BRISTOL -- JULIAN EDELMAN SE MUESTRA dudoso, al principio, para mostrar su imitación de Bill Belichick. Él está bien al tanto que incluso la reproducción más inocente de su entrenador en jefe, lo más cercano a un Tywin Lannister en la NFL, lleva su riesgo. Pero no se puede resistir.
Está sentado al fondo de su restaurante favorito de sushi en Los Ángeles, Sushiya en Sunset Boulevard, comiendo su segundo plato de edamames y recreando el momento en que Belichick lo llamó para decirle que los Patriots lo reclutarían en la séptima ronda del draft del 2009. La imitación de Edelman se parece más a un maridaje vocal entre Dick Cheney y la Rana René que a su jefe, pero funciona porque hay pistas de un afecto genuino en ella. Edelman se compromete con su personaje, añadiendo una mueca y una ceja fruncida: "Levanto el teléfono y me dice, 'Eeeeeeedelman, no sé qué haremos contigo, pero eres un grandioso jugador'".
Los Patriots sabían que tomaban un riesgo con Edelman. Mariscal de campo salido de Kent State, nunca había desempeñado ninguna de las posiciones --receptor abierto, regresador de patadas, esquinero-- que Belichick contemplaba para él. Era cierto que el equipo no tenía intenciones de volverlo el suplente de Tom Brady, pero esa llamada puso en marcha uno de los arcos profesionales más peculiares en la historia reciente de la NFL. Edelman pasó sus primeros cuatro años danzando entre los márgenes, cerca de los cortes de un año al otro, antes de explotar con 197 recepciones al cabo de las últimas dos temporadas. Obtuvo el título de ídolo folk en New England al atrapar el touchdown de la ventaja en el Super Bowl de este año.
Tras pelear y aferrarse a la NFL por la mayor parte de su carrera, es válido decir que Edelman, de 28 años, está disfrutando su momento. Durante los últimos tres meses, ha desfilado por Disneyland, presentado los Grammys y participado en el circuito de talk shows. Festejó desde un camión de pato durante el desfile de los Pats tras ganar el Super Bowl, golpeándose el pecho, quitándose el suéter es un tipo de baile exótico e impactando una foto gigante de Richard Sherman. Apareció en una alfombra roja viéndose como el James Bond de Daniel Craig y salió en un video borroso levantándose la playera frente a un grupo de aficionadas en la fiesta de barriles de Harvard. Él, por supuesto, atendió la película de Entourage, donde tiene una breve participación con Mark Wahlberg, Justin Bieber y Rob Gronkowski. Incluso pudo superar a Gronk como el animado del equipo cuando salió en una foto, ya sea acostado o inconsciente en un cama, subido por una mujer en la aplicación Tinder, junto al pie de foto, "acabo de acostarme con Julian Edelman, ¡no es mentira!". Los sitios de espectáculos se regocijaron. Edelman se carcajeó.
Pero, para Edelman, las cosas no siempre son tan ligeras como parecen. Después de todo, fue apenas hace tres temporadas, recuerda, que Belichick lo llamó a su oficina y le dijo que su lugar no estaba asegurado. Los Patriots suelen ser despiadados e insensibles, y Edelman --quien pasó la mayor parte de su carrera ganando el sueldo mínimo-- lo sabe. Existen reglas y tú las rompes bajo tu propio riesgo. No hablas sobre lesiones, especialmente conmociones. (Edelman rechazó hablar sobre el golpe a su cabeza durante el Super Bowl). Y tienes permitido ser juguetón y gracioso sólo cuando brillas sobre el campo.
"Mientras hagas tu trabajo sobre el campo, puedes divertirte", sostiene Edelman. "Pero si empiezas a resbalar, entonces vendrá la basura. Todo se trata de fútbol americano con Bill. Adoro a ese hombre hasta la muerte. Es la persona que me brindó la oportunidad, pero sé que el día que empiece a decaer, el día que yo no produzca lo suficiente y hay alguien más barato, estoy condenado. Así es el coach".
Por esa razón, más allá de su tour de celebración post Super Bowl, Edelman está viviendo como un monje del fútbol americano. Apenas con 40 días en su temporada baja --un periodo en que muchos de los jugadores siguen recuperándose del desgaste de un año largo-- él insiste en comer únicamente edamames y beber agua con hielo (y limón) como almuerzo mientras conversa.
"De hecho estoy en una pequeña y alocada dieta", comparte. "Trato de englobar todos mis nutrientes en una malteada para despertar. Salgo a restaurantes de noche a veces, pero cuento prácticamente cada caloría".
