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Ramón Díaz, en River Plate: a 30 años del inicio de una era dorada y eterna

Ramón Díaz, en una de sus tantas picantes conferencias de prensa cuando dirigía River Plate. Fotobaires

Con personalidad, títulos y una identidad que marcó época, Ramón Díaz dejó una huella imborrable en la historia de River Plate. Su ciclo iniciado un 8 de julio de 1995 transformó al club, y sus regresos en 2001 y 2012 reafirmaron su lugar como uno de los técnicos más ganadores de la institución.

Un conductor con acento riojano y alma "millonaria".

El golpe de timón

River vivía una etapa de transición. Tras algunos altibajos en el plano local e internacional, la dirigencia apostó en 1995 por un Ramón Díaz joven, sin experiencia en los bancos, pero con un profundo vínculo con el club. Con apenas 35 años, el exdelantero volvía a Núñez, esta vez como director técnico.

Pocos imaginaban que ese paso marcaría el inicio de una era dorada.

La construcción del equipo campeón

Su debut fue en la Copa Libertadores de 1995, donde River alcanzó las semifinales. Pese a la eliminación, el equipo comenzaba a mostrar señales de lo que sería: jerarquía, ambición, protagonismo. Con el correr de los meses, Ramón moldeó un equipo ofensivo, competitivo y con identidad.

Títulos y gloria: los hitos de su primer ciclo (1995–2000)

Durante cinco años al mando del equipo, River vivió uno de los períodos más exitosos de su historia. Bajo la dirección de Ramón, el club ganó: Copa Libertadores 1996, Supercopa Sudamericana 1997, Torneo Apertura 1996, Torneo Clausura 1997, Torneo Apertura 1997 y Torneo Apertura 1999.

Además de los títulos, potenció a jóvenes como Pablo Aimar, Javier Saviola, Juan Pablo Sorín, Hernán Crespo y Martín Demichelis, y comandó un plantel donde convivieron nombres como Enzo Francescoli, Marcelo Salas, Ariel Ortega y Marcelo Gallardo. Fue el regreso del “paladar negro” a Núñez.

Estadísticas del primer ciclo:

Partidos: 250

Victorias: 126

Empates: 66

Derrotas: 58

Goles: 452 a favor, 298 en contra

Segundo regreso: campeón y polémico (2001–2002)

Tras un breve paso de Américo Gallego, Ramón regresó a River en julio de 2001. En esta segunda etapa, logró rápidamente resultados: Subcampeón del Apertura 2001 y Campeón del Clausura 2002, con un equipo goleador (111 goles en 52 partidos) y contundente

A pesar de los buenos resultados y una propuesta ofensiva, su relación con la dirigencia —y con parte del plantel— fue tensa. River decidió no renovarle el contrato tras la conquista del Clausura. El cierre, abrupto, no opacó el título.

Estadísticas del segundo ciclo:

Partidos: 52

Victorias: 29

Empates: 14

Derrotas: 9

El tercer ciclo: títulos y una despedida triunfal (2012–2014)

Luego del descenso y el regreso a Primera, Ramón volvió a River por tercera vez, en diciembre de 2012. Se encontró con un club golpeado, necesitado de identidad y alegrías. No tardó en devolverle competitividad. Cabe recordar que en 2012, el Millonario volvía a la Primera División del fútbol argentino y estaba necesitado de buenos resultados.

Incluso, se recuerda el famoso gesto de "Yo no" de Ramón a la hinchada de Boca que ocurrió en el año 2013, específicamente el 5 de mayo, durante un partido en la Bombonera por la fecha 12 del Torneo Final, donde Boca Juniors y River Plate empataron 1-1, y la parcialidad local recordaba el descenso su eterno rival a la segunda categoría.

Hitos de aquel ciclo

Campeón del Torneo Final 2014, con un River que volvió a ser protagonista

Campeón de la Superfinal 2014 ante San Lorenzo, en San Juan

Triunfo histórico ante Boca en la Bombonera tras diez años sin ganar allí

La tercera etapa concluyó con una renuncia sorpresiva: el 27 de mayo de 2014, Ramón anunció que se iba "habiendo ganado todo lo que podía". Fue, sin saberlo, el cierre de su ciclo más simbólico.

Estadísticas del tercer ciclo:

Partidos: 66

Victorias: 30

Empates: 17

Derrotas: 19

El legado de Ramón

Con tres ciclos al frente de River, Ramón Díaz es, detrás de Marcelo Gallardo con 14 títulos, el segundo técnico más ganador del club. Conquistó 9 títulos oficiales y consolidó un estilo de juego ofensivo, intenso y con sello propio. Supo gestionar ídolos, potenciar juveniles y construir equipos que marcaron época.

Más allá de los números, su figura representa una conexión ineludible con la historia grande de River. Ramón no solo ganó: le devolvió al hincha el orgullo, el protagonismo y la identidad.