MADRID -- Santiago Solari ha sido oficialmente destituido como entrenador del Real Madrid después de que el presidente de la institución, Florentino Pérez, informara su decisión a la Junta Directiva del club en una reunión celebrada este lunes por la tarde.
El argentino será sustituido por Zinedine Zidane, el hombre cuya con intempestiva marcha el 31 de mayo desencadenó el peor fracaso merengue en más de una década.
La “ilusión” generada por el repunte del equipo tras la llegada al banquillo de Santiago Solari se esfumó en cuanto llegó a la semana en que se jugaba todo. Los descalabros ante el Barcelona por 0-3 en Copa y 0-1 en Liga dejaron expuestos sus problemas de fondo. La eliminación en Champions League en la derrota por 1-4 ante el Ajax que puso fin a esa semana ‘trágica’ para el club, fue su sentencia.
Santiago Solari, que llegó como solución a un catastrófico inicio, deja al equipo en una situación aún peor: fuera de todas las competiciones en pleno marzo por primera ocasión desde 2006, a 12 puntos de la cima de la tabla la Liga con once jornadas por delante, y un vestidor roto por el fracaso de la temporada y las constantes fricciones entre el técnico y varios elementos de peso en el plantel, como Keylor Navas, Isco Alarcón y Marcelo.
Después de un prometedor inicio, cierra su gestión con solo una victoria en los últimos cuatro partidos (1-4 sobre Valladolid) y una racha de nueve partidos consecutivos sin poder dejar la puerta a cero.
El argentino heredó un grave problema cuando fue ascendido a entrenador “provisional” del primer equipo tras la destitución de Julen Lopetegui. Y siguió siendo un problema a pesar de haberse ganado la ‘confianza’ para hacer frente al resto de la temporada con cuatro victorias consecutivas. Duró poco más de tres meses; uno menos que su antecesor aunque con el doble de partidos dirigidos, 32, en total, con 22 victorias, dos empates y ocho derrotas.
Pero el origen del fracaso del argentino viene de mucho antes: de la ‘espantada’ en mayo de Zinedine Zidane. El hombre que hoy llega a reemplazarlo para intentar “reconducir el barco”. Cerrar el último círculo infernal.
Entre uno y otro, varios entrenadores de renombre dijeron “no” a jugar el papel de “sucesor de Zidane”. El francés había dejado un legado difícil de igualar: nueve títulos en dos años y medio. 105 victorias, 28 empates y solo 16 derrotas en 149 partidos dirigidos; un porcentaje de 70% de victorias. Nadie quería vivir bajo su sombra.
Llegó Julen Lopetegui, no sin polémica, tras su triste salida de la selección en víspera del Mundial. No era la primera opción. Ni la tercera. Era la alternativa de emergencia.
El vasco se encontró con un equipo que pronto perdió a su referente – no le dio tiempo ni de hablar en persona con él – y que solo había hecho cuatro incorporaciones a modo de refuerzos. Aceleró la llegada de Vinicius Júnior, que había permanecido cedido en el Flamengo desde su fichaje por 60 millones de euros en 2018. Invirtió 35 millones en un portero, Thibaut Courtois, más que por necesidad, por renombre, y otros 30 en un suplente para Dani Carvajal en la banda derecha, Alvaro Odriozola.
Lopetegui, que veía venir la catástrofe, pedía a un delantero. Le trajeron a Mariano Díaz. Un canterano ‘repatriado’ por 21 millones de euros, más por quitárselo a Sevilla, que estaba a punto de ficharlo, que por ver en él a un sucesor de Cristiano. Aunque heredara el ‘7’.
Resultado: el equipo acabó la décima jornada hundido en la novena posición de la tabla después de una racha de cinco partidos sin ganar, un empate y cuatro derrotas, incluida la goleada por 5-1 en el clásico, y temía por su futuro en Europa después de caer por 1-0 en la cancha del rival más débil de su grupo, el CSKA de Moscú.
Lopetegui se marchó después de solo 14 partidos dirigidos, seis victorias, dos empates, y seis derrotas, convirtiéndose en el segundo entrenador con menos tiempo en el cargo después de José Antonio Camacho. También dejó para la historia la peor sequía de los merengues con 475 minutos sin marcar desde que Asensio marcó el 1-0 ante el Espanyol al minuto 41 del encuentro en la quinta jornada de Liga, hasta que Marcelo logró descontar al minuto 55 en la derrota por 1-2 ante Levante cinco partidos después.
Ya desde entonces, el arquero Keylor Navas reconocía que “no se puede tapar el sol con un dedo”. Al Madrid le faltaban esos 50 goles anuales que aportaba Cristiano Ronaldo. Goles que no solo aseguraban victorias, sino que además, minimizaban los problemas en defensa. Bajo la guía de Lopetegui Real Madrid registró 21 goles y recibió 20.
Solari llegó a hacer lo que se podía con lo que había. El mercado vino y se fue, y el Real Madrid no quiso reforzarse pensando en lo inmediato. En su lugar invirtió 15 millones de euros en un mediocampista de 19 años, Brahim Díaz, que desde entonces ha disputado solo 24 minutos repartidos en tres partidos, dos de Copa y uno de Liga.
Solari introdujo cambios cruciales que mejoraron el juego – y la renta – del Real Madrid. Mientras navegó en aguas apacibles.
El no haber querido buscarle reemplazo a Cristiano Ronaldo, la irregularidad defensiva que antaño se maquillaba gracias a sus goles, y el desgaste de un vestidor que ya lo ha ganado todo. Un problema de planeación evidente desde verano, incluso mucho antes, que el club se ha negado a admitir.
Zinedine Zidane, el último en obrar ‘milagros’ desde el banquillo conquistando tres títulos de Champions, lo vio venir. Dijo hacerse a un lado ya que con él en el banquillo “sería complicado seguir ganando”.
“Se necesita un cambio y otro discurso”, señaló al momento de partir. Lo que no dijo es que sin él – y sin estrella reconocible - sería imposible y que antes de un año tendría que volver del mismo modo en el que llegó en 2016: para hacer control de daños y rescatar a un equipo al borde del colapso.
