El mexicano regresó a las canchas después de una larga recuperación y compartió la defensa del Copenhague con Kenay Myrie, quien nunca lo ha visto como un rival
Rodrigo Huescas perdió durante un año aquello que había hecho prácticamente toda su vida: jugar al fútbol.
La rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha que sufrió el 1 de octubre de 2025, en un partido de Champions League ante el Qarabag, lo obligó a cambiar las canchas por la rehabilitación, los partidos por la paciencia y la adrenalina por una espera que parecía interminable.
Mientras atravesaba el momento más complicado de su carrera, al FC Copenhague llegó un joven costarricense que jugaba en su misma posición. Sobre el papel, Kenay Myrie podía parecer una nueva competencia para Huescas. Dentro del camerino, sin embargo, terminó convirtiéndose en otra cosa: su “hermano menor”.
“Para él soy su hermano menor y para mí es mi hermano mayor acá”, reveló Myrie en una entrevista exclusiva con ESPN.
La frase retrata una relación que nunca se construyó desde la desconfianza. Los dos son laterales derechos, los dos quieren jugar y los dos saben que deberán competir por un espacio; pero ninguno necesita que al otro le vaya mal para sentirse más cerca de la titularidad.
“Con Rodri me llevo superbien. La verdad es que Rodri es una gran persona”, contó Kenay, quien llama así al mexicano.
“Sabemos que tenemos que competir, pero de manera sana. Si él va a jugar, yo voy a ser feliz y voy a tratar de competir para hacerlo mejor; y él claramente me va a hacer mejor a mí también”, agregó.
La convivencia fue derribando cualquier barrera.
Entre entrenamientos, bromas, tacos, chilaquiles y Gallo Pinto, Huescas dejó de ser únicamente el futbolista que ocupaba la misma posición y pasó a convertirse en el apoyo que Myrie necesitaba durante su primera experiencia lejos de Costa Rica.
El mexicano ya conocía ese proceso. Había llegado al Copenhague en julio de 2024, procedente de Cruz Azul, con apenas 20 años. También tuvo que adaptarse a una ciudad diferente, otro idioma y una cultura completamente nueva.
Cuando Kenay aterrizó en Dinamarca en enero de 2026, Huescas estaba lesionado, pero nunca se alejó del grupo. Desde afuera encontró otra forma de sentirse útil: acompañar al costarricense que comenzaba a recorrer un camino parecido al suyo.
Myrie lo confirmó al recordar la reacción de Huescas después de una de sus primeras oportunidades como titular.
“Él estaba superfeliz, me felicitó”, relató el costarricense.
Ese gesto decía mucho. El jugador que podía sentirse amenazado por el crecimiento de quien ocupaba su posición fue uno de los primeros en celebrar su oportunidad.
Mientras Kenay comenzaba a dar sus primeros pasos, Huescas libraba otra batalla. El mexicano trabajó durante meses lejos de los focos para recuperar la rodilla, volver a entrenarse con normalidad y soportar la etapa más complicada: sentirse listo, pero todavía no tener permiso para jugar.
“Ha sido un año duro, pero ahora finalmente puedo volver a jugar”, reconoció Huescas en declaraciones a la página oficial del Copenhague.
El lateral confesó que había extrañado la cancha y también habló del respaldo recibido en el camerino durante su recuperación.
“Mis compañeros me apoyaron muchísimo durante este periodo difícil. Me ayudaron mucho, incluso después de volver a entrenar, y ya quiero ayudarlos nuevamente”, expresó.
Huescas explicó que la recta final fue casi tan complicada como los primeros meses de rehabilitación. Ya podía entrenarse con el grupo, pero todavía debía contener las ganas y respetar los tiempos establecidos.
“He estado entrenando con normalidad desde hace algún tiempo, pero todavía se trataba de tener paciencia y hacer las cosas correctamente”, señaló el mexicano.
La espera terminó el 4 de octubre de 2026.
Huescas y Myrie aparecieron juntos en la formación titular del Copenhague para enfrentar al Hamburger SV en un amistoso disputado en el Volksparkstadion.
El mexicano jugó el primer tiempo en su primer encuentro después de un año fuera de las canchas, mientras que Kenay permaneció hasta el minuto 76. El Copenhague cayó 2-0 con dos goles recibidos después de que ambos habían sido sustituidos.
El resultado quedó reducido a un detalle. La imagen importante estaba en aquella alineación: Huescas volvía a sentirse futbolista y, a su lado, estaba el joven costarricense que había encontrado un hermano mayor en Dinamarca.
“He extrañado estar en la cancha. Estoy emocionado y feliz de finalmente estar de regreso”, expresó Huescas antes de su retorno.
Ahora comenzará otra etapa. El mexicano necesitará recuperar ritmo después de una ausencia larguísima y Myrie seguirá luchando por consolidarse en Europa. Habrá entrenamientos en los que ambos aspirarán al mismo lugar y decisiones técnicas que favorecerán a uno sobre el otro.
Ellos lo entienden, pero también tienen clara una idea: competir no significa dejar de ser amigos.
“Si él va a jugar, yo voy a ser feliz”, había dicho Kenay.
Un año después de perder el fútbol, Huescas lo recuperó acompañado por el tico que llegó para luchar por su posición, pero terminó convirtiéndose en familia.
