Chabelo nos lo dijo y no quisimos escuchar, pero aquí estamos a punto de ver un partido que en un mundo cuerdo no debió existir.
Chabelo lo cantó por décadas, pero nunca lo tomamos en serio, hasta que esta noche el reino del revés se va a materializar en la Copa Oro cuando México enfrente a un rival que hace cinco días no estaba en el torneo, con una tercia de delanteros que nacieron en países distintos y frente a miles de aficionados que no deberían entrar al estadio.
Todo se precipitó en las últimas semanas, pero Javier López (Chabelo, para los cuates) lo vio venir desde finales de los 60s y cada domingo estaba ahí para advertirnos que existe un lugar en el que "nada el pájaro y vuela el pez”, como mensaje encubierto de que llegaría el día en el que un simple partido de CONCACAF se convertiría en la colección de cosas menos esperadas.
Comencemos por poner en contexto lo apresurada que fue la anexión de Guatemala a la Copa Oro con el ejemplo de Sixto Betancourt, quien no está con el equipo ¡porque no contestó el teléfono cuando le iban a avisar que al otro día viajaban a Estados Unidos! Él daba por hecho que estaba de vacaciones y mandó las llamadas al buzón, lo que no es su culpa, pero nos ayuda a entender cómo se tuvo que reunir la Selección. “Nadie baila con los pies”.
También está el caso de Andrés Ruiz como para no olvidar por qué Guatemala fue requerido en el torneo en primer lugar, dio positivo por COVID-19 en plena concentración y causó baja en la previa de un partido que 24 horas antes no sabía que iba a jugar; afortunadamente no han habido más casos y su lugar fue tomado por Rudy Barrientos. “Un año dura un mes”.
Luego hay que hablar de México y del efecto mariposa de los escándalos y lesiones que llevaron a que el equipo hoy en día 1) no cuente con su goleador histórico, tampoco con su nueve titular y mucho menos con su mejor delantero zurdo de la última década y 2) utilice muy probablemente una combinación con tres delanteros que no comparten país de nacimiento, como Jesús Corona, Rogelio Funes Mori y Efraín Álvarez.
Esto, por su puesto, no tiene nada de malo porque Funes y Álvarez son perfectamente mexicanos, sólo es un caso rarísimo, como cuando Chaco Giménez y Lucas Lobos compartieron convocatoria allá en el 2013 para conformar un ataque que nadie hubiera pronosticado, como era imposible de predecir el de ahora con la lesión de Lozano y que nos tiene a punto de ver una especie de experimento forzado en el que Tata confía plenamente. “Cabe un oso en una nuez”.
Lo de la gente es la cereza en el pastel de nuestro reino y el problema no es que CONCACAF quiera aprovechar el negocio de la taquilla al máximo, sino que la Confederación y la Federación Mexicana son las primeras en indignarse cuando los aficionados insultan al portero rival, como esperando que un comunicado en Twitter produzca más silencio que un estadio vacío.
La sanción va a llegar desde la FIFA y mientras tanto la Copa Oro seguirá su curso confiando en la buena fe de los aficionados, como los de esta noche en Dallas, que sólo necesitan la pequeña provocación de un gol guatemalteco o de un cero a cero prolongado para demostrar qué tanto les importan las multas que se tengan que pagar. “Dos y dos son tres”.
Chabelo nos lo dijo y no quisimos escuchar, pero aquí estamos a punto de ver un partido que en un mundo cuerdo no debió existir, lo único que espero es que sea tan entretenido y sano como lo fue aquel show en sus mejores años, qué importa que nada de esto estuviera planeado.
