La marca que dejó Carlos Bianchi en el fútbol sudamericano sigue viva. No es para menos: el ganador de la Copa Libertadores 1994 con Vélez y las de 2000, 2001 y 2003 con Boca Juniors fue el entrenador más significativo de un tiempo dorado. Fue además el último en el que los equipos de la región podían plantarles cara a los europeos, como lo demuestran sus tres títulos en la Intercontinental en esos años. Y esta vez quiso el destino que en una final de la Copa Sudamericana (en vivo por el Plan Premium de Disney+) , el 21 de noviembre en Barranquilla, vayan a enfrentarse como directores técnicos de Boca y de Atlético Mineiro dos de las personas más vinculadas al Virrey en el mundo del fútbol.
Rodolfo Arruabarrena es uno de los nombres que más se asocian a la era Bianchi en el xeneize por su participación fundamental en el primero de sus tres ciclos en el club. Surgido de las divisiones juveniles e inamovible en el equipo que consiguió el bicampeonato local y la Libertadores 2000, se anotó con dos goles fundamentales en esa final de ida ante Palmeiras, un enorme logro sobre todo para un lateral izquierdo. Aunque el destino después lo llevó al fútbol europeo, el lazo con el club se mantuvo, y así no extrañó que fuera el designado en 2014 para asumir como entrenador en reemplazo, por esas cosas del fútbol, de Carlos Bianchi, que cerró así su tercera etapa en Boca.
En el caso de Eduardo Domínguez, la cercanía se dio desde otro lugar. El primer punto futbolero en común entre los dos fue Vélez, club del que surgieron ambos: el debut en el Fortín del actual entrenador de Atlético Mineiro se dio en el Apertura 1996, apenas después de que Bianchi se fuera a dirigir a Roma, tras haber obtenido en el club de Liniers el bicampeonato en el fútbol local. Por coincidencias de la vida, el por entonces lateral izquierdo de Vélez conocía al DT desde su adolescencia, ya que el padre de uno de sus mejores amigos era a la vez amigo de Bianchi. Tiempo después, el vínculo fue totalmente otro, cuando Domínguez se casó con Brenda Bianchi y aquella persona que él conoció como una gran personalidad del fútbol cuando era un adolescente pasó a ser su suegro.
Arruabarrena y Eduardo Domínguez: dos escuelas distintas de “bianchismo”
Los principales elogios hacia Bianchi como entrenador pasaron mucho más por su estilo de conducción, que les dio la confianza necesaria a sus jugadores para poder llegar a su máximo rendimiento, que por ser un innovador táctico. Así, no es extraño que se pueda identificar con él a dos entrenadores como los de Boca y Atlético Mineiro, aunque sus equipos puedan pararse dentro del campo de manera bien diferente.
“Mi modelo a seguir es mi suegro porque lo tengo muy cerca y ha ganado todo. Trato no de copiar, pero sí de tomar varias cosas suyas”, confesó Eduardo Domínguez cuando en 2015 dio su primer paso en el oficio al hacerse cargo de Huracán. Más de una vez contó que el consejo más importante que le dio Bianchi como entrenador fue: “Sé vos mismo”. Una manera de dejar sentado que el armado de un equipo y su disposición dentro de la cancha debía decidirla él, que era el que tenía el contacto directo y el conocimiento de los jugadores. Y que si en algún caso decidía defender con una línea de 5, como ha ocurrido dentro del contexto de algunos partidos, no se iba a estar traicionando ningún “mandamiento bianchístico”, porque la verdadera esencia pasaba por otro lado.
Por su lado, Arruabarrena supo mostrar en su carrera de DT una vocación irrenunciable de protagonismo para sus equipos, con una presión alta que complica las salidas de los rivales y la apuesta a llevar la pelota lo más lejos del arco propio, aunque a veces implique asumir riesgos elevados. Y aunque los equipos de Bianchi muchas veces se hacían dueños de los partidos, la prioridad siempre parecía estar en garantizar la solidez defensiva para que los de adelante tuvieran la libertad absoluta de crear. En todo caso, Bianchi sabe que en la diferencia está el gusto, y en una entrevista reciente a La Nación definió a Arruabarrena como “profesional, respetuoso e inteligente“. Porque la esencia de un entrenador va mucho más allá de cómo se para un equipo dentro del campo de juego.
Solo hay lugar para uno en la final de la Sudamericana
“Yo no sabía que al segundo le daban medalla”, buscó justificarse Carlos Bianchi en 2004, cuando Boca no participó de la premiación tras su única caída en una final de Copa Libertadores, en la definición por penales frente a Once Caldas en Manizales. Fue una excusa que quedó en la historia y remarcó ese odio a la derrota que trasladó a sus equipos.
Arrubarrena es un fiel exponente de esa manera de pensar. Como lo mostró en declaraciones recientes cuando a los elogios que recibía porque su Boca jugaba bien y peleaba en todos los frentes (Sudamericana, Liga Profesional y Copa Argentina), respondía: “Todavía no ganamos nada”. Como un mantra y una advertencia para su propio plantel: se podía estar contento por el rendimiento, pero de poco serviría si no se conseguía el primer título desde marzo de 2023.
Eduardo Domínguez es otro que sabe que los partidos decisivos son historias aparte. Lo mostró cuando, apenas llegado a Atlético Mineiro, el equipo cayó en la final del campeonato estadual contra el máximo rival, Cruzeiro. Ese día, con visible ofuscación, dejó algunas de las declaraciones más calientes de su carrera para despabilar a los suyos. “Hoy no jugamos como si fuera una final. Ellos corrieron más, no necesito mirar el GPS. Y el que no corre, conmigo no va a jugar”, sentenció.
En el horizonte, los dos tienen un partido que probablemente sea el más importante que les espera en el año. De acuerdo a lo que vean del rival, no se puede descartar que los dos apelen para comenzar el partido a un sistema de 4-2-3-1, que figura entre los que más utilizan para sus equipos. Nada que no pueda cambiar durante el encuentro, porque si algo aprendieron Arruabarrena y Eduardo Domínguez de su gran referente es que no hay esquemas buenos ni malos, sino que todo dependerá de quienes lo pongan en práctica. Con compromiso desde el primer minuto. Y, sobre todo, con esa sencillez tan subestimada y que Bianchi siempre mostró como la llave maestra para entender el fútbol.
