Juego 7 de Semifinal de Conferencia Este: Ben Simmons recibe el balón cerca de la zona pintada con unos 3:40 minutos del cuarto parcial, el partido 88-86 con la oportunidad del empate ante los Atlanta Hawks. Evade a su defensor primario, quedando el canasto de frente y un defensor secundario –Trae Young, a quien dominaba en estatura y fortaleza- en mala posición a sus espaldas.
Con sus 6’11 (2.11 metros) de estatura, tenía dos opciones principales. La primera, dar un pequeño salto opcional, tomar el balón con su enorme mano derecha y depositarlo en el canasto –podía ser contra el cristal, por aquello de añadir un toque de elegancia y clase- para dos puntos fáciles del empate. La segunda, dar un salto grande, abrir las piernas, agarrar el balón con uno de sus largos brazos –o los dos- y hacer una clavada monumental, quedarse un segundo agarrado del aro y levantar al público de Philadelphia de sus asientos, darse golpes de pecho, halarse la camisa y demostrarles a sus rivales y al mundo quien es el que manda en ese momento en la duela y por qué es el jugador de $30 millones que recibió una extensión máxima de novato. Tenía tiempo para todo eso, que tal vez, hubiese sido el detonante que llevara a los Philadelphia 76ers a ganar ese partido, la final de conferencia y quién sabe si la Final de la NBA la pasada campaña.
¿Qué opción tomó Simmons? Ninguna de las anteriores. Sin pensarlo mucho, le entregó el balón a ¡Matisse Thybulle! –un jugador de segundo año que ganó $2.7 millones- quien hizo lo que pudo: levantarse y esperar que los dos defensores de Atlanta se le encimaran y evitaran la anotación. Oh, claro que recibió la falta y cobró uno de dos tiros. Pero Filadelfia perdió una gran oportunidad de sentirse campeones por primera vez desde que comenzó ‘El Proceso’.
Meses más tarde, Simmons no quiere jugar en Philadelphia y no se ha presentado a los campamentos, la gerencia no sabe cómo manejar la situación y el extraordinario plan de la franquicia se tambalea con resultados desalentadores.
¿Se puede confiar en ‘El Proceso’?
“Confíen en El Proceso” (Trust The Process). Ese era el slogan que repetían una y otra vez los Philadelphia 76ers luego de la temporada de 2012, cuando comenzaron a desmantelar su núcleo de jugadores estelares para iniciar un experimento, innovador para algunos, descabellado para otros, liderado por el entonces gerente general, Sam Hinkie.
Lo repetían una y otra vez sus jóvenes jugadores en las redes, confiados de que esos años de oscuridad y pocas victorias darían paso a una nueva era en la franquicia. Tras perder en siete juegos ante los Boston Celtics, el proyecto comenzó con la sistemática partida por agencia libre y cambios de jugadores claves a cambio de fichas altas del sorteo. Así, Andre Iguodala, Evan Turner, Lou Williams, Elton Brand y la estrella en ascenso Jrue Holiday salieron de Filadelfia, casi todos a cambio de selecciones de lotería que Hinkie uso para traer vía sorteo a Michael Carter-Williams, Jahlil Okhafor, Dario Saric y Joel Embiid. En el inter, los Sixers perderían deliberadamente para buscar mejores oportunidades en la lotería.
Hinkie solo vio los resultados de la primera etapa del plan como espectador, pues en medio de la temporada de 2015-16, fue sustituido por Bryan Colangelo, quien heredó dos selecciones número 1 en 2016 y 2017 y las utilizó para escoger a dos bases tan cruciales como controvertidas: Ben Simmons y Markelle Fultz.
“Todo proceso de construcción de un equipo campeón necesita tiempo y estructura”, recuerda Marcos Brenes, experto en el draft que maneja el podcast NBA Freaks en Puerto Rico. “Los 76ers iban encaminados a eso hasta la salida de Hinkie, que fue por recomendación de la liga por lo abierto del tanking, un acto de hipocresía ante la cantidad de equipos mediocres sin un plan que también lo hicieron”.
Simmons era una línea y lo comprobó tras esa primera temporada fuera por lesiones. Fue el novato del año en 2017-18 ha sido un tres veces All-Star y con Embiid es la piedra angular de un equipo que pasó de 10-72 en 2015-16 y 29-54 solo con Embiid en 2016-17 a 195-114 y cuatro apariciones consecutivas en playoffs a partir de 2017-18.
Fultz fue el gran fallo de Colangelo: para escogerlo, aceptó un cambio del tercer turno que le tocaba para seleccionarlo y Boston, a sabiendas de que Los Ángeles escogería a Lonzo Ball, se quedó con Jayson Tatum. Decisiones: Tatum pudo ir a los Sixers, pero Colangelo prefirió a Fultz, quien en dos años sería enviado a Orlando.
