River empieza a encontrar algo que necesitaba con urgencia: resultados. Después de seis derrotas consecutivas, el equipo de Eduardo Coudet consiguió ganar ante Argentinos Juniors y luego rescató un empate frente a Independiente Santa Fe en Bogotá, por la ida de los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana.
La diferencia está en que los números empiezan a cambiar antes que el juego. El Millonario lleva dos partidos sin perder, pero todavía no consigue sostener durante los 90 minutos una estructura que le permita dominar los encuentros y, sobre todo, reducir la dependencia de las individualidades.
El triunfo frente al Bicho dejó algunos indicios positivos. La presencia de las nuevas figuras, principalmente Thiago Almada y Ángel Correa, mostró que River puede tener futbolistas capaces de romper esquemas y resolver partidos desde la jerarquía. Sin embargo, lo ocurrido en Colombia también expuso una realidad que Coudet deberá atender: no alcanza con tener nombres importantes si el funcionamiento colectivo no les ofrece las condiciones para marcar la diferencia.
No depender de las individualidades
La llegada del Guayo y Angelito es una noticia positiva para el equipo de la Banda. Ante Argentinos, ambos tuvieron participación en un funcionamiento que por momentos mostró otra cara y permitió imaginar una alternativa ofensiva con mayor calidad. El Guayo aportó desequilibrio y capacidad para asociarse, mientras que el rosariono volvió a demostrar que puede ser determinante cerca del área.
Pero el partido frente a Santa Fe volvió a poner el foco sobre una cuestión central: las figuras necesitan una estructura que las acompañe. Si River no consigue generar circuitos de juego, recuperar rápido la pelota y acercar a sus volantes al área, los futbolistas de mayor jerarquía quedan demasiado aislados y obligados a resolver por su cuenta.
Por eso, la discusión no pasa solamente por encontrar la mejor manera de ubicar a Almada, Correa o cualquier otro jugador talentoso. El desafío de Coudet es construir un equipo que potencie a esos nombres. Que puedan recibir en mejores condiciones, tener opciones de pase, atacar los espacios y llegar al último tercio con compañía.
En el último partido del Clausura hubo una muestra de lo que puede ser ese camino. En Bogotá, en cambio, las bajas, el contexto y las limitaciones de la convocatoria modificaron los planes y dejaron al descubierto que todavía no existe una estructura suficientemente aceitada para sostener el rendimiento cuando faltan algunas piezas.
El mediocampo, otra de las cuestiones a resolver
En ese sentido, la mitad de la cancha aparece como uno de los principales interrogantes para Coudet. Ante el Bicho, Andrada y Moreno conformaron el doble cinco encargado de darle equilibrio a un equipo que tuvo por delante una línea de tres compuesta por Almada, Correa y Freitas.
El juvenil que llegó desde Vélez dejó buenas sensaciones y parece haberse ganado una consideración importante dentro de la estructura. Del otro lado, el exPalmeiras todavía no mostró todo lo necesario para convertirse en el sostén que el equipo necesita en esa zona.
Una situación similar atraviesa Fausto Vera. El mediocampista perdió terreno y actualmente aparece como una alternativa de recambio, por lo que Coudet todavía no encontró una combinación que termine de convencerlo para darle estabilidad a la mitad de la cancha.
Galván también había aparecido inicialmente como uno de los futbolistas que podía aportar despliegue y recorrido, pero en este nuevo semestre fue perdiendo protagonismo y sumando menos minutos. Y ahora aparece otra posibilidad con Mauro Arambarri, un refuerzo que puede convertirse en una pieza importante si consigue meterse en la competencia por un lugar.
La incógnita, entonces, no está solamente en quiénes juegan, sino qué mediocampo necesita River para sostener a sus jugadores ofensivos sin perder equilibrio. La respuesta todavía no aparece con claridad.
La cuestión física también pesa
A ese escenario se suma un aspecto que puede explicar parte de las dificultades: la condición física de varios integrantes del plantel. Algunos refuerzos llegaron recientemente y todavía necesitan tiempo para alcanzar su mejor versión, mientras que otros futbolistas que ya estaban en el plantel vienen arrastrando molestias que condicionaron sus últimas presentaciones.
Esto también repercute en las decisiones de Coudet. Un equipo que todavía está buscando su funcionamiento necesita continuidad, pero las modificaciones obligadas y las ausencias hacen más difícil consolidar sociedades.
