Argentina será grande también sin Messi: motivos para la ilusión

El vacío será enorme. Durante 21 años, Lionel Messi fue una presencia constante en la Selección Argentina, el futbolista alrededor del cual giraron expectativas, partidos, Mundiales, títulos y buena parte de la identidad del equipo. Su salida obliga a imaginar un escenario desconocido: Argentina tendrá que jugar, competir y ganar sin el capitán que durante tanto tiempo pareció inseparable de la camiseta número 10.

La tristeza por la despedida convive con una realidad que permite mirar hacia adelante. La Selección que Messi deja no se parece a aquella que encontró cuando debutó en 2005. Tiene una generación campeona del mundo, jugadores que acumulan finales y títulos, futbolistas jóvenes que ya fueron incorporados al proyecto y una identidad construida durante años bajo el ciclo de Lionel Scaloni.

La propia AFA destacó después de la final del Mundial 2026 que esta generación había recuperado “una identidad, un sentido de pertenencia y una manera de competir”. También reconoció que Messi fue “el faro futbolístico y emocional”, pero remarcó que detrás suyo apareció un grupo que respondió cuando el desafío lo exigió.

La pregunta ya no pasa por encontrar otro Messi. Esa búsqueda sería imposible y tampoco ayudaría a la Selección. El desafío consiste en aprovechar todo lo que quedó después de su paso: futbolistas preparados para asumir responsabilidades, una cultura ganadora y una generación que aprendió del mejor jugador de su época mientras construía su propio camino.

La Selección Argentina y una generación que ya sabe lo que significa ganar

La mayor razón para la ilusión está en los futbolistas que permanecen. Argentina perdió la final del Mundial 2026 ante España, pero llegó hasta allí después de disputar su segunda final mundialista consecutiva. La derrota cortó la posibilidad del bicampeonato, pero confirmó la vigencia competitiva de una generación que ya había ganado la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024.

Lautaro Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Rodrigo De Paul y otros integrantes del plantel conocen perfectamente el escenario de una final. Algunos ya tienen varios títulos importantes con la Selección. Otros todavía están en una edad que les permite imaginar varios años de protagonismo internacional.

Ese recorrido representa una ventaja enorme. La próxima Argentina no tendrá que empezar desde cero. Los futbolistas que deberán ocupar el centro de la escena ya jugaron Mundiales, finales de Copa América, definiciones por penales y partidos donde la presión era máxima.

La experiencia también quedó reflejada en el funcionamiento colectivo. El equipo que llegó a la final de 2026 fue un conjunto experimentado y curtido en batalla, formado durante años de competencia junto a Messi.

Esa evolución resulta fundamental. Durante una parte de la carrera de Messi, Argentina fue presentada como un equipo que necesitaba que su capitán resolviera los partidos. La Selección que llegó a la final de 2026 ya tenía otros futbolistas capaces de asumir esa responsabilidad.

Messi fue determinante incluso en su último Mundial, con ocho goles y cuatro asistencias, pero el equipo encontró caminos colectivos para superar distintos momentos del torneo.

Ahora habrá que comprobar cuánto de ese crecimiento permanece sin él.

Scaloni construyó algo que puede sobrevivir a la figura de Lionel Messi

El otro gran motivo para creer está en el trabajo colectivo desarrollado desde 2018. La continuidad de Lionel Scaloni todavía es una incógnita porque su contrato termina en diciembre y después de la final dejó dudas sobre su futuro.

Su continuidad sería una pieza importante para sostener el proceso. Su ciclo es una transformación silenciosa que llevó a Argentina desde la inestabilidad posterior al Mundial 2018 hasta una etapa de títulos y protagonismo internacional.

Scaloni consiguió algo especialmente valioso: construyó un equipo alrededor de Messi sin convertirlo en un conjunto dependiente exclusivamente de Messi. Esa diferencia explica buena parte del éxito posterior.

