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Criticar a un crack no es odiar al fútbol

BUENOS AIRES -- Así es, queridos lectores, a veces la dura vida del cronista deportivo, de aquel que tiene que emitir un pensamiento sensato sobre la mayor pasión de los argentinos, puede dar un traspié y recibir una negativa de los lectores.

Me sucedió ayer, a la tardecita, luego de que apareciera publicada mi nota sobre Boca Juniors y su actualidad, desprendimientos de jugadores, el vestuario, Román, el Virrey... El comentario caló hondo en el corazón del hincha y precisamente acá viene lo que quiero contarles.

Iba caminando con mi amigo poeta, crítico y electricista paraguayo, Humberto Anachuri, en un momento lo tomé del brazo, no sé por qué lo hice, nos reíamos y hablábamos de futuras minas que podían caer en nuestras redes. De pronto, me ve un vecino que se ruboriza, se indignó, yo con un hombre del brazo, se me acercó y me dijo: "Leí tu última crónica sobre Boca, Cucurto. Si no te gusta Román y no lo ves a Bianchi, es porque a vos no te gusta el fútbol y ahora entiendo por qué", no dijo más palabra, sin saludarme, se subió a su camioneta y arrancó.

Me quedé helado, muy afectado por el comentario de mi vecino a quien considero importante porque es parte de mi historia personal. Pero son las reglas del juego que debe soportar un cronista sincero como yo.
Pucheta Machiavelli, vecino mío, desde este mismo sitio te respondo. A mí me gusta el fútbol, me encanta, respiro y sueño con la pelota. Riquelme es uno de nuestros grandes cracks que debería jugar toda la vida. Pero francamente, no así. Riquelme tiene que volver a ser el de antes, caso contrario no merece ponerse la diez de Boca. ¡Basta de gente que vive a partir de sus pergaminos! Riquelme debería ser como Gardel y jugar cada día mejor. Caso contrario, debería dedicarse a hacer un curso de director técnico o comer asados.
O para que quede claro: no me gusta el fútbol, en esta versión de tiempos modernos, pura velocidad y fuerza física. No me gusta el Bayern ni Olimpia.

El fútbol que se juega en Argentina en estos momentos es menos que decadente. Salvo Newell`s, Lanús y Velez de a ratos, el resto deja que desear. La gran mayoría de los equipos de Primera División practican un extraño deporte de brusquedades e imprecisiones al cual no lo podemos llamar fútbol.

Criticar a un crack o a un fenómeno de la dirección técnica no es odiar al fútbol. Nadie es dueño del fútbol, ni Maradona, ni Riquelme, ni Pelé. Ni siquiera el gobierno, que invierte millonadas, es dueño del fútbol. El fútbol también puede ser un espacio de pensamiento, de reflexión.

Que me perdonen los hinchas que no están de acuerdo con mis escritos, pero no puedo faltar a la sinceridad.

A los argentinos, como hinchas y como futboleros, no nos queda otra alternativa que entender que el fútbol se juega bien o no se juega. Caso contrario, se sufre, se cuestiona y se pelea sin sentido. Caso contrario, los brasileños nos pasarán por arriba como un tren. Queda en la reflexión de todos.

Por último, es bueno ver la actitud de Ramón Diaz que se juega con los juveniles, les da rodaje. ¿No debería pasar lo mismo en Boca Juniors?