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Ignacio "Nano" Ortiz a 10 años de Río 2016: la gloria, el olvido y la herida abierta de Los Leones

Hay medallas que brillan por fuera y queman por dentro. A diez años de la hazaña en Río 2016, Ignacio "Nano" Ortiz se sienta a desarmar el manual del éxito más improbable del deporte argentino, dejando al descubierto las costuras de un proceso que fue tan glorioso como desgarrador. En este relato, el hombre que esperó en la penumbra de ser sparring hasta los 27 años para finalmente ser motor en un equipo indomable, no se guarda nada: desde la "locura" visionaria de un cuerpo técnico que les exigió ser dioses, hasta la amargura de un presente donde el reconocimiento oficial escasea y la hermandad de aquel vestuario terminó astillada por manos ajenas. Prepárese para leer a un campeón que, lejos del cassette, elige hablar de la "fuga de identidad" de sus compañeros y de la balsa del anonimato en un deporte que, a diferencia del fútbol, no siempre sabe cómo abrazar a sus leyendas cuando bajan del podio.

La sombra del Sparring: El obrero del Grupo B

Antes del oro, hubo una década de silencio. Nano Ortiz habitó los márgenes de la selección cuando los flashes apuntaban a otros lados, construyendo una resiliencia que solo conocen los que no tienen el puesto asegurado. “Yo entré tarde al grupo, entré grande, pero estuve desde muy chico en la selección. Desde los 18, 19 años me habían invitado a entrenar como sparring, no a competir por un puesto. Estuve en la época de Cacho Vigil, después con el Chapa Retegui solo en el 2008, con Pablo Lombi... siempre en el Grupo B. Por la ambición de querer estar, que lo había soñado toda la vida, seguí. Hice un cambio mental, entendí cómo había que alimentarse y ahí hice un cambio físico que me ayudó."

Para Ignacio, la humildad no es un eslogan, es un antecedente. Haber pasado por todas las funciones dentro del predio le dio el manual para entender al jugador que hoy le toca formar. "Yo sufrí lo que sufren hoy los pibes: el no quedar en una lista, el ser el sparring. También fui sparring de Las Leonas y lo digo orgulloso. ¿Qué tiene de malo? Nada. De todas esas cosas aprendí. A los chicos hoy les digo: 'no frenes, que en algún momento quizás resulta".

El "Clic" a los 27 años: El límite de la renuncia

Hay momentos donde el cuerpo pide tregua y la cabeza busca la salida más cercana. A un paso de largar todo, apareció la red de contención familiar y esa palabra justa que cambia el destino de una carrera. "Hubo un momento de quiebre. Dije: 'che, bueno, ya está, tengo 27 años, me parece que estoy para largar', pero mi familia, mi mujer, me insistieron que me bancaban. Siempre tuve la mentalidad de 'bueno, hasta acá en el Grupo B me da', nunca pensaba como los chicos del Grupo A. Pero cuando empecé a entender lo que el Chapa quería de mí, me hizo un clic. Entendí lo que me tocaba hacer. También, un tipo como Mati Paredes, se acercó una vez que había quedado afuera de una lista y me dijo: 'en algún momento se te va a dar'. Son palabras que te llegan, se te prende una lamparita y te acomodás."

Río 2016: La mística del aire compartido

Río no fue solo hockey; fue una frecuencia emocional que el equipo sintonizó antes de pisar la cancha. Una balsa colectiva donde el mate y la charla pesaron tanto como el entrenamiento. "Llegamos a Río y los más grandes no querían repetir el golpe de Londres. Caminando por la Villa Olímpica con el Gato López, me dijo: 'yo siento algo distinto en el ambiente, no lo viví nunca esto'. Y yo le dije: 'yo también, siento una vibra distinta'. Se sentía en el aire. Estábamos en habitaciones separadas pero en los puntos muertos íbamos todos juntos a la pileta, a comer... no le dejábamos lugar a ningún otro deportista porque estábamos todos nosotros tomando mate. El equipo estaba muy bien, con una energía y un nivel muy alto."

La profecía del Chapa

El éxito suele ser una locura colectiva liderada por alguien que ve el final del camino antes que el resto. Retegui trazó la ruta y el grupo decidió, simplemente, no dejar que nadie los pasara por arriba. "Un año antes, corriendo en Mar del Plata, el Chapa nos dijo: 'prepárense porque vamos a salir campeones olímpicos'. Lo miramos como diciendo 'qué bolu... estás diciendo'. Lo tratábamos como un loco, pero los locos tienen razón. Se gestó una personalidad de: 'Nosotros somos Argentina, ustedes nos tienen que ganar. Para ganarnos nos tienen que matar'. Nunca nos comíamos un paseo; si nos ganaban, era por uno o dos goles."

La ruptura: Cuando los de afuera rompen los de adentro

La gloria olímpica no fue blindaje suficiente contra las internas. Diez años después, queda el sabor amargo de una armonía que se evaporó entre falta de entendimientos y presencias ajenas al juego. "Me da lástima la ruptura que tuvo esa camada. Se rompió algo que es de público conocimiento. Hubo protagonistas que se metieron en el medio de la relación que tenían los jugadores y eso terminó de quebrarla armonía del equipo. Me genera tristeza. Estaría buenísimo que, más allá de las diferencias, nos volvamos a juntar todos para festejar lo que conseguimos, pero realmente no sé si va a pasar."

Identidad en fuga: El dolor de la otra camiseta

Ver a un par —o a una dirigida— representando a otra nación es una herida en la bandera que Nano defendió con uñas y dientes. No hay juicio, hay una profunda sensación de pérdida. "Con Luchi (Von der Heyde) tengo una relación cercana, la entrené en River. Me apena verla con otra camiseta, se la podría haber aprovechado muchísimo, siento que tenía un montón más para darle a Las Leonas. Con los que fueron compañeros míos tampoco me gusta, con Gonzalo (Peillat) creo que se buscó muchas veces que pueda volver a Los Leones y nunca se logró. A veces por el lado de él, a veces por el lado de los cuerpos técnicos, pero nunca se pudo volver a conectar la Argentina con Peillat. Acha es indiscutible un top mundial, entonces que Argentina se prive de tener a un jugador como él es una lástima. La situación de Joaquín Menini fue de un mal manejo con él que se terminó ofendiendo y después nunca fue vuelto a llamar. Y bueno, él también, como el caso de Luchi, quiso volver a estar en la elite del hockey y encontró la beta por jugar para España, pero no me gusta":

El olvido institucional: El tren que pasó

La medalla de oro descansa en un estante, pero el reconocimiento oficial parece haberse quedado detenido en el tiempo. Para los Leones, el respeto institucional es una materia pendiente. "Diez años de la medalla de oro y no tenemos los reconocimientos de la Confederación ni del Comité Olímpico. Somos el único equipo del hockey argentino que tiene una medalla de oro y no nos ponen allá arriba como deberíamos estar. El tren de hacer un partido homenaje creo que ya pasó; eso era en 2016 o 2017, ahora estamos más grandes y muchos no juegan más. A los 36 años tu carrera termina y esto no es el fútbol; los deportes amateur requieren otro apoyo.", selló Ortíz.

FINAL DE LA PRIMERA PARTE