El entrenador también incorporó futbolistas jóvenes antes de que fueran figuras consolidadas. Nicolás Paz es un ejemplo claro. Debutó en octubre de 2024 y asistió a Messi en el 6-0 contra Bolivia. Antes de ese partido, Scaloni le había transmitido una consigna que resume una parte de su filosofía: “Movete, disfrutá, olvidate de la posición, recibí la pelota y pasala bien”.

Sobre Paz, Scaloni fue todavía más contundente: “Tiene un futuro enorme”. Y agregó que lo veía con nivel suficiente para jugar en el Real Madrid y seguir creciendo. Luego Como compró a Paz y el jugador seguirá su carrera en Italia.

Ese tipo de incorporación anticipada puede ser decisiva ahora. La renovación no empieza después del retiro de Messi. Argentina ya venía preparando el escenario.

El problema pendiente es saber quién estará al frente de esa transición. Si Scaloni continúa, tendrá la posibilidad de conducir personalmente la siguiente etapa. Si decide marcharse, la AFA tendrá que encontrar un entrenador capaz de conservar los principios que hicieron competitiva a esta Selección sin intentar copiar exactamente la fórmula anterior.

Hay fútbol para repartir el peso del gol en la Selección Argentina

La ausencia de Messi obligará a modificar el ataque, pero Argentina tiene una ventaja importante: cuenta con delanteros que ya demostraron que pueden asumir responsabilidades.

Lautaro Martínez llega como uno de los referentes de mayor experiencia. Julián Álvarez también atravesó partidos decisivos y fue parte del equipo campeón del mundo en Qatar. Ambos conocen el peso de una camiseta que ya no tendrá a Messi como principal referencia ofensiva.

La competencia entre los dos también puede ser una herramienta para la Selección. Lautaro aporta presencia dentro del área, capacidad para definir y experiencia. Julián ofrece movilidad, presión, profundidad y la posibilidad de jugar en distintos roles del ataque.

A ellos se suman futbolistas como Nico Paz, Thiago Almada y Giuliano Simeone, que representan perfiles diferentes y permiten imaginar una Argentina con más alternativas en la construcción ofensiva.

El desafío será distribuir aquello que Messi concentraba de manera extraordinaria: goles, asistencias, generación de juego, pelota parada, conducción y capacidad para decidir partidos.

No habrá un reemplazo individual. Habrá que repartir funciones. Y ahí aparece uno de los aprendizajes más importantes de la etapa de Scaloni: Argentina ya demostró que puede ganar cuando las responsabilidades están distribuidas entre varios jugadores.

La Copa América 2021 fue un ejemplo. Messi tuvo una participación enorme, pero el gol decisivo de la final lo marcó Ángel Di María. En Qatar, Julián Álvarez fue fundamental en los cruces ante Australia y Croacia. En la final, Messi compartió protagonismo goleador con otros compañeros. La Copa América 2024 también tuvo a Lautaro como autor del gol que definió la final ante Colombia.

La Selección aprendió a ganar con Messi como líder, pero también con otros futbolistas apareciendo en los momentos determinantes.

El mediocampo de la Selección Argentina tiene experiencia para tomar el control

Otro motivo para mirar el futuro con optimismo aparece en la zona donde Argentina construyó buena parte de su fortaleza durante el ciclo Scaloni.

Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Rodrigo De Paul fueron piezas importantes del equipo que ganó el Mundial. Los tres conocen el ritmo de los partidos de máxima exigencia y los tres atravesaron una evolución importante desde Qatar.

Enzo llegó a la Selección como un joven con proyección y terminó siendo titular en la final del Mundial 2022. Mac Allister pasó de ser una pieza de recambio a convertirse en uno de los futbolistas más importantes del equipo. De Paul asumió una función central en el equilibrio y en la intensidad del conjunto.

