Ronald Koeman suele recordar que en agosto, cuando en una charla muy breve resolvió tomar la oferta de Josep María Bartomeu para hacerse cargo del Barcelona, "ya sabía cuál era la situación del club". Siete meses después de no aceptar una primera propuesta para sustituir a Ernesto Valverde porque tenía a la vuelta de la esquina como seleccionador holandés una Eurocopa que poco después se suspendería a causa del coronavirus, Koeman asumió la dirección del equipo azulgrana en plena tormenta, durante una crisis que, a todos los niveles, convirtió al club en un infierno.
Y supo salir airoso. Está aprobando, sobradamente, el reto. Siete meses, otra vez, pero ahora después de su llegada al Camp Nou, la figura del técnico recibe elogios y nadie se atreve a ponerle en cuestión. Si cuando comenzó la campaña electoral el nombre de Xavi Hernández se entendía como una amenaza indiscutible sobre él, llegando el entonces candidato Víctor Font a revelar que el banquillo, con él de presidente, estaba reservado al catalán, con el paso de las semanas el propio Font tuvo que recular y aceptar su equivocación. Joan Laporta, desde el primer día, dio por hecho que Koeman era su entrenador. Y hoy por hoy nada hace pensar que no lo sea la próxima temporada.
"Sabemos que todo cambia muy rápido", alertó el sábado el técnico, sin obviar que semanas antes ya había revelado que su contrato "es por una temporada más" en un claro aviso a los presidenciables de sus pensamientos. Y ahora, con Laporta ya al mando y a la vista tanto de los resultados como del crecimiento del equipo y el carácter futbolístico que se muestra en el terreno de juego, puede entenderse indiscutible que esa continuidad está asegurada.
"Ronald, ya sabes que tienes la confianza de esta junta directiva", le dedicó Laporta durante su discurso de investidura. Las palabras del nuevo presidente se toman como una sentencia certera. Tanto es así que el mismo entrenador ya empieza a dar forma al Barça del futuro, tal como admitió ante los periodistas descubriendo sus planes de reunirse con el dirigente y sus colaboradores más directos para empezar a planificar la plantilla de la próxima temporada.
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— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) March 20, 2021
GANADOR
Pero... ¿Se ganó Ronald Koeman esa continuidad cuando muchos le consideraron a su llegada simplemente como un entrenador 'puente' en el Barça? Doce años después de dirigir durante unos pocos meses al Valencia, del que fue despedido de mala manera, y con una carrera posterior sin grandes alardes y con un cese, también, en el Everton, hubo quien puso en duda su capacidad para hacerse cargo de un club con la grandeza del Barcelona. Probablemente sin atender a que la figura del holandés en el Camp Nou no era, no es, cualquier cosa.
"Cuando cruza la puerta del vestuario del Barça alguien como Koeman ya se entiende que no es un cualquiera. Su personalidad impone... Pero más aún la figura que representa", reveló a ESPN Deportes un ex futbolista azulgrana, avisando que en los interiores del Camp Nou su imagen sale reflejada en momentos muy recordados del club, y que de él se habló siempre con indiscutible cariño y respeto por lo que representó durante su etapa como futbolista trascendental del Dream Team.
"Los jugadores pueden no recordarle, pero saben quién es y qué es en el club. Y eso no es un detalle menor", resume este mismo ex jugador, quien avala 'desde el primer día' la dirección del técnico. "Llegas después de la peor derrota en la historia de la Champions; lo primero que debes hacer es despedir a un futbolista como Suárez y lo segundo empezar a proponer tus reglas. Eso no lo podría hacer cualquiera", solventó.
Koeman llegó, sí, con unas ideas muy determinadas que provocaron dudas en el entorno del club. Un esquema con doble pivote, sin extremos abiertos y con las líneas muy separadas provocaron que los resultados no fueran los esperados, el juego no alcanzase, ni de lejos, lo exigible y las críticas se multiplicasen.
El Barça llegó a protagonizar el peor inicio liguero en más de tres décadas. Derrotado a principios de diciembre en Cádiz, los números del conjunto azulgrana no podían ser más desoladores y la figura del entrenador comenzó a tambalearse. Fue cuando Víctor Font anunció su apuesta innegociable por Xavi Hernández, "haga lo que haga Koeman esta temporada" para, de repente, darse un vuelco a la situación.
El entrenador varió su sistema, los jóvenes, más allá de Pedri, comenzaron a responder, Messi se reenganchó, De Jong explotó y el equipo, el colectivo, dejó atrás las dudas y la depresión para entrar en una fase de crecimiento que ha variado la imagen que pudiera existir. Tanto que ni la eliminación en la Champions ante el PSG ha afectado la posición del entrenador.
"Hemos cambiado cosas y estamos en pleno camino" ha repetido el entrenador durante los últimos meses. Esos cambios ya se han dejado ver con lo que muchos consideran su primer éxito indiscutible: la apuesta innegociable por la juventud. Ha sido Araújo, Pedri, Mingueza, Dest y Ilaix... Y todo ello sin contar con el lesionado Ansu Fati.
La cantera ha dejado de ser un simple recurso de urgencia para convertirse en una apuesta firme, los resultados acompañan y al técnico ya no se le discute. Como en los inicios de Laporta en su anterior etapa con Frank Rijkaard, cuando en los momentos más críticos en su primer curso en el banquillo recibió el apoyo incuestionable del presidente, ahora Koeman ha recibido el mismo soporte institucional. Y esa es la mejor carta de presentación que se observa entre los aficionados.
Koeman firmó por dos temporadas y nada hace pensar que no las vaya a cumplir. Más aún, a la espera de cómo acabe este curso y a la vista del apoyo indiscutible mostrado por la plantilla podría empezar a sospecharse que el holandés tiene el futuro abierto para permanecer en el banquillo azulgrana más allá de 2023.
De Laporta, que en las siete temporadas que duró su primer mandato solo tuvo a dos entrenadores (Rijkaard y Guardiola), ya se sabe que es un presidente que gusta de la estabilidad deportiva, apuesta por los suyos y los defiende sin pestañear.
A partir de ahí puede entenderse que Koeman, leyenda indiscutible del barcelonismo, tenga el futuro asegurado en el banquillo del Camp Nou.