Si parece extraño que el receptor pueda tener una vida de excesos y ascetismo de forma simultánea, la explicación es simple: él entendió, hace tiempo, que todo esto puede desaparecer mañana.
PARTE DEL ANÁLISIS de Edelman esta temporada baja, ha sido tratar de descifrar cómo extender su tiempo bajo los reflectores. En la era de Chris Borland, todos los jugadores de la NFL están contemplando más su futuro y, a lo largo del último año, Edelman ha trazado una estrategia calculada de negocios, la cual está diseñada para capitalizar su momento estelar.
Resulta que él sabe lo que hace. Dos años atrás se reunió con el despacho de marketing Superdigital en Boston para construir y ampliar su figura en internet. Y últimamente, sus esfuerzos ya exigieron la sobre marcha. Graba segmentos de comedia para YouTube y, aunque otros estelares tienen más seguidores, Superdigital asegura que los aficionados interactúan con Edelman en un ritmo más rápido que cualquier jugador de la NFL fuera de J.J. Watt. Aunque eso no sea verdad, es difícil hallar un atleta profesional que promueva su marca digital tanto como el receptor de los Pats.
"Pienso que Jules siempre ha tomado su carrera con una mentalidad de pequeña empresa", dijo su padre, Frank Edelman, un mecánico propietario de A-1 Auto Tech en Mountain View, California. Ya pasó un mes del triunfo de los Patriots y, vestido en una playera azul con su nombre bordado, Frank observa fotos de su hijo colgadas en las paredes de la oficina. "Nadie quiere escuchar tus quejas. Quieren que obtengas la parte que necesitan y quieren que arregles su auto.
"Todos los días", añade, "tu trabajo está en juego". El padre de Frank falleció cuando él tenía tres años. Pasó la mayor parte de su infancia viviendo en un lote de casas rodantes, jugando muy pocos deportes. Para mantenerse, aprendió a arreglar automóviles y se convirtió en mecánico certificado a los 19 años. Tras abrir su taller en 1987, llegaba a casa todos los días y llevaba a Julian y a su hermano mayor, Jason, al parque. Les bateaba rolas, les lanzaba o los ponía a pasar un balón hasta que oscureciera. Todo eso aunque ellos lo detestaban y trataban de negarse. "Pienso que mi papá todavía necesita cirugía de hombro por toda la práctica de bateo que nos lanzó", dice Edelman. "Él trataba de vivir un poco a través de nosotros".
Los deportes fueron naturales para Julian. "Un demonio atrevido y una bola de energía", dice su madre, Angie Edelman. "Se subía a la resbaladilla, después brincaba en vez de deslizarse. Toda su vida tenías que verlo de cerca". Su equipo Pop Warner, entrenado por su padre, ganó el Super Bowl juvenil con Edelman como corredor y apoyador. Su padre no le dejaba levantar pesas pero todos los días trabajaban en ensayos de agilidad. Lagartijas. Abdominales. Cambio de dirección como una ardilla huyendo por su vida. A veces, cuando disparaba otra serie interminable de pases, Edelman se hacía pasar por Tom Brady, un chico local que iniciaba con los Patriots y jugó preparatoria en Junipero Serra en San Mateo, apenas a 9 millas de Redwood City.
Edelman era un niño pequeño, pero eso nunca motivó que su padre lo tratara con sutileza. Una vez, durante una sesión de bateo en el 8° grado, Edelman acusó a su padre de lanzar al interior muy seguido y le advirtió no hacerlo de nuevo. Frank, quien no está acostumbrado a retractarse o recibir órdenes, lanzó el picheo aún más cerca del cuerpo de su hijo. Edelman cargó hacia el montículo y saltó lleno de rabia con los puños cerrados, pero su padre estaba listo. Lo atrapó a medio salto y lo azotó en el suelo. Frank se ríe cuando recuerda la historia: "Jules salta y trata de darme un cabezazo. Lo sometí en el suelo y está pateando y gritando, y se corta el labio porque le acaban de poner frenos ese día. Había sangre en todo el frente de su jersey. La gente nos veía como si fuésemos lunáticos. Bajo las reglas de hoy, probablemente me habrían mandado a la cárcel. No todo eran duraznos con crema".
De cara a su año junior en la Woodside High School, Edelman alcanzaba apenas los 5 pies de altura y pesaba menos de 100 libras. "Los chicos lo molestaban todo el tiempo y se metía en peleas", recuerda Frank. "Entraba a mi cuarto llorando y decía, 'papá, ¿cuándo voy a crecer?'".
El estirón sucedió finalmente y Julian creció 7 pulgadas en menos de un año. En su grado senior de la preparatoria, lanzó para Woodside hasta la marca de 13-0.