Paredes aporta experiencia y conocimiento de la Selección, aunque su continuidad está en duda. Lo Celso ofrece otra variante para la circulación y la creatividad. Palacios y otros futbolistas pueden ampliar las posibilidades de un mediocampo que tendrá que asumir más responsabilidades creativas.

La despedida de Messi también dejó una declaración de Enzo que, más allá de la tristeza, permite medir cuánto creció esa generación. “Hoy, me cuesta imaginar la próxima concentración sin vos. Salir a la cancha y no verte adelante, con la 10”, escribió.

Pero el mismo mensaje contiene otra idea todavía más importante: “Gracias por tratarme como lo hiciste, por todo lo que me enseñaste y por dejarme ser parte de tu historia”.

Enzo ya no es el joven que llegó para aprender al lado de Messi. Ahora forma parte de los futbolistas que tendrán que enseñar y conducir a los que vienen detrás.

Ahí aparece uno de los grandes motivos para la ilusión: la Selección no pierde una generación entera con la salida de Messi. Pierde a su líder histórico mientras conserva a buena parte de los jugadores que compartieron con él los años más exitosos.

Messi se va, pero deja una manera de competir

Quizás el argumento más poderoso para pensar que Argentina seguirá siendo grande esté en las palabras de los propios compañeros de Messi.

Lautaro fue directo: “Me quedo con todo lo que nos enseñaste afuera: a no rendirnos, a seguir intentando después de cada golpe, a trabajar en silencio y sobre todo, a creer siempre en nosotros”.

Lisandro Martínez apuntó en una dirección similar: “Nos enseñaste que las acciones valen mucho más que las palabras, a competir, a creer, a no bajar los brazos nunca y a representar a la Selección Argentina como se debe”.

Rodrigo De Paul destacó su “amor incondicional por nuestro país”, sus “batallas internas para nunca abandonar” y su liderazgo. Después lo definió con una frase contundente: “Sos el más grande de todos los tiempos”.

Estas declaraciones tienen un valor especial porque vienen de los futbolistas que tendrán que tomar el mando.

Ellos conocen cómo trabajaba Messi, cómo enfrentaba una derrota, cómo preparaba un partido y cómo trataba a los compañeros. Esa experiencia no desaparece porque el capitán haya anunciado su retiro.

Argentina tampoco tendrá que reconstruir desde el dolor que marcó otros cambios de generación. Esta vez existe una base ganadora.

La Selección llega al final de la era Messi después de haber disputado dos finales de Mundial consecutivas. Ganó cuatro títulos importantes con la Mayor durante el período 2021-2024 y desarrolló una identidad reconocible. La derrota ante España fue un golpe, pero también confirmó que Argentina sigue estando entre los equipos capaces de llegar hasta el último partido de un Mundial.

El futuro, naturalmente, tendrá dificultades. Habrá que reemplazar una producción ofensiva extraordinaria, resolver la sucesión de algunos veteranos y, probablemente, definir la continuidad de Scaloni. La clasificación al próximo Mundial está asegurada, pero el camino hacia 2030 también traerá nuevos desafíos.

Pero la historia reciente permite mirar el escenario con argumentos. Argentina tiene campeones del mundo, jugadores jóvenes, experiencia, identidad, futbolistas acostumbrados a ganar y una generación que pasó años aprendiendo al lado de Lionel Messi.

El propio Messi dejó una frase que puede funcionar como punto de partida para esta nueva etapa. Al anunciar su despedida escribió: “Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”.

Esos chicos ya están ahí y ahora les toca a ellos. Argentina tendrá que aprender a jugar sin Messi, una tarea gigantesca para cualquier Selección. Pero también puede aprovechar todo aquello que se construyó mientras él estuvo.

La camiseta número 10 tendrá otro dueño. El capitán será otro. Los goles tendrán que repartirse. Las decisiones difíciles caerán sobre nuevos referentes.

La historia seguirá y la ilusión tiene fundamentos.