Independiente del Valle se coronó campeón del fútbol ecuatoriano y consiguió así su primer bicampeonato y su tercer título nacional. El cuadro Rayado conquistó con anticipación un nuevo trofeo para sus vitrinas, pues la confirmación de un nuevo campeonato llegaría más temprano que tarde.
Una de las características de este título de Independiente es la regularidad. Por más increíble que parezca, el equipo de Joaquín Papa fue líder del torneo de principio a fin. En la primera fecha de la fase regular venció a Guayaquil City por 2-0 y ya se subió al primer lugar por gol diferencia.
Desde ahí no soltó nunca esa ubicación y más bien se afirmó como el puntero inamovible. Después de 30 fechas terminó con 74 puntos, 23 más que el segundo Universidad Católica y antes de empezar el hexagonal final ya se probaba la corona de campeón.
La profundidad de plantilla también le permitió mantener la energía alta entre sus jugadores. Así pudo utilizar a muchos jugadores en las diferentes posiciones e incluso estar sobrado por momentos, hasta cuando tuvo jugadores lesionados.
Ya no es novedad que siempre sus canteranos aparezcan para ser un aporte importante. Al menos en el primer semestre y parte del segundo, dos nombres destacaron como Justin Lerma y Juan Riquelme Angulo. El primero ya fue fichado con anticipación por Borussia Dortmund y se marchó cuando cumplió 18; el segundo anticipó su salida y fue transferido a Sunderland.
Con Papa al mando, el equipo recuperó su identidad de juego, algo que había perdido anteriormente con Javier Gandolfi. Pese a que logró llegar a la final en 2024, que la perdió ante Liga de Quito, el estilo no llenó del todo a la directiva de Independiente.
Con el uruguayo, Independiente propuso un juego más intenso, de mucha asociación y un impulso por las bandas por la velocidad de sus jugadores. Aquello le permitió ser el equipo más goleador y con diferencia, pues con las alternativas de ataque siempre encontró recursos para marcar.
