<
>

Fútbol poscolonial: el Mundial de la diáspora y de las oportunidades

“Crear es recordar que pertenecemos a más de un lugar"
-Edwidge Danticat

Cuando todo nos lleva a pensar que la esencia del fútbol está perdida, en medio de cooling breaks pagos, monopolios imperantes y discursos sociopolíticos hipócritas, el Mundial 2026 irrumpe con su poderosa ambivalencia para decirnos, desde lo más profundo, que no: no todo está perdido.

Un nene y una nena que cambian figuritas en el patio del colegio mientras el timbre del recreo mezcla cuatro nuevas capitales, -Willemstad, Praia, Amán y Taskent- con formas geométricas; una familia que se reencuentra como si de ocho (antes siete) Navidades se tratara; o una campera que ni llega a acomodarse en el perchero porque una sociedad que juzga acepta, o al menos entiende, que una vez cada cuatro años no está tan mal dejar un poquito de lado el escepticismo.

En definitiva, el poder transformador del fútbol.

Curazao, el país más chico del mundo en jugar un Mundial

“Un idioma es una patria portátil"
-Frank Martinus Arion

El 19 de noviembre de 2025, Curazao, una isla neerlandesa del Caribe de 155.000 habitantes y 444 kilómetros cuadrados, se convirtió en el país más chico en clasificarse para la Copa del Mundo.

El empate 0-0 con Jamaica en Kingston fue el paso final de la pequeña nación que se independizó parcialmente de Países Bajos en 2010 y que recién empezó a competir como país para ir al Mundial rumbo a Brasil 2014.

Cada ciclo mundialista, Curazao estaba más cerca. No pudo ser en Brasil. Tampoco en Rusia ni en Qatar. Y ahora, camino hacia Estados Unidos, México y Canadá, con un panorama más favorable por la ampliación de cupos y por tener a las tres potencias del continente previamente clasificadas, sucedió lo que hace años parecía un milagro.

Pero la Ola Azul hizo los méritos en la cancha: no perdió ningún partido en las Eliminatorias, sumando 7 victorias y 3 empates, y selló su boleto mundialista en la casa de Jamaica, relegándolo a un repechaje que el elenco caribeño no pudo aprovechar.

La historia futbolística de Curazao es larga, pero para entender este resultado hay que retroceder apenas una década, cuando Patrick Kluivert, la leyenda neerlandesa que brilló en Barcelona y cuya madre es curazoleña, asumió como entrenador.

Con el exdelantero al frente, el seleccionado caribeño apostó por el talento dispero a partir de la diáspora local y apuntó a Holanda.

La evidencia es notable: de todo el plantel que logró la clasificación al Mundial 2026, solo un futbolista nació en Curazao, Tahith Chong, que juega en Sheffield United.

Kluivert fundó las bases, buscando sacar provecho de lo que Curazao había sufrido, con jugadores originarios de las islas que decidían representar a la potencia europea, y también consiguió resultados, como consagrarse en la Copa del Caribe y meterse en la Copa Oro.

Lo sucedieron Remko Bicentini, de origen local, y Guus Hiddink, de gran trayectoria, pero fue Dick Advocaat el que capitalizó los cimientos sentados y terminó de fusionar el totaalvoetbal propio de Países Bajos con la inspiración que generaba el jogo bonito brasileño en las calles caribeñas.

Mezclando técnica individual con orden colectivo, sabiéndose menos poderoso que sus rivales en la Copa del Mundo -Alemania, Ecuador y Costa de Marfil-, hoy Curazao es dirigido por Fred Rutten, recomendado por Advocaat al dejar el puesto de DT por una enfermedad de su hija en vísperas de la cita planetaria.

Fuera de Chong, nacido en Willemstad, todos los jugadores que lograron la clasificación mundialista nacieron en Países Bajos, como Armando Obispo, los hermanos Leandro y Juninho Bacuna o Sontje Hansen. Con la dificultad de representar al combinado neerlandés por la exigente competencia, generar un sentido de identidad en la Ola Azul fue una tarea de años.

“Jugar para Curazao significa mucho para mí”, dijo Jordi Paulina, oriundo de Odijk que juega en Fortuna Düsseldorf. “Todos los jugadores de Países Bajos quieren jugar con la Selección. Estuve cerca de hacerlo, pero ahora me siento orgulloso de formar parte de esta aventura”, añade con sinceridad el veterano arquero Eloy Room, nacido en Nimega.

Así, con Rutten dispuesto a seguir el legado y el trabajo de Advocaat y con el orgullo de representar al país de sus padres, madres y abuelos, con el desarraigo en busca de nuevas oportunidades en la sangre, Curazao buscará ser gigante y seguir escribiendo su propia historia.

