Las chicas que 'rompen la línea' dentro y fuera del campo

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Las chicas que han roto la línea no sólo dentro de los campos, sino también fuera de ellos al vencer los prejuicios contra las actividades deportivas en la que decidieron participar.


Ignoraron los comentarios que menospreciaban sus sueños. Las frases ‘No tienes la fuerza para hacerlo’; ‘ese deporte no es para mujeres’, ‘tu cuerpo no es suficiente’, para convertirse en chicas que han “roto la línea” dentro y fuera de los campos deportivos.

En el contexto del Mes de la Mujer, ESPN Digital presenta el testimonio de tres chicas que personifican los ejemplos de cómo se supera las adversidades sociales, culturales, económicas y meramente deportivas para ir en pos de alcanzar sus metas.

Nallely Mendoza: el rugby como forma de vida

A los 29 años, Nallely ya acumula siete de ellos practicando el rugby, una actividad que acepta que le conquistó por la intensidad de la competencia, lo cual complementa con sus actividades como administradora y aficionada a pintar acuarelas.

¿Quién es Nallely Mendoza?

Nací en la Ciudad de México. Tengo 29 años, desde muy pequeña practiqué diversos deportes como natación, atletismos y danza folklorica y contemporánea; sin embargo, no todo el tiempo los practiqué de manera competitiva. Así estuve algunos años más hasta que en la Universidad comencé a practicar el rugby.

Llevo ya siete años practicándolo y, ahora, también estoy involucrada como coach. Cuando llegué a la Universidad una amiga de mi mejor amigo me invitó a entrenar. No sabía de qué se trataba. No tenía ni idea. Sólo me dijo que era similar al tocho y al verlo dije “órale, está padre” y pensé que a mi vida le faltaba algo así, de mucho contacto. Luego me empezó a gustar el ambiente y el compañerismo.

¿El rugby refleja algo de tu personalidad?

Creo que sí. Yo siempre he dicho que el deporte no forma el carácter, sino lo revela. Entonces sí creo que una parte de mi carácter resuena con el rugby, porque me considero una persona intensa, que puedo tomar decisiones sin dudar.

Lo practico en la UNAM, soy coach de Rugby Búfalos de la Facultad de Contaduría y Administración femenil y varonil donde coacheo a estudiantes, y también de Pumitas UNAM que tienen entre los 8 y los 13 años femenil y varonil. Cuando empecé a jugarlo, lo hice como universitaria, pero luego que egresas perteneces al club.

¿Cuándo te enrolaste en el rugby, te topaste prejuicios?

Sí, claro, algunos de ellos por parte de mi propia familia. Me decían que ese no era un deporte para mujeres, que era demasiado rudo. Siempre te hacen comentarios de ese tipo.

Yo no creo que me haya costado una relación, pero sí considero que me ha llevado a relacionarse de forma diferente, porque piensan que soy muy ruda, lo cual a veces es complicado, pero también he hecho otros amigos que me han apoyado.

¿Qué satisfacciones sí te ha dejado como jugadora y coach el rugby?

Sí creo que me cambió la vida. Uno, porque cuando era niña y nadaba, siempre soñé en ir a una competencia a nivel nacional y no pude hacerlo. En cambio, en el rugby, ya pude lograrlo. Incluso, lo que nunca pensé fue en competir en el extranjero, y ya también lo hice. Por la Universidad fuimos a dos torneos internacionales, nos fuimos a Francia y fue una experiencia increíble por que pudimos representar a nuestro país contra potencias como Francia, España, Nueva Zelanda.

¿Cuánto tiempo te implica jugar y aparte entrenar a los niños el rugby?

Pues todo mi tiempo. Como jugadora, lo que más implica sí es entrenar. Entreno a los jóvenes y los niños dos veces por semana, e intento que sea los mismos días de la semana, a la vez que yo entreno para mi equipo una vez por semana y en las noches no falto al gimnasio.

Sabrina Huerta: del modelaje a las tacleadas

A pesar de que empezó a practicar el deporte a una edad no tan temprana, en cuanto se internó en él, Sabrina Huerta se enamoró de lo que la actividad le aportaba a su vida, tanto que no se conformó con únicamente jugar futbol americano equipado, sino que también se ha involucrado en la modalidad lingerie, el rugby, alternando con su trayectoria en las ciencias de la comunicación y el modelaje.

¿Cómo empezaste en el deporte?

Siempre fui muy activa, pero en mi familia no había una cultura deportiva formal. Fue hasta la universidad en la que yo empecé a vincularme un poquito más con el deporte y pues el primero fue el voleibol y en ese entonces también fui animadora, pero no era algo constante. En ese como contexto fue que llegó como el fútbol americano a mi vida.

Un día en un campo recién remodelado vi a un grupo de mujeres que lo estaba entrenando y me llamó mucho la atención y a la semana, yo ya estaba entrenando. Fue algo inesperado, pero terminó siendo muy importante para mí.

¿Qué vino después de que conociste el futbol americano?

Comencé incursionando en el fútbol americano equipado, pero también en su modalidad Lingerie, también jugué rugby con Pumas de la UNAM, todo esto a la vez de que también seguía con mis estudios en la comunicación deportiva.

La decisión de jugar fútbol americano fue intuitiva y no fue algo que yo planeara, pero, aunque no lo tenía, yo dije ‘pues va’.

¿Qué prejuicios enfrentaste?

No siempre fueron comentarios agresivos hacia mí, pero pues sí estaban muy presentes. Había muchos cuestionamientos desde el estereotipo, por ejemplo, que me cuestionaban como alguien que venía de ámbitos como el modelaje o la actuación podría practicar un deporte de golpes. Me pasaba que llegaba arreglada del trabajo a entrenar y antes de conocerme, muchos asumían que yo no iba aguantar, que eso no era para mí, que nada más iba para la foto.