"Pensé hacia mí mismo, 'Muy bien, esto ya comenzó'", dice Frank.
LE TOMÓ AÑOS a Edelman que sus ambiciones tomaran forma. No fue reclutado desde la preparatoria así que pasó un año de universidad junior en el colegio de San Mateo, después se transfirió a Kent State. Ganó el puesto titular de inmediato, pero eso no lo preparó exactamente para un futuro en la NFL. A pesar que fijó una marca de la escuela por ofensiva total, no fue invitado al combinado de talento del 2009. Se preguntaba si, después de la graduación, podría hallar trabajo como bombero. "Empecé a revisar estaciones de bomberos en Cincinnati", relata Edelman. "No sabía qué iba a hacer. Comenzaba a espantarme".
Fue mientras se preparaba para el draft de la NFL que decidió entrenar como si su supervivencia de fútbol americano dependiera de ello. Todos los días se levantaba a las 5:00 a.m., manejaba su camioneta 50 minutos hasta el frío Cleveland, sólo para poder correr rutas y atrapar pases del ex mariscal de campo de los Browns, Charlie Frye. El calefactor de la camioneta no funcionaba, así que la mayor parte del tiempo se envolvía en sábanas para el recorrido. Cuando llegaba a casa, atrapaba pases de una máquina lanzadora durante una hora, tratando de suprimir cualquier sentimiento que todo ello sería para nada. "Hice eso todos los días durante tres meses", recuerda Edelman. "Realmente crecí. Comencé a ser adicto de la mentalidad Jerry Rice. Puedo levantarme antes que todos. Puedo entrenar más". En el pro day poco concurrido de Kent State, su tiempo en la prueba shuttle fue mejor que cualquier otro asistente al combinado de ese año. Los Patriots decidieron que valía el riesgo de una apuesta de séptima ronda.
Durante el campamento de entrenamiento, él fue un desastre. En un descanso para Wes Welker, Edelman saltó con los titulares y dejó caer su primer pase. En otra práctica, se alineó del lado incorrecto de la formación y Belichick lo increpó, preguntándole si se había tomado la molestia de leer el libro de jugadas. "Yo pensaba que había estudiado muy duro", dice Edelman. "Tenía tarjetas de apoyo que revisaba constantemente, pero fue como pasar de la secundaria al doctorado en términos de complejidad". Con frecuencia se quedaba hasta tarde en las instalaciones, a veces sólo observando su casco, tratando de absorber todo en caso que lo cortaran al día siguiente.
Estaba convencido que sus posibilidades de quedarse en el equipo eran pocas, así que le escondió al personal médico que sufría dolor en la ingle. Él creía que el equipo simplemente le daría un acuerdo por lesión para liberarlo. "Fui un idiota, pero sientes que no te queda más", afirmó Edelman. No fue sino hasta el final del año --37 recepciones para 359 yardas en 11 partidos-- que se enteró que había jugado con una cantidad de hernias deportivas. "Julian es un tipo rudo", declaró Belichick a los reporteros recientemente. "Sabíamos eso desde el inicio".
PARA SORPRESA DE POCOS, Edelman pasó sus primeros años en el equipo asombrado por Brady en silencio, esperanzado en que el pasador lo invitara a entrenar en la temporada baja cuando ambos visitaban su natal California. Compartían agente y se criaron cerca, así que parecía una posibilidad. La primera temporada baja, Brady llamó sólo una vez.
Conforme avanzaron los años, las llamadas se volvieron un poco más frecuentes, con todo y que las participaciones de Edelman venían a menos. En el 2012, su 2° año, Edelman atrapó únicamente ocho balones. En el 2011, año en que los Patriots se fueron 13-3 y llegaron al Super Bowl, sólo tuvo cuatro recepciones y se alineaba como esquinero para conservar su puesto en la plantilla. Pero Edelman seguía obsesionado con el tipo de rutas que Brady prefería: los matices, dónde gustaba lanzar el balón en ciertos envíos y la forma en que transmitía sus intenciones con un gesto previo al centro. Una vez, Brady llamó a Edelman para lanzar mientras el segundo estaba en una carne asada. "Corrí tan rápido que vomité", recuerda Edelman. "Me corrió hasta la muerte". Pero dio resultado: una amistad comenzó a surgir. "Es como un hermano mayor", dice Edelman. "Me enseñó todo sobre ser un profesional. Lanzábamos tres veces por semana, después almorzábamos en su casa y al principio todo era irreal para mí. Sólo Tommy y yo, llevándonos. ¿Es de verdad? Pero después se volvió normal. Empecé a perderle el miedo".