Cabo Verde, un verdadero proyecto de la diáspora

“La música mantiene viva la memoria de quienes tuvieron que partir"
-Lura

El 13 de octubre de 2025, Cabo Verde goleó 3-0 a Esuatini en Praia, por la jornada final de las Eliminatorias, y consiguió una inédita clasificación a la Copa del Mundo, relegando al repechaje a una potencia como Camerún. El Gobierno nacional decretó jornada festiva y el país, independiente desde 1975, cuando dejó de ser colonia de Portugal, se unió en un festejo histórico.

Conformado por diez islas y cinco islotes, este archipiélago cercano a Senegal tiene una particularidad en su población: en el territorio nacional habitan alrededor de 500.00 personas, pero la diáspora caboverdiana es tan grande que, se estima, hay alrededor de 1.5 millones de personas con ese origen alrededor del mundo, principalmente en Portugal, Países Bajos y Estados Unidos, es decir, tres veces la población local.

Aprovechando este éxodo de décadas, la federación local comenzó a comienzos del siglo XXI un arduo proceso de scouting para encontrar a los talentos que podían representar a Cabo Verde debido a la nacionalidad de sus padres o abuelos. Los Tiburonez Azules, así, estuvieron a punto de jugar el Mundial 2014, pero un error de alineación los dejó a las puertas.

Tras el éxito continental, metiéndose entre los ocho mejores de la Copa Africana de Naciones 2013, en su primera participación, en 2023 llegó la tan anhelada clasificación mundialista, liderando el grupo de Camerún, con el local Bubista, un trabajador del fútbol de bajo perfil, como DT desde 2020.

La diferencia con el caso de Curazao es clara: aunque son más los futbolistas nacidos en el país que integran el seleccionado (en la útlima convocatoria de Eliminatorias, 11 de 25), los orgullosos productos de la diáspora vienen de distinso países. Muchos de Portugal, como Bruno Varela, olímpico con el elenco luso en Río 2016, Telmo Arcanjo, Hélio Varela y Wagner Pina; algunos de Francia, como Steven Moreira, Willy Semedo; otros de Países Bajos, como los hermanos Deroy y Laros Duarte, Jamiro Montero, Dailon Livramento, Garry Rodrigues y Sidney Lopes Cabral; y hasta uno de Irlanda, Roberto Lopes, que se hizo 'viral' al ser contactado por LinkedIn.

Así como Portugal durante décadas se nutrió de los jugadores de sus colonias, siendo Eusébio, nacido en Mozambique, su mayor exponente, ahora es Cabo Verde el que acepta y abraza a los hijos de su diáspora. Los portugueses Nani, Nuno Mendes y Nelson Semedo son de origen caboverdiano y Gelson Martins incluso nació en Praia; el francés Patrick Vieira y el sueco Henrik Larson tienen las mismas raíces; y hasta el mismísimo Cristiano Ronaldo podría haber optado por representar al país por su bisabuela paterna.

Ninguno de ellos, claro, representó al archipiélago africano a nivel internacional.

Desde el debut de la Selección nacional, en 1978, pocos años después de la Revolución de los Claveles, el crecimiento pasó de gradual, sin grandes luces en las primeras décadas, a acelerado con la convicción de apuntar a los 'refuerzos' de la diáspora.

En este siglo estuvieron lejos para Corea Japón 2002, siguieron creciendo rumbo a Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 y, de cara a Brasil 2014, se qedaron sin chances por la alineación indebida de Fernando Varela, nacido en tierras lusas. En cualquier caso, con participaciones continentales, Cabo Verde ya estaba en los planos del fútbol mundial.

Sin éxito para los siguientes mundiales, Rusia 2018 y Qatar 2022, Cabo Verde concretó el sueño de generaciones para el Mundial 2026, que contará con 48 equipos, 16 más que en los anteriores, tras liderar la zona que compartió con Camerún, Libia, Angola, Mauricio y Esuatini. Sin lujo individual pero con lucha colectiva, una carta de presentación y, también, una declaración identitaria.

“Tenemos que convencerlos de que este proyecto vale la pena”, dijo Bubista en el comienzo de su ciclo. Así, con el paso del tiempo, la identidad del seleccionado caboverdiano se fue construyendo a partir de esa diáspora y de esa cruza de culturas.

En la Fecha FIFA de marzo también debutaron jugadores nacidos en Estados Unidos (CJ dos Santos), Angola (Ieltsin Camões) y Luxemburgo (Fabio Domingos), demostrando que el proyecto mundial no se conforma y va por más. Sus rivales en Norteamérica serán dos campeones del mundo, España y Uruguay, y un seleccionado en crecimiento, Arabia Saudita.

