127 goles en 74 partidos. Las cifras de Catalina Héctor en las últimas tres temporadas no pertenecen a esta época ni a esta categoría: son una anomalía absoluta en todo el Torneo Metropolitano. Detrás de una efectividad feroz y letal habita una delantera pampeana que elige la humildad del trabajo en equipo, la guía de dos leyendas de Las Leonas y la convicción de estar escribiendo, día tras día, la historia de Boca Juniors.
Hay números que fríos no dicen nada, pero explicados en el contexto adecuado cobran la dimensión de un terremoto.
2024: 45 goles en 28 partidos.
2025: 39 goles en 22 partidos.
2026: 43 goles en 24 partidos.
No es la cuenta de una categoría aislada: es el registro de la máxima goleadora de todo el hockey del Torneo Metropolitano de Buenos Aires, sin distinguir divisiones ni divisionales. Un promedio abrumador de casi dos goles por encuentro que convertiría a cualquiera en una figura inalcanzable. Pero cuando Catalina "Pampa" Héctor se saca las tartaneras y apoya el palo contra el alambrado, el monstruo competitivo le cede el paso a una chica sencilla que llegó desde La Pampa con el bolso cargado de sueños. "Primero está el equipo y si yo puedo ayudar con goles, bienvenido sea. El equipo es el que me ayuda a convertir, yo solamente tiro la bocha al arco".
Cambiar el molde: de la comodidad a la construcción de un imperio
El destino de Cata pudo haber tomado el camino previsible. Al arribar a Buenos Aires desde La Pampa, desembarcó en la estructura centenaria de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), una de las instituciones más tradicionales y laureadas del país. “GEBA es un gran club. Es hermoso, aprendí un montón, me enseñaron un montón. Pero bueno, decidí otro rumbo y hoy estoy acá y dar todo por estos colores”, Sin embargo, en el fondo de su corazón latía otra búsqueda: la de la mística, la de construir algo desde los cimientos.
Decidió dejar la comodidad y vestir la camiseta Xeneize justo cuando la disciplina daba sus primeros pasos oficiales en el certamen. Jugar en el predio de Casa Amarilla, con la silueta imponente de La Bombonera recortándose en el horizonte, no fue un dato de color; fue un mandato de vida. "Es algo hermoso. Todas sabemos que somos privilegiadas por estar acá, de poder vestir esta camiseta y jugar con La Bombonera de fondo. Es algo que todas soñamos y hace tres años que se hizo realidad. Arrancamos en el Metro y desde abajo venimos, paso a paso, construyendo una historia que Boca tiene que tener en el hockey".
La pedagogía de los mitos: aprender de las que hicieron historia
El crecimiento exponencial de Boca en el certamen -ascendiendo de categoría y dando vueltas olímpicas consecutivas desde 2024- no es producto de la casualidad. En el banco de suplentes, la estructura está moldeada por dos nombres que encarnan la génesis misma de Las Leonas: Jorgelina Rimoldi y Mariela Antoniska. Saberse observada y corregida por una campeona del mundo y una de las mejores guardametas de la historia del deporte argentino se transformó en la nafta espiritual para el plantel. "Es hermoso, son grandes entrenadoras. Se puede ver desde el 2024 que venimos en un crecimiento enorme gracias a ellas y a todo el equipo. Dejamos nuestras cosas de lado para venir cada entrenamiento, cada sábado, y todo ese esfuerzo está dando sus frutos".
De qué está hecha una rompe redes
El área es un territorio hostil donde la mayoría se nubla; para Cata Héctor es el único lugar del mundo donde el tiempo parece detenerse. Hay algo en su lectura del juego, en la anticipación del rebote y en la frialdad del impacto final que remite a la estirpe de los grandes artilleros de raza. Sin embargo, su mayor virtud no está en las manos ni en la vista: está en la cabeza. En la paciencia para saber que el partido dura sesenta minutos, en el respeto sagrado por el proceso y en la convicción de que los 127 festejos acumulados en su cuenta personal no son un trofeo individual, sino la cosecha colectiva de un grupo de mujeres que decidió dejar una marca imborrable en el club de sus amores. El futuro dirá hacia dónde se encamina su carrera. Por ahora, el Metropolitano sigue sufriendo su voracidad mientras Casa Amarilla disfruta de tener entre sus filas a la goleadora más implacable de Buenos Aires.