El partido en Bogotá fue una muestra clara. Las bajas de Gonzalo Montiel y el Huevo Acuña cambiaron los planes iniciales del entrenador, que debió improvisar alternativas para completar la formación. A eso se sumó que River no pudo contar con todos sus refuerzos debido al límite de cinco modificaciones en la lista para esta instancia de la Sudamericana.
El resultado fue un equipo que tuvo dificultades para encontrar respuestas en distintos momentos del encuentro.
River necesita recuperar jerarquía en las dos áreas
Más allá de las cuestiones colectivas, el conjunto de Núñez también necesita recuperar futbolistas importantes. Sebastián Driussi, pronto a voler, cuando está al ciento por ciento, demostró ser una pieza vital para este equipo, tanto por su capacidad para atacar espacios como por la jerarquía que puede aportar en los últimos metros.
Los delanteros que llegaron para reforzar esa zona todavía no están a tono. Lucas Beltrán y Rafael Borré aún buscan recuperar su mejor versión y, mientras tanto, River atravesó una racha de cuatro partidos consecutivos sin convertir.
El dato sirve para explicar una parte de los problemas. Ante Argentinos, los goles llegaron justamente a través de dos futbolistas que no son centrodelanteros naturales: Montiel y Correa. Fue una señal positiva porque aparecieron recursos diferentes, aunque también una evidencia de que el equipo todavía necesita mayor regularidad de sus atacantes.
En la otra área ocurre algo similar. River necesita ser más firme para no depender de intervenciones individuales, errores ajenos o circunstancias favorables.
Dos partidos, dos muestras de lo que todavía falta
Los últimos encuentros dejaron sensaciones diferentes. Frente a Argentinos aparecieron algunos destellos de funcionamiento que permitieron recuperar la esperanza después de la peor racha del ciclo. Las nuevas figuras tuvieron incidencia y el equipo logró imponerse en el Monumental, algo que también significó un alivio desde lo emocional.
En Bogotá, todo pasó a otro plano. Las ausencias, la altura y las dificultades para armar el equipo condicionaron al Millonario, que terminó teniendo en los postes a uno de sus principales aliados. Primero había sido en el Monumental, cuando la pelota que buscaba el empate del Bicho terminó en el travesaño. Después, ante Santa Fe, los palos volvieron a aparecer para sostener el cero, junto con la falta de precisión de los futbolistas colombianos.
La fortuna también acompañó a River en estos dos últimos partidos, algo que había aparecido en el inicio del ciclo de Coudet. Cuando el Chacho llegó al banco, el juego todavía no terminaba de convencer, pero los resultados aparecieron y le permitieron al equipo avanzar hasta disputar la final del Apertura ante Belgrano.
Después de aquella derrota, todo cambió. Los problemas se acumularon, llegaron las derrotas y la confianza comenzó a deteriorarse hasta desembocar en una racha de seis caídas consecutivas.
Ahora, el escenario empieza a modificarse otra vez. Pero el aire conseguido no puede ser el punto de llegada: debe ser el punto de partida.
Los resultados que pueden ser el punto de partida
Coudet sabe que cuando los resultados acompañan, el trabajo puede realizarse con mayor tranquilidad. No es un detalle menor para un entrenador que, después de la derrota ante Tigre, reconoció que había puesto “la cabeza sobre la mesa” y que su continuidad estaba en juego.
El triunfo como local y el empate en Colombia le dieron margen. Ahora deberá utilizarlo para convencer a los hinchas desde otro lugar: con el juego.
El desafío será inmediato y exigente. River tendrá por delante a Vélez, líder de la Zona A del Clausura, y luego afrontará la revancha ante Independiente Santa Fe en el Monumental, con la clasificación a los cuartos de final de la Sudamericana en juego.
Son dos partidos que pueden marcar si la recuperación es real o si simplemente se trató de un paréntesis en medio de una crisis futbolística.
El equipo de Coudet consiguió algo que parecía indispensable para volver a empezar: dejó de perder. Ahora necesita dar el siguiente paso. Encontrar el mediocampo, recuperar a sus jugadores importantes, fortalecer las dos áreas y, fundamentalmente, construir una estructura que permita que Almada, Correa, Driussi y compañía puedan hacer la diferencia.
Porque los resultados ya comenzaron a aparecer. Lo que todavía necesita River es que el juego esté a la altura de ello
