Los Knicks sellaron el destino de los Spurs, que no aguantaron una ventaja de 29 puntos; ahora, Nueva York necesita ganar uno de los próximos tres para conseguir el primer título desde 1973.
En Madison Square Garden, los New York Knicks sellaron el destino de los San Antonio Spurs, quienes no pudieron aguantar una ventaja de 29 puntos al terminar la primera mitad. Ahora, Nueva York necesita ganar uno de los próximos tres para conseguir el primer título desde 1973.
En el Juego 3 de los NBA Finals de 1998, el Utah Jazz anotó 23 puntos en la segunda mitad, para completar una actuación realmente difícil de creer. Los Chicago Bulls vencieron 96-54 a los de Karl Malone y John Stockton, poniendo la serie 2-1 a favor de Chicago.
Ese récord oscuro, la menor cantidad de puntos en una mitad de un equipo en los NBA Finals, difícilmente será superado – pero los Spurs hicieron quizás algo peor al anotar apenas 30 puntos en el Juego 4 de esta serie ante los Knicks: entregaron una ventaja prácticamente insuperable, y peor aún, parecen haber entregado el campeonato.
Al terminar la primera mitad, San Antonio tenía ventaja de 76-49, y estábamos de frente a la cuarta victoria consecutiva por un visitante en esta serie. Victor Wembanyama sumaba 16 puntos, y la estrategia de los Knicks de ser muy físico con él parecía estar fallando, ya que el resto del equipo texano estaba encendido desde el campo.
El Madison Square Garden se volvió un sepulcro, y parecía que los Spurs estaban haciendo – al fin – válidos los pronósticos al principio de la serie que los tenía como favoritos para llevarse el título e instaurar la era de Wemby en la NBA. Quedaban tres partidos, y dos serían en San Antonio. Aún con la tendencia de la serie con el visitante al frente, era difícil contemplar que continuarían así las cosas.
A priori, suena difícil quitarle mérito a una remontada de 29 puntos como lo que al final, terminó haciendo Nueva York. Pero hay niveles a lo que vimos el miércoles por la noche. Primero, el mismo Wembanyama, quien entregó una de las peores mitades de su joven carrera en el peor momento.
Ocho puntos, tres canastas de 14 intentadas, y un -27 en la estadística de plus/minus, que mide el diferencial de puntos mientras el jugador está en la duela. Es decir, los Spurs terminaron cediendo 27 puntos más que los que anotaron mientras Wemby estuvo dentro en la segunda mitad.
Los Spurs anotaron, como se mencionó previamente, apenas 30 puntos en la segunda mitad. Los Knicks anotaron 58, una cantidad que sinceramente no es espectacular bajo ninguna métrica. Al final, fueron apenas nueve más que los que hicieron en la primera mitad, al fin y al cabo. Es decir, no hubo un esfuerzo titánico en ofensiva para lograr el cometido, ni tampoco una reacción defensiva sobrenatural que secó a la ofensiva Spur.
En realidad, la presión hizo su aparición en la segunda mitad, tal y como le sucedió a San Antonio en los primeros dos juegos de esta serie: ambos ganables, ambos con la posibilidad de asegurar el resultado hasta el último momento, pero al final, desperdiciados. Los Spurs terminaron el juego con 36-86 del campo, es decir 42 por ciento de los tiros totales.
En la segunda mitad, San Antonio le siguió dando la pelota a Wembanyama y a De’Aaron Fox, dos jugadores que terminaron con menos de 40 por ciento de sus tiros totales anotados. Otros, como Devin Vassell, quien terminó seis de nueve, y Dylan Harper, quien anotó ocho de 12, se vieron mayormente ignorados en los momentos clave.
Del otro lado, Mike Brown – quien fue ampliamente criticado tras la derrota del Juego 3 – jugó correctamente sus piezas y usó magistralmente su banca durante el juego, factor que mantuvo fresco a jugadores como Karl-Anthony Towns, Josh Hart y Mikal Bridges para apoyar a OG Anunoby y Jalen Brunson, quienes jugaron 42 y 44 minutos, respectivamente.
La combinación funcionó a la perfección. Anunoby y Brunson fueron los artífices de la remontada, y Anunoby en particular estuvo imparable, con diez de 15 tiros anotados durante el encuentro, incluyendo siete de nueve desde la línea de tres. Towns, nuevamente, fue un factor menor como anotador (intentó apenas cinco tiros en todo el encuentro), pero operó magistralmente sobre los rebotes y defensivamente en general.
Y aún con toda esta combinación de inoperancia de los Spurs y la remontada de los Knicks, el marcador seguía mostrando una ventaja para San Antonio con 5.3 segundos. Los locales tenían la pelota, y buscaron inmediatamente a Brunson. Con Fox y Wembanyama encima, lo falló, pero la ausencia del francés en la pintura significó que Anunoby llegó sin marca a poner la canasta de la victoria.
La foto de Anunoby estilizada, levantándose en un mar de brazos en la pintura, ya está en camino a ser una de las más épicas en la historia de la NBA. Del lado ganador, hay la sensación de que nada es imposible. ¿Por qué pensarlo? Este equipo tiene más de medio siglo sin ganar el Trofeo Larry O’Brien, y no fueron favoritos en ningún momento durante la temporada.
En el Este, primero era Detroit, luego Cleveland, luego Boston. Los Knicks habían echado al hombre que los llevó, Tom Thibodeau, y la ventana si bien no estaba cerrada, parecía que la oportunidad de alcanzar la gloria se estaba perdiendo. Ya comenzados los playoffs, aún con la racha impresionante de victorias de los neoyorquinos, no importaba – porque el Oeste era mucho más poderoso. Sería Oklahoma City, o sería San Antonio.
Ahora, todas esas predicciones están a 48 minutos de romperse. La era de Wembanyama, la redención de Gregg Popovich y su pupilo Mitch Johnson, el renacer de una de las franquicias más estables del último cuarto de siglo era una cuestión de formalidad. Pero después de OG Anunoby, después de 30 puntos en la segunda mitad, y después de -27 de Wemby en la segunda mitad, los Spurs regresan moribundos a San Antonio, necesitando hacer lo que no han hecho desde la primera ronda de los playoffs: ganar tres juegos
