Kevin Krawietz y Andreas Mies vencieron al brasileño Bruno Soares y al croata Mate Pavic por 6-3 y 7-5 para quedarse con el título de Roland Garros en la modalidad de dobles, pero detrás hay una historia que merece ser contada.
La pandemia de coronavirus modificó el estilo de vida de todo el mundo. El tenis, a su vez, no fue la excepción a la regla. Claro ejemplo de ello fue el tenista alemán Krawietz, quien en pleno aislamiento social cambió las raquetas por guantes y trabajó de repositor durante dos meses en su país.
"Me sorprenden trabajando", había twitteado el teutón en el mes de abril durante la cuarentena que vivía el país europeo. Lejos de rendirse o quedarse en su casa, Krawietz encontró en aquel momento una solución parcial a su falta de empleo ya que el circuito había sido interrumpido indefinidamente.
Además de un gran ejemplo de voluntad, la decisión de Krawietz pasó también por una cuestión económica que deja a las claras las sustanciales diferencias de ingresos que perciben los jugadores respecto a las estrellas del tenis en la modalidad de singles.
Quien gane la final de caballeros entre Novak Djokovic y Rafael Nadal embolsará poco más del quíntuple de lo recaudado por Krawietz con un total de 1,6 millones de euros contra 320.000, de los cuales él recibirá el 50% ya que el otro es para su compañero.
Lejos quedaron sus días como repositor de un supermercado en Alemania para el doblista, lógicamente. Luego de atravesar la cuarentena, junto a su compatriota Andreas Mies repitieron lo hecho en 2019 y se llevaron la copa de los mosqueteros.