En una ocasión, al verme con moretones en los brazos en mi trabajo, pensaron que vivía algún tipo de violencia, e incluso contactaron a mi jefe y a partir de eso mi jefe llegó a decirme que no debería seguir jugando, entre medio broma me dijo ‘te prohíbo que lo juegues’.

¿Cómo ves el panorama del futbol americano femenil equipado en la actualidad?

Creo que el fútbol americano femenil en México ha crecido, pero todavía no está consolidado. Ya existe más estructura, pero falta ver cómo se sostiene. Ahorita la liga más fuerte es la Liga Femenil de Fútbol Americano Equipado (LIFFAE), que incluso ya veo que tiene distintas categorías y eso ya es un avance súper importante, porque se habla de una base de jugadoras que va creciendo.

Hay otras ligas, pero desde mi experiencia le fallé concentrado, uno de los niveles más competitivos en la modalidad equipada, no sé si y pues _ aún sigue siendo un deporte que muchas veces se sostiene por el compromiso por el amor de las jugadoras más que por una estructura importante.

En temas de difusión, creo que hay una gran área de oportunidad, porque pues el talento existe, el nivel también, pero si falta más visibilidad y continuidad a los programas.

Makenzi Montero: abrir camino a las animadoras profesionales

A pesar de ser egresada como Ingeniera Civil, con un alto promedio por el Instituto Politécnico Nacional, y ser una profesionista que se dedica a su trabajo de lunes a viernes, Makenzi Montero no abandona el sueño que tuvo en su infancia. Aquél que nació viendo películas y que le sembró en el corazón las ganas de ser animadora.

Makenzi defiende a las porristas y reta a los que creen que es muy fácil hacerlo, a que se entreguen y disciplinen de la forma en que ella lo ha hecho desde sus años colegiales y más tarde en el futbol americano profesional: con jornadas de entrenamiento de hasta cuatro horas.

¿Cuáles son los inicios de tu vida en el deporte?

Nací en la Ciudad de México y mi involucramiento con el deporte inicio como a los cuatro años, cuando empecé a hacer patinaje sobre hielo. Me gusta porque para mí es una buena manera de poner mi energía en algo, además de la escuela.

Luego me dediqué a hacer ballet, danza folclórica, hip hop y jazz como actividades extraescolares. Después jugué básquetbol y ya fue después que yo empecé como animadora.

Entré cuando estuve en la Vocacional 11, en donde estudié Construcción, soy técnica de construcción y ahí entré por primera vez a la porra de las Águilas Blancas.

¿Por qué te nació la inquietud de ser porrista?

De niña había visto películas de porristas y dije ‘yo quiero ser porrista y quiero ver cómo se siente y hacerlo como en las películas’.

Fui a hacer las audiciones y me dijeron que me había quedado. Pero desde el inicio vi que no era como en las películas de sólo echar relajo, Se trata de hacer deporte, acrobacias, baile, hacer subidas, muchas cosas que se entrenan para no lastimarse.

Ahí empecé a hacer ejercicio, iba todos los fines de semana y me apasioné demasiado. Fue entonces que ya entendí la mayor parte de lo que es el fútbol americano. 


¿Cómo fue el inicio como animadora de equipos profesionales?

En Águilas Blancas estuve en cuatro años y después me enteré de que había también equipos profesionales porque las mismas chicas que estaban en el equipo de colegial colaboraban con los coaches que trabajaban en los equipos profesionales, pero el problema era que a esos equipos sólo entrabas si eras amiga de los coaches.

Un día me dijeron “va a cambiar la administración de tal equipo y ya van a haber audiciones. Y yo dije, pues debería de ir a hacerlas. No tenía idea de cómo es ser porrista profesional, pero me decidí.

¿Tuviste que romper algún estereotipo conforme seguiste siendo animadora?

Creo que en general se han presentado demasiados comentarios que subestiman esta actividad y que dicen “ni siquiera es un deporte”.

De hecho, en las escuelas hay becas para deportistas, pero a las animadoras no las toman como deporte, pero me queda claro que no entienden lo que esta actividad implica. Los entrenamientos van de dos horas a tres horas.

Cuando se está montando una rutina, pues las cosas van un poco lentas, y hay cargadas que se repiten de 10 a 20 veces hasta que quede. Y ya una vez que acabas, se pasa a lo siguiente.

Después se hace gimnasia al final de todos los entrenamientos, porque no nada más es tener elasticidad, sino también hay que trabajar fuerza. Ya para el profesional no hay cargadas, pero hay más baile y para sacar las rutinas de baile, las entradas, las salidas, todo eso, los entrenamientos son de cuatro horas.

A veces empezamos a las ocho de la mañana y terminamos a las 12 y si algo falta, nos quedamos una hora más, dependiendo. Y casi siempre en fines de semana, porque yo, por ejemplo, tengo mi trabajo con horario laboral de lunes a viernes.

¿Es una actividad bien remunerada a nivel profesional?

Pues realmente no se hace por una cuestión económica, porque pues actualmente no se puede percibir como para dedicarse sólo a esto, esa es la razón por la que tenemos trabajos alternos y no podemos como que dejar a un lado el trabajo por hacer esto; sin embargo, los fines de semana que tenemos libre tratamos de dedicarle el más de tiempo que se puede, porque sí se hace por una pasión y por amor a lo que hacemos.

Incluso, para ir a los entrenamientos, las chicas gastan de su bolsa, porque vienen de otros lados y pues tienen que gastar en llegar al lugar de entrenamiento.