Haití, un decalustro después

“La diáspora haitiana no está fuera de Haití; es una extensión de Haití”
-Jean-Bertrand Aristide

El caso de Haití es diferente, ya que no se trata de su primera participación mundialista: por ganar la Copa Oro de 1973, se ganó el derecho de jugar el Mundial de Alemania 1974. Aunque el elenco caribeño no obtuvo buenos resultados -perdió los tres partidos, anotando 2 goles y recibiendo 14-, fue un hecho histórico para un país que en ese entonces tenía alrededor de 5 millones de habitantes, un 40% de su población actual.

No obstante, lo conseguido de la mano del francés Sébastien Migné, DT con mucha experiencia en seleccionados africanos, es histórico, porque Haití tuvo que esperar 52 años para volver al escenario máximo del fútbol a nivel global.

Jugando como local en Barbados y Aruba en la primera fase, en la que fue escolta de Curazao, y justamente en Curazao en la segunda, donde lideró un grupo que compartía con Honduras, Costa Rica y Nicaragua, Haití certificó su clasificación el 18 de noviembre de 2025, cuando le ganó 2-0 a Nicaragua en Willemstad.

Lejos de su tierra, como si de un exilio se tratara, debido a la extrema inseguridad, inestabilidad política y crisis social, motivos por los que el propio Migne no pisó el país desde su asunción en 2024, Haití construyó un equipo disciplinado y fuerte en lo colectivo a partir de la diáspora y, pese a ser uno de los países más pobres del continente, se metió en la Copa del Mundo.

La mayor parte del plantel haitiano nació en Francia, incluidos el volante Jean-Ricner Bellegarde y el delantero Wilson Isidor, que juegan en la Premier League y se combinan para un valor de 34 millones de euros, según Transfermarkt.

También nacieron en Francia, país del que Haití se independizó en 1804, convirtiéndose en la segunda nación independiente de América y en la primera república negra, Jean-Kévin Duverne, Ruben Providence, Yassin Fortuné, Duckens Nazon, Martin Expérience, Alexandre Pierre, Johny Placide. De esta manera, Haití fue construyendo un equipo con una base sólida y con experiencia en el fútbol profesional europeo.

Pero esto se combina con jugadores nativos de Haití, como Danley Jean Jacques, Frantzdy Pierrot, Carlens Arcus, Hannes Delcroix, Louicius Deedson y Ricardo Adé, que juega en Liga de Quito, y otros hijos de la diáspora que nacieron en Estados Unidos (Derrick Etienne Jr., Delentz Pierre y Duke Lacroix), Canadá (Josué Duverger y Woobens Pacius) y Guadalupe (Josué Casimir).

Así, con jugadores criados en la isla y otros que crecieron lejos, manteniendo costumbres culturales, Haití se fue armando de a poco, resistiendo a las dificultades del día a día, imponiéndose ante la adversidad y persistiendo con resiliencia.

“Me comprometí con un grupo, un equipo, una familia, mi nación. Agradezco al pueblo haitiano todo su apoyo”, señaló Bellegarde, símbolo del equipo nacional, después de conseguir la clasificación.

En el Mundial, cerca de casa, Haití enfrentará a Escocia, Brasil y Marruecos, integrando uno de los grupos más difíciles de la competencia. Y aunque los dirigidos por Migne tratarán de trascender, esta clasificación después de más de un decalustro ya es un gran paso hacia el hoy y el mañana.

El Mundial 2026 de las oportunidades

Cuando a comienzos de 2017 la FIFA, presidida por Gianni Infantino, aprobó la ampliación de la Copa del Mundo, pasando de 32 a 48 equipos, se presentó el debate: por un lado, más países iban a tener la chance de participar de la cita mundialista, pero por otro iba a bajar el nivel de esta.

Pero aun prescindiendo del aspecto financiero, fundamental y protagonista de cada decisión del ente rector del fútbol a nivel global, esta nueva era también representa una oportunidad para que países periféricos, con tradición futbolística pero lejanos de la élite, las economías dominantes y, en general, las diversas hegemonías, puedan decir presente en un Mundial.

Curazao, Cabo Verde y Haití, entre otros países, vivirán una fiesta entre junio y julio de este año. También será el debut de Jordania, rival de Argentina, y Uzbekistán, que chocará con Colombia y Portugal, naciones que desde que lograron la clasificación, que en algunos casos sin el nuevo formato no sería posible, están completamente revolucionadas por el fútbol.