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Los hinchas y los DT pueden odiar al VAR, pero la jugada de Raya explica por qué existe

Este es el problema con el videoarbitraje (VAR): es fantástico cuando falla a favor de tu equipo, pero si la decisión va en contra, entonces está arruinando el juego y se convierte en una prueba más de que el fútbol ahora está controlado por robots sin corazón.

Basta con preguntarle al entrenador de Arsenal, Mikel Arteta. En un momento se enfurece contra el VAR y, al siguiente, celebra su intervención para sancionar una falta del delantero de West Ham Pablo en el triunfo 1-0 de los Gunners el domingo, una decisión que ayudó a dejar a su equipo a tiro del título de la Premier League.

Si alguna vez hacía falta un ejemplo de la hipocresía alrededor del VAR —un sistema que se introdujo hace casi una década no para terminar con la polémica en el juego, sino para asegurarse de que las decisiones importantes sean correctas—, Arteta es la personificación de cómo el fútbol quiere las dos cosas a la vez.

Hace menos de dos semanas, Arteta estaba “increíblemente furioso” por la decisión del árbitro Danny Makkelie de anular el penal que había cobrado inicialmente en la ida de la semifinal de la Champions League ante Atlético de Madrid, después de que una revisión del VAR llevara al juez neerlandés a aceptar que el defensor del Atlético Dávid Hancko no había cometido falta sobre Eberechi Eze dentro del área.

La repetición en cámara lenta mostró que no hubo contacto de Hancko, con Eze dejándose caer anticipando una infracción, pero Arteta dijo estar “furioso” porque Makkelie vio la jugada “13 veces” antes de tomar la decisión.

Aun así, Makkelie llegó a la conclusión correcta, aunque todo el proceso llevó tres minutos y 20 segundos. Se trataba de un partido enorme, con una importancia mayúscula para ambos equipos —llegar a una final de Champions puede definir la carrera de jugadores y entrenadores—, y el VAR cumplió un papel clave para que se tomara la decisión correcta.

Lo mismo ocurrió el domingo en el London Stadium, aunque no habrá ningún hincha de West Ham que esté de acuerdo. A los seis minutos del tiempo añadido, con Arsenal ganando 1-0, Callum Wilson marcó un gol tras un rebote en el área que parecía darle aire a West Ham en su lucha contra el descenso y, de paso, poner en riesgo la pelea de Arsenal por el título.

Pero como cada gol ahora es revisado y analizado por el VAR para confirmar su validez, y pese a que el árbitro Chris Kavanagh había convalidado inicialmente el tanto, el asistente de VAR Darren England recomendó una revisión en cancha por una posible falta de Pablo sobre el arquero de Arsenal, David Raya.

Pablo tenía su brazo izquierdo cruzado sobre el pecho de Raya, mientras con la mano izquierda sujetaba la muñeca del arquero, por lo que (tras un proceso total de 4 minutos y 11 segundos) Kavanagh tomó la decisión correcta al revertir su fallo inicial y anular el gol.

¿Y adivinen qué? Después de quejarse porque un árbitro había tardado demasiado en tomar la decisión correcta al anular un penal de Arsenal ante Atlético, Arteta elogió a Kavanagh tras el partido del domingo: “Felicitaciones, porque [los árbitros] tomaron una decisión grande en circunstancias muy, muy difíciles”.

El capitán de West Ham, Jarrod Bowentuvo una opinión distinta: “Cuando mirás la pantalla durante cinco minutos, vas a encontrar algo: hay mucho forcejeo y mucha sujeción. ¿Creo que es la decisión correcta? No”.

Mientras tanto, entre numerosos comentarios de exjugadores y exentrenadores, Wayne Rooney, ex capitán de Manchester United y de Inglaterra, ofreció una visión imparcial en su podcast *The Wayne Rooney Show*: “Es una falta clarísima. Es una de las pocas veces que realmente creo que el VAR hizo un muy buen trabajo en un partido tan importante”.

El “problema” con el VAR es que, cuando se utiliza correctamente, acierta prácticamente todas las decisiones porque se aplica la letra del reglamento. Antes del VAR, el penal de Arsenal en Madrid habría sido sancionado, y el gol de Wilson habría significado un empate 1-1 el domingo… y ambas decisiones habrían sido incorrectas.

Pero el fútbol es hoy un negocio demasiado grande como para que un árbitro y dos asistentes carguen con toda la responsabilidad.

El gol de la “Mano de Dios” de Diego Maradona para Argentina ante Inglaterra en el Mundial de 1986 es tal vez el ejemplo más famoso de una gran decisión arbitral errónea, pero hoy eso no ocurriría gracias al VAR; tampoco habría sido válido el claro mano de Thierry Henry que derivó en el gol decisivo de Francia ante Irlanda en el repechaje mundialista de 2009.

La FIFA introdujo el VAR en 2018 para desterrar ese tipo de errores groseros, y si bien eso se logró, el fútbol todavía no sabe convivir con esta nueva realidad de árbitros que aplican el reglamento para acertar en las decisiones.

Claro que la inconsistencia propia del comportamiento humano hace que algunas jugadas se revisen y otras no; los errores siguen existiendo porque cada VAR tiene un umbral distinto para intervenir.

Por ejemplo, el VAR Paul Tierney decidió no recomendar una revisión en cancha en la fecha inaugural de la temporada, cuando el arquero de Manchester United Altay Bayindir pareció ser derribado por el defensor de Arsenal William Saliba antes del gol de Riccardo Calafiori, el único del partido en el 1-0 en Old Trafford.

Tierney probablemente se equivocó en esa ocasión —fue una acción subjetiva—, pero England acertó el domingo. Y, aunque la decisión final perjudicó a West Ham, amenazado por el descenso, y benefició a Manchester City en la pelea por el título, hizo exactamente aquello para lo que fue creado el VAR: identificar una infracción que derivó en un gol.

Así que cuando un árbitro se equivoca, adelante, quejáte. Pero cuando el resultado correcto se alcanza gracias al VAR, ¿no es eso lo que todos querían desde el principio?