Pasado, presente y futuro de Marcelo Bravo, un hombre resiliente

Después de abandonar la práctica de fútbol, Marcelo Bravo se dedicó a la dirección técnica. Twitter: @velez

Son tiempos raros, quien puede discutirlo. La pandemia de coronavirus modificó las rutinas de todo el mundo, en mayores o menores proporciones. Y ni hablar las del mundo vinculado al deporte. De la actividad plena a la quietud y el aislamiento. De 100 a cero y sin saber cuándo se va a poder volver a la vida normal. Es más, ¿se podrá alguna vez volver a la vida normal?

Interrogantes que se irán contestando con el tiempo y los avances de la ciencia. Mientras tanto todos intentan recuperar algo de su rutina habitual y en eso anda Marcelo Bravo, el exjugador de Vélez que debió abandonar la práctica en 2005 por una afección cardíaca (una miocardiopatía hipertrófica que podría derivar en una muerte súbita) y que ahora conduce los destinos de los planteles de Cuarta y Tercera división conjuntamente con Guillermo Morigi en el club que es como su casa: “Llegué a los 6 años al baby fútbol y no me fui más”.

Habla con calma Marcelo. Incluso cuando repasa lo peor de su vida: “Fue un momento horrible, no quería seguir. Me costó mucho salir”.

O cuando se entusiasma con el comedor solidario que mantiene con su hermano y con el aporte de la familia, amigos y la gente de Vélez. Hace cuatro meses, en su barrio de Lomas de Zamora, los miércoles y sábados la gente del barrio Facundo Quiroga de Villa Albertina tiene un plato de comida asegurado.

Pasaron 15 años desde aquel agosto terrible. De sentirse en plena explosión futbolística a no entender nada cuando su entrenador Miguel Ángel Russo lo encerró en la oficina del cuerpo técnico para informarle que, según los estudios, algo andaba mal en su corazón. Pero ¿cómo podía ser, si este pibe es puro corazón? “Yo le brindé todo al fútbol y en el mejor momento de mi carrera me pasó eso. Ni un penal pude patear...”.

Y se le nota la bronca. No es odio, es esa bronca de saber que había mucho talento para darle rienda suelta al barrilete de los sueños.

Pero también durante la pandemia, la sociedad le sacó lustre a la palabra resiliente. Y vaya si lo es Marcelo. Se levanta todos los días muy temprano para la reunión de coordinación de los cuerpos técnicos. Después, a trabajar con sus jugadores, también vía digital. Trabajo que se refuerza con una o dos charlas señales sobre técnica y táctica.

Se sonríe cuando recuerda sus mejores anécdotas: “La primera vez que se sumó Messi a la práctica de la Selección juvenil nos dimos cuenta de que era diferente. La primera pelota que agarró, no lo vimos más hasta que hizo el gol”, cuenta sobre el delantero del Barcelona, con quien compartió plantel en el Sudamericano de Colombia 2005, donde conquistaron la medalla de bronce. O también rememora cuando el Loco Bielsa le desaconsejó convertirse en defensor.

Hoy es un técnico en formación, al que le gusta que sus equipos sean ordenados, agresivos y que sean dueños de la pelota. Pero dice que ya habrá tiempo de saber si está capacitado para llevar un plantel profesional. “Ojo que si tengo que poner dos líneas de cuatro para defender un resultado, lo voy a hacer”, dice y se vuelve a reír, porque sabe que todavía tiene mucho hilo en carretel para soñar con el futuro.