¿Culminación o debacle?
La temporada número 10 de ‘El Proceso’ comienza en un mes y hasta ahora, los Sixers de Embiid, Simmons y el ‘Proceso’ tienen marca de 195-114 en las pasadas cuatro temporadas, bueno para liderar la Conferencia Este en 2020-21 y terminar no más bajo de cuarto en los anteriores. Sin embargo, acumulan 19-19 en playoffs y no han pasado una segunda ronda en ese periodo.
¿Están los Sixers cerca de ser un aspirante al título? ¿O estamos cerca de ver el final de un fallido plan de construir una dinastía?
Las noticias que llegan desde el campo de entrenamiento de los 76ers no lucen alentadoras, particularmente las relacionadas a su rebelde armador estelar, Ben Simmons. Joel Embiid es una estrella comprobada, pero todavía quedan dudas por su propensión a lesiones. Y tras la partida de Jimmy Butler tras una temprana y decepcionante salida en los playoffs de 2019, siguen necesitados de esa estrella veterana para construir el equipo.
Pero todavía tienen a Embiid y a Simmons, sea como pieza de cambio o como todavía promesa de 26 años. Así como están, estas son cinco asignaturas pendientes para culminar el proceso, que de pronto puede ser pasar de una segunda ronda y como meta final, ganar un título.
Como te darás cuenta, tres de ellas están relacionadas a Simmons.
1. Otra temporada gigante de un saludable Embiid: Ahora más que nunca, que Embiid esté saludable es fundamental para el éxito de los Sixers. Si el pívot puede jugar libre de lesiones es un candidato perenne a Jugador Más Valioso, a Jugador Defensivo del ano y a estar en la discusión sobre los 5 mejores jugadores de la Liga en el #NBARankings.
Embiid fue todo eso hasta marzo, cuando apareció el fantasma de las lesiones tras una dura caída en Washington. Un saludable Embiid garantiza sobre 44 puntos, 16 rebotes, 4 asistencias y 2 tapas por cada 100 posesiones. Todo comienza y termina en Philadelphia con Embiid: en 2020-21, quedó segundo (35.3 por ciento) en tasa de uso en la liga detrás de Luka Doncic (36.0) y en índice de eficiencia (PER) con 30.3, detrás de Nikola Jokic.
Si en algo acertó Sam Hinkie fue en draftear a Embiid, esperar pacientemente a que se recuperara de su lesión del pie y controlar sus minutos en sus primeros años. Ahora, con 27, puede cargar el equipo y ser parte de buenas cosas en esa organización en una segunda etapa de ‘El Proceso’.
2. Resolver el problema de Simmons: Este problema es un monstruo de muchas cabezas. Los Sixers, ahora con Daryl Morey como gerente, dejaron ir a Jimmy Butler tras los playoffs de 2019, y trajeron como apoyo a Al Horford apostando al potencial salto de calidad de Simmons y a un apoyo a una combinación explosiva con Embiid. La temporada siguiente, firmaron a los tiradores Danny Green y Seth Curry, pensando en lo que podía hacer Simmons con la cancha abierta. Es muy posible que el cuarto parcial del juego 7 de la serie de segunda ronda frente a los Atlanta Hawks, específicamente esta jugada, haya puesto a pensar a Morey, de que no fue la mejor decisión, particularmente cuando Butler llevó a las Finales al Miami Heat la temporada anterior.
Las conversaciones de cambio, la presión de la fanaticada y de los medios, ha llevado a Simmons y a su agente a pedir un cambio y a no unirse al campamento hasta que esto suceda, cueste lo que le cueste en dinero y en un necesario tiempo perdido de adaptación. La solución menos complicada a corto plazo pareciera ser un cambio por un jugador nivel superestrella, tipo Damian Lillard o Bradley Beal, o al menos CJ McCollum y que Simmons pueda desarrollar su enorme potencial en otra franquicia.
Eso le daría a Embiid la oportunidad de jugar para al menos competir con oportunidad ante Brooklyn y Milwaukee. Pero está el tema de su contrato, pues le deben $145 millones de su extensión máxima de novato, una carga que no todos los equipos pueden aguantar. Aun así, en diciembre hubo rumores de conversaciones con Houston para negociarlo a cambio de James Harden.
Entonces, está la otra opción. Que se quede en el equipo, lo cual implicaría que pueda volver a jugar en armonía con Embiid y el resto del equipo.
En muy pocos círculos hay esperanzas de que se arreglen las cosas. “Una posible dinastía ha terminado en desorden por malas decisiones gerenciales y la salida de Simmons parece inminente para bien o para mal”, opina Brenes.