Edelman seguía siendo un trotamundos en los ojos de todos los demás, no obstante, incluyendo los de su entrenador en jefe. En el 2013, cuando Welker firmó con los Broncos, Belichick trajo a Danny Amendola desde los Rams para reemplazarlo. Edelman confiaba en que, con todo y eso, las incontables horas invertidas con Brady serían su arma secreta. Cuando Amendola sufrió para mantenerse saludable, Brady empezó a lanzar dardos hacia Edelman. Hacia el final del año, él había atrapado más pases (105) que en toda su carrera. Como agente libre al final de la temporada, pudo haber obtenido más dinero en otro lado, pero renovó con los Patrios porque quería seguir jugando con Brady. "Julian y yo compartimos la misma ética laboral y compromiso al concepto del equipo", afirma Brady. "Ha sido genial verlo crecer como persona, como jugador y ahora como un líder de nuestro equipo".
Observar la forma en que Brady manejó su negocio, tanto dentro como fuera del campo, también motivó a Edelman a pensar en la vida después del fútbol americano. De cara a la temporada del 2013, un amigo en común organizó una reunión con Assaf Swissa, director creativo de Superdigital. Conforme creció el perfil de Edelman, Swissa lo convenció de protagonizar una serie de videos --sorpresivamente graciosos-- en YouTube en la cual el receptor conduce un talk show falso, donde comparte sus recetas favoritas y conduce entrevistas de burla al estilo de un Zach Galifianakis delgado. "SmoothieTyme" y "BurgerTyme" no tardaron en registrar 250 mil vistas cada uno.
"Es divertido. Logras mostrarle a los fan un poco sobre ti", dice Edelman. "Es una forma de decir, 'miren, a mí también me gusta 'Dumb and Dumber'".
La página de Facebook de Edelman ha crecido a 621 mil seguidores, con 465 mil en Instagram y 392 mil en Twitter. Una parodia del tema de "Growing Pains", titulada "Growing Pats", subida a la página de YouTube de Edelman, tiene 1.6 millones de vistas a la fecha. Todo eso incrementa su perfil y es probable que le haya ampliado las opciones profesionales cuando la NFL termine con él.
"Los videos y los mensajes sociales, así como diseños de playeras, son los nuevos relojes Rolex para los atletas", opina Swissa. "Ésta es la nueva moda que debes presumir".
Así que, cuando Edelman lanzó un pase sorpresa de 51 yardas en la Ronda Divisional de la AFC contra los Ravens, mismo que ayudó a su equipo a borrar un déficit de 14 puntos por segunda ocasión, Swissa sabía exactamente qué tenía que hacer. Dejó el Gillette Stadium alrededor de la media noche y no volvió a su casa sino hasta la 1:00 a.m., pero inmediatamente se sentó en la computadora y comenzó a diseñar una camiseta con la silueta de Edelman lanzando el touchdown hacia Amendola. Terminó el diseño alrededor de las 4:00 a.m., la envió a producción y subió la camiseta a la venta en el sitio web de Edelman a las 10:00 a.m. En horas, dijo Swissa, los aficionados de los Patriots inundaron el sitio con órdenes por la prenda de 29.99 dólares.
De regreso en el campo, Edelman llevaba tantos años enfocado en sobrevivir a la NFL, que había olvidado lo bien que se sentía lanzar un pase de touchdown. Mientras caminaba a la lateral, festejando con Brady, Amendola y el resto de sus compañeros, se transportó brevemente al parque cerca de casa de sus padres en Redwood City, lanzando balones con su papá.
Semanas después, en el Super Bowl, con menos de tres minutos por jugar, Edelman corrió una ruta perfecta, se sacudió del back defensivo de los Seahawks, Tharold Simon, y atrapó un touchdown desde Brady para dar la ventaja de 28-24 a los Patriots. Pero no había tiempo para reflexionar. Cuando Brady se acercó a felicitarlo en la banca, Edelman respondió con un rugido: "no sirve para un demonio si no ganamos".
Cuando New England salió airoso, Edelman se paró en la plataforma durante la presentación del trofeo y escaneó al público hasta encontrar a su padre, y ambos se miraron. Te amo, dijo Edelman en señas, un gesto que usaban mientras crecía. Frank señaló las mismas palabras y Julian comenzó a llorar.
Meses después, mientras consume el edamame, el humor nostálgico de Edelman está superado. Llegará un día en el cual, él dice, tratará de dejar que lo peculiar de su carrera lo invada. Pero aún no llega a eso. Si aprendió algo de Frank Edelman y Bill Belichick, es que cada día arriesgas tu trabajo. Su siguiente momento espera ser ganado.
