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Una mirada retrospectiva de cuando Hopkins le ganó por KOT a Tito Trinidad

Aquella mañana, la del 11 de septiembre de 2001, este cronista se preparaba para volar a Nueva York.

Unos días después, el sábado 15, debían enfrentarse Bernard Hopkins y Félix “Tito” Trinidad en el Madison, unificando títulos de la división de los medianos.

Sin embargo…

Aquel 11 de septiembre, el mundo se conmovió ante el atentado a las Torres. De hecho, cuando llamamos a la compañía aérea al mediodía de Buenos Aires, la respuesta fue “Hasta ahora, todos los vuelos están normales”.

Luego vino el horror, llegaron las imágenes propias de una película de ciencia ficción y ya no fue necesario llamar para saber si había vuelos o no…

La pelea del Madison fue postergada y se reprogramó para el sábado 29. Fue la primera gran reunión pública organizada en la Gran Manzana, bajo el lema de “Nos mantenemos unidos”. Una forma de demostrar que, a pesar de todo, la vida debía continuar…

Bernard Hopkins era campeón mundial reconocido por la IBF (iba a realizar la 14ª defensa de esa corona) y por el WBC. De hecho, había logrado ese título en una pelea unificatoria ante Keith Holmes.

La pelea entre Hopkins y Holmes fue parte de una eliminatoria organizada por Don King, quien de esa forma logró unificar todos los títulos de la división de los medianos. Alguna vez hizo lo mismo y de esa forma, Mike Tyson se convirtió en rey indiscutido de los pesos completos.

Félix “Tito” Trinidad, por su parte, tras brillar en el peso welter y pasar por los medianos junior, se metió entre los medianos. El puertorriqueño venció a William Joppy y se alzó con el título WBA.

De esa forma, Hopkins, a los 36 años, y Trinidad, a los 28, iban a unificar la corona. El último campeón universalmente reconocido había sido Marvelous Hagler.

Los días previos a la pelea fueron un lento peregrinar por las tristes y solitarias calles de Manhattan. La zona del Madison seguía su actividad, pero había un tono triste en la mirada de las gentes. Reinaba un vacío enorme en los grandes pasillos del lobby del ya legendario hotel Pennsylvania, ubicado enfrente al estadio.

Cada encuentro con cualquier persona era un testimonio, un recuerdo. Cada esquina, un pequeño altar con fotos de las víctimas, velas encendidas, flores ofrecidas. En las calles, en los pasillos del subterráneo, en los edificios públicos.

Con ese clima llegamos a la pelea, cuando todavía rondaba el fantasma de un nuevo ataque. Sin embargo, la asistencia fue casi total. La gran mayoría puertorriqueños, no solamente por el gran carisma de Trinidad, sino porque Hopkins había desatado una guerra verbal tormentosa. Llegó a tirar por el suelo la bandera de Puerto Rico en dos conferencias de prensa, irritando a todos.

Las apuestas estuvieron 2-1 a favor de Trinidad. Olvidando muchos que, en definitiva era el choque entre un mediano natural, contra un welter como “Tito”. Pero no se podía olvidar que el puertorriqueño había vencido a Oscar De La Hoya o a Fernando Vargas.

La noche estuvo cargada de emociones, de grandes peleas complementarias y de un sentido homenaje a los héroes del atentado, los bomberos.

Por detrás de la escena, había también una puja de intereses. Aunque Don King organizaba todos los combates, Bernard Hopkins era el más independiente de todos, aunque también sostenido por Lou Di Bella. Trinidad era una de las más sólidas y protegidas figuras de DK.

El clima se enrareció cuando Naazim Richardson –el mismo que años después descubrió la maniobra en el vendaje de Antonio Margarito ante Shane Mosley- denunció las vendas de Tito Trinidad.

Hubo un revuelo que finalmente no condujo demasiado a nada, salvo que había mucha gasa en las manos de Trinidad, conducido por su padre, Félix Sr.

Este periodista, gracias a la gentileza del colega argentino Juan Larena, tuvo la oportunidad de compartir puesto de transmisión y hasta comentarios del combate, para Combate Space. Casi pegados al borde del ring, seguimos aquella pelea que, en la práctica, fue de alto nivel, pero que no fue pelea…

Hopkins subió con 39-2-1 y 28 nocauts; Trinidad, invicto en 40 peleas con 33 antes del límite. Más allá de los records, Bernard lo superó en experiencia y dominó prácticamente en todo el desarrollo. En lugar de buscar el ataque, el norteamericano hizo una pelea de vaivén, tirando golpes y luego retrocediendo, obligándolo al puertorriqueño a exponerse en el ataque, para contragolpearlo.

Utilizando los esfuerzos de Trinidad para trabajar a la contra, Hopkins dominó todo el ring hasta que, en el décimo primero, con una derecha al mentón, lo hizo retroceder.

Se veía venir el final y fue así en el 12do. Agobiado y hasta empujado por su padre, Trinidad salió a buscar una mano milagrosa que jamás llegó. Hopkins, entero y dominador, lo conectó con una derecha al mentón y luego le dio un leve empujón, para hacerlo caer.

El referí Steve Smoger empezó una cuenta que iba definitivamente al nocaut o nocaut técnico cuando el padre de Tito pidió el final, al minuto y 18 segundos de ese último round.

A nuestro lado, Di Bella, exultante, contaba que en el trofeo ya habían puesto la placa con el nombre de Tito Trinidad, porque se descontaba su victoria.

Dos jurados tenían 107-102 para Hopkins y el tercero 100-109. Al retener su corona IBF por 14ta vez, Hopkins igualó el record de Carlos Monzón.

La pelea fue vista por 475.000 abonados del pay-per-view y Hopkins fue considerado “El boxeador del año” por la prestigiosa revista “The Ring”, que también premió como “Round del Año” al décimo asalto de esa pelea.

“Falta para retirarme, pero cuando lo haga”, le confesó en esa época a Steve Kim, “Me voy a dedicar al boxeo, no como entrenador, sino como manager o promotor, para cuidar a los boxeadores”.

Con los años, Hopkins cumplió con su promesa, aliándose a Oscar De La Hoya, a quien también venció por nocaut.

Pero volvamos a aquella noche del Madison, cuando la suerte de Trinidad pareció perderse en el laberinto de una derrota inapelable. Cuando Hopkins pareció tocar el cielo con las manos. Y cuando la ciudad de Nueva York, todavía golpeada y lacerada por el atentado, volvió a ponerse de pie, como un desafío eterno al futuro.

Y en donde una vez más, el boxeo dijo presente.