Si no lo cambian, los 76ers tienen el gran reto de restablecer la confianza mutua en Simmons y que el propio jugador no solo recupere la suya, sino que acepte el reto de agregar las herramientas a su juego que lo convertirían en uno de los 10 mejores de la liga. Solo así podemos ver una culminación de ‘El Proceso’ y el establecimiento de una posible dinastía en la ciudad del amor fraternal.
Esto nos lleva a:
3. Si vuelve, que Simmons, que supere sus demonios desde el arco y desde el tiro libre: Simmons es un gran creador, con una gran visión de cancha que vive del ataque al canasto, de su creatividad en los pases y de una anatomía que le permite robarse una media de 1.7 balones por juego (2.1 en 2019-20). Con 15.9 puntos, 8.1 rebotes y 7.7 asistencias es una amenaza constante de triple-dobles, con 36 en su carrera de cuatro años en la liga. Los Sixers vieron ese potencial cuando fue la indiscutible selección número 1 en el draft de 2016 proveniente de LSU, por lo que poco les importó que lanzara para 14.5 por ciento de triples y 59.7 desde el tiro libre en su única temporada colegial. Después de todo, esas destrezas se arreglan, ¿no?
En su primer año en la NBA, Simmons intentó solo 11 triples y los falló todos. En su segundo, falló sus seis intentos, casi todos a finales del partido y en situaciones en que la extremas en las que la defensa se amontonaba en la pintura y lo provocaba dándole todo el espacio del mundo para lanzar. La ‘mejoría’ en las siguientes dos campañas no es para destacar: 5 aciertos en 17 intentos (los que puede hacer Stephen Curry en un solo partido) para 29.4 por ciento.
Más terrible son sus números en la línea. Su promedio de carrera es de 59.7 por ciento. El de Dwight Howard es de 56.6, el de Shaquille O’Neal 52.7 pero estos no son los que controlaban el balón para armar jugadas, sobre todo en los últimos segundos del partido. Si hubiese que escoger batallas, preferiría ver a Simmons convertido en un tirador respetable de 80 por ciento desde la línea, aunque no haga más intentos de triples. Porque para su posición tanto en la cancha como en la nómina, es necesario que se acerque más a los 90 de Stephen Curry y Steve Nash y se aleje de los 50 de Shaq y Howard.
Indudablemente, esa es la mayor preocupación de Doc Rivers en este momento, si se calman las aguas y Simmons decide regresar. Es menos tiempo de entrenamiento para un jugador que necesita con urgencia resolver esas destrezas para convertirse en el jugador que queremos ver.
4. Que Simmons juegue a la altura del momento en playoffs: Disculpen que vuelva al Juego 7 de la serie con Atlanta, pero es que refleja todo lo que necesita mejorar Simmons para convertirse en el jugador sonado por Colangelo, Brett Brown, Daryl Morey, Doc Rivers y toda la fanaticada de los Sixers. En la serie, Simmons no falló un solo intento desde el arco porque no hizo ninguno, cero, nada. Se fue de 45-15 desde la línea de tiros libres, un 33 por ciento. Pésimo, impermisible para los estándares de Shaq y D-Howard, imagínense para un armador estelar en playoffs. Por último, en ese nefasto cuarto parcial cero intentos de campo y solo cuatro en sus 35 minutos en cancha en ese partido. ¿Saben quién hizo más intentos? Si, Thybulle con 5 (tres aciertos y 8 puntos) en 20 minutos.
Para recuperar su marca como superestrella, hace falta que Simmons demuestre ese carácter que paga salarios monumentales y gana campeonato. De lo contrario, donde quiera que vaya será una de las grandes decepciones de la liga. Con 25 años y con el taller que día a día le brinda la NBA, es posible, pero todo dependerá de que tenga la voluntad de hacerlo.
5. Ganar el Campeonato: Con virtudes y defectos, ‘El Proceso’ era una apuesta más que otra cosa. Y las apuestas usualmente son de bajo promedio. Si de todo el plan solo quedan Embiid y Simmons y eso es suficiente para ganar uno o varios títulos de la NBA, sería un triunfo y se olvidarían todas las fallas en el camino. ¿Puede hacerlo Philadelphia? Tendría que darse toda la tormenta perfecta y tres de las cinco variantes depende de Simmons, ya sea por su esfuerzo o como ficha de cambio para traer a esa estrella que necesita Embiid. Como quiera, si Simmons se queda, Philadelphia necesitará una segunda voz ofensiva para competir con los gigantes de la Conferencia.
El final de ‘El Proceso’ o el principio de una nueva etapa, todo está por verse esta misma temporada.
