lo pondría en la lista de reservas lesionados. Según las estimaciones, podría estar listo para el juego del playoff divisional, o el juego de campeonato de la Conferencia Nacional a más tardar. La franquicia continúa narcotizada. ‘‘Somos competidores’’, le dijo Stephen a Todd Archer de ESPN. Puedo imaginarme a Romo, con el brazo en un cabestrillo, mirando hacia el cielo y preguntándose qué debe hacer para liberarse de este infierno.
En un periodo de más de cuatro semanas, puedo decir con seguridad que he escuchado todos los motivos por los que la División Este de la Conferencia Nacional –ese pantano de mediocridad– puede mantener a los Cowboys viables, sin importar cuántos partidos pierdan. Siempre y cuando la división se ‘‘quede’’ y ‘‘no corra’’, siempre y cuando Nueva York o Filadelfia o Washington no se luzcan y salten por encima de .500, Dallas puede continuar perdiendo. ¿Podría ganarse la división con 8-8, 7-9, incluso 6-10? Las posibilidades para fracasar parecen infinitas.
Escuché todas las posibles variaciones de la pregunta: ‘‘¿Puede Dallas llegar a los playoffs?’’ Y escuché todas las posibles variaciones de la respuesta, a excepción de la más probable: no.
Pero en Miami, durante un efímero y brillante momento, nada de eso importa. La sonrisa de Jerry Jones habla de una validación. Se queda ahí, a la mitad del salón, nuevamente feliz. Esta es su realidad virtual; Jones siente tierra firme donde no existe. Comenta cómo los Cowboys posiblemente sean un ‘‘bebé feo, pero lo queremos’’. Está al tanto del ir y venir de los reporteros frente a él, y se asegura de repetir sus mejores líneas cuando llega un grupo nuevo. Su sonrisa es omnívora.
‘‘Mi eterno optimismo me dice que estamos por comenzar’’, dijo Jones. ‘‘Mi esperanza es que este juego haya permitido a los fans ver el equipo que pensábamos tener cuando comenzamos la temporada. Ese es el equipo que pensábamos que íbamos a ser. Ese es el equipo que armamos durante la primavera. Ese es el equipo que vemos. Con Romo, es un gran equipo’’.
Pasa los dedos por su anillo del Súper Tazón de hace veinte años, sosteniéndolo a la altura del pecho, y podría jurar que lo está presumiendo. Ésta, después de todo, es la vida que él eligió, y nada de que lo haya sucedido antes o desde entonces (ni siquiera siete derrotas, ni una fotografía en el Internet, ni la clavícula de Romo) puede destruir el momento. En el campo, durante esta única tarde, todos pudieron ver lo que ha creado. Es la cosa más obvia del mundo: lo que podría haber sido.
