La Tricolor ganaba 3-0 después de un primer tiempo dominante, pero desapareció en el complemento, recibió cuatro goles y terminó escuchando el “olé” de su propia afición
La selección nacional de Costa Rica perdió 4 - 3 ante Curazao en el inicio de la participación tica en la Concacaf Nations League.
Costa Rica pasó de generar desidia a volver a conectar con La Cueva en apenas 45 minutos.
Durante mucho tiempo, ver a la Selección de Costa Rica se había convertido más en un ejercicio de paciencia que de ilusión.
Bastaron 45 minutos para cambiar el ánimo. La Tricolor firmó ante Curazao su mejor primer tiempo en mucho tiempo y transformó la desidia que había acompañado sus últimos meses en un apoyo mayúsculo de una afición que volvió a responder.
La Cueva presentó cerca de un 65% de su aforo, pero por momentos sonó como si hubiese bastante más gente. Costa Rica salió desde el primer minuto a imponer condiciones.
Fernando Batista apostó por una presión alta e intensa, comandada por Orlando Sinclair, Josimar Alcócer y Josimar Méndez, un tridente que no permitió respirar a la salida curazoleña. Y los tres tardaron muy poco en dejar su huella.
Apenas al 3', Méndez ganó una pelota a pura intensidad y abrió una jugada que terminó encontrando a Orlando Sinclair, quien definió con precisión para vencer a Eloy Room y desatar el primer grito de la noche en Tibás.
Costa Rica tenía el partido encaminado prácticamente desde el camerino.
Curazao nunca encontró una respuesta. Leandro Bacuna no tuvo espacios para hacerse dueño de la pelota y cada intento visitante terminó chocando con una defensa costarricense bien posicionada, liderada por Francisco Calvo y Jeyland Mitchell.
Entonces apareció Carlos Mora para convertir una buena primera mitad en una goleada inesperada. El futbolista del Universitatea Craiova marcó al 23' y volvió a golpear en la última acción del primer tiempo para completar su doblete.
Tres goles. Una Cueva entregada. Y una Costa Rica que, al menos durante 45 minutos, volvió a provocar algo que parecía haberse perdido: ganas de verla jugar.
Pero todo aquello que Costa Rica había construido durante 45 minutos comenzó a derrumbarse demasiado rápido.
El segundo tiempo se convirtió en un suplicio para la Tricolor. Curazao salió decidido a buscar el partido, mientras Costa Rica perdió intensidad, cedió la iniciativa y permitió que un rival que parecía completamente derrotado comenzara a creer.
Y desde el banquillo tampoco llegaron respuestas. Fernando Batista modificó el equipo y sus decisiones terminaron afectando el funcionamiento que tan buenos resultados había dado durante la primera mitad. Josimar Alcócer y Orlando Sinclair abandonaron el terreno de juego para permitir los ingresos de Gerald Taylor y Kenyel Mitchell.
Costa Rica perdió presencia ofensiva, dejó de presionar con la misma intensidad y comenzó a retroceder peligrosamente. Curazao lo entendió. Los isleños fueron ampliamente superiores durante el complemento y encontraron rápidamente los espacios que antes parecían inexistentes.
Tahith Chong revolucionó el ataque con su ingreso y el partido comenzó a jugarse cada vez más cerca del arco costarricense. Kenji Gorré descontó. Chong puso el segundo.
Y aquella fiesta que había acompañado los primeros 45 minutos comenzó a transformarse en preocupación. Hasta que llegó lo impensado. Al 78', Gorré volvió a aparecer para marcar el 3-3 y completar una remontada que parecía imposible cuando Costa Rica se marchó al descanso con tres goles de ventaja.
La Tricolor había perdido completamente el equilibrio. Y el contraste era brutal: el equipo intenso, agresivo y dominante del primer tiempo había desaparecido. Batista acertó en el planteamiento inicial, pero sus modificaciones no lograron contener el crecimiento de Curazao y Costa Rica terminó pagando cada metro que cedió.
De tener una noche que parecía destinada a reconciliar a La Sele con su gente, Costa Rica pasó a caminar peligrosamente hacia una debacle.
Al final, todo terminó de derrumbarse.
Al 83’, Jordi Paulina apareció para marcar el 3-4 y completar una remontada que parecía impensable apenas unos minutos atrás.
La reacción en La Cueva fue inmediata. La misma afición que había celebrado un primer tiempo prácticamente perfecto terminó cantándole el “olé” a su propia Selección y descargando su enojo contra Fernando Batista.
Del 3-0 y la ilusión al 3-4 y los reclamos. Una noche que comenzó como una fiesta terminó convertida en pesadilla.
Costa Rica tendrá poco tiempo para encontrar respuestas. La Tricolor enfrentará el próximo domingo a Haití en Kingston, posteriormente visitará a Nicaragua y cerrará esta fase nuevamente ante los haitianos, esta vez como local.
