Entrenador chileno y otras figuras del deporte ayudan en la reconstrucción tras devastador tornado en Kentucky

Luis "Chili" Pardo recoge un balón de fútbol de las ruinas de Soccer Factory. El entrenador chileno es dueño de las canchas bajo techo que fueron destrozadas por el tornado que azotó Mayfield, Kentucky, el 10 de diciembre de 2021. Ryan C. Hermens/Lexington Herald-Leader

MAYFIELD, Kentucky – El aire se sentía raro. No le gustaba a Luis "Chili" Pardo. No le agradaba la sensación de humedad sobre su piel que sentía dentro de Soccer Factory, la cancha techada que había inaugurado hace apenas un año.

Algunos padres se acercaron para hablar con él. Unos le sugirieron cancelar el resto de los partidos programados para esa noche. Dijeron que los meteorólogos advertían que se acercaba una tormenta. Por el contrario, otros padres se encogieron de hombros. Cada año, el occidente del estado de Kentucky es alertado del paso de al menos una docena de tornados.

Chili se sentía destrozado. Sería difícil reprogramarlos si cancelaba los últimos dos partidos. A pesar de vivir en este pueblo durante 20 años, sentía preocupación de que los padres creyeran que el inmigrante chileno era alarmista, alguien que se asustaba por una tormenta menor. Podía perder dinero. No mucho. Pero sí lo suficiente como para sentir dudas.

Chili veía a los niños jugar una partida de cinco contra cinco en la cancha de grama artificial, con el aire caliente, húmedo y pesado. El 10 de diciembre, la temperatura registró 72 grados Fahrenheit (22 Celsius), cuando debía estar entre 30 y 40 (-1 y 4). "Se sentía como si esperábamos un huracán en Miami", afirmó. "Así de caluroso estaba".

Del otro lado del pueblo, Luis "Fish" Ajanel vio su teléfono. Chili acababa de cancelar su partido previsto para las 9 p.m. "Tiene que ser un chiste", pensó. "Pero qué miedosos son. ¿Por qué todos se preocupan tanto?"

Frustrado, Fish envió un mensaje de texto a su compañero de equipo Gage Lynch, que conducía su auto para llegar al encuentro. "Ah, qué lástima. De verdad quería jugar", se dijo Gage antes de girar su auto para volver a casa.

Mientras Chili veía a padres e hijos tomar sus implementos para dejar la cancha, él y su esposa debatían si quedarse para ordenar las instalaciones y limpiar los baños. Pero a él no le agradaba la situación. No le gustaba cómo se sentía el aire. Chili instruyó a su esposa e hijos a que abordaran su auto. Tomaron una cena rápidamente, se dirigieron a casa para meterse en YouTube y ver fútbol. Fue entonces cuando los avisos de emergencia irrumpieron en sus teléfonos.

A instancias de su hija, la familia movió las sillas al baño y abrieron la aplicación del clima de su estación televisiva local. Los mensajes de los meteorólogos se hacían cada vez más urgentes, girando las manos sobre una sección del mapa al suroccidente de Mayfield, mientras apuntaban hacia lo que afirmaban era el patrón característico de un gigantesco tornado. El fenómeno ya había destruido múltiples edificios mientras se movía por el río Mississippi, incursionando primero en Tennessee y ahora, iba al estado de Kentucky. Los meteorólogos se daban cuenta de que el radar mostraba algo que nunca habían visto: una estela de escombros de más de una milla de ancho, dirigiéndose directamente hacia Mayfield.

"Seguían diciendo: 'Si están en Mayfield, ya es demasiado tarde'", dijo Gage, quien se refugió con sus familiares dentro del sótano de la casa de un amigo. "No intenten salir. Busquen refugio. ¡Busquen refugio! Si nos pueden escuchar, ¡busquen refugio!"

Fish, quien se encontraba en casa de su madre disfrutando de videojuegos en su teléfono, sentía molestia por las advertencias de emergencia que afectaban sus oídos. "Pensaba: 'todo el mundo habla de este tornado y cosas así'", afirma, "y yo pensaba: 'Tranquilícense todos'". Arrojó su teléfono y cerró los ojos para dormir.

Otro sonido punzante, emitido por el teléfono de Chili, estalló por toda la casa. El perro, frenético, saltó sobre los niños que ahora atestaban el baño. Escucharon un fuerte sonido de explosión. Todo se oscureció.

Fish se despertó con el sonido de los gritos de su madre.

APROXIMADAMENTE 90 PERSONAS fallecieron y docenas quedaron heridas, como consecuencia de lo que los pobladores han denominado como "El Tornado de los Cuatro Estados", que hace dos semanas azotó los territorios de Arkansas, Misuri, Tennessee y Kentucky. Se siguen agregando nombres al trágico listado a medida que siguen sucumbiendo, víctimas de sus lesiones. En Mayfield, las fotos ahora cuelgan sobre una cerca metálica, rodeadas de flores, frente a los restos del juzgado. Son los rostros de bebés pequeños, niños de primaria y al menos un hombre nonagenario. Se requirió de más de una semana de labores para encontrar los cuerpos de tres cazadores (incluyendo un joven de 12 años) enterrados en los restos de un motel en Reelfoot Lake, aproximadamente a 60 millas (96 Km) al suroeste de Mayfield. En Bowling Green, a más de 130 millas (209 Km) al nororiente, fallecieron siete miembros de la familia Brown (incluyendo cuatro niños, sus padres y abuela) cuando su casa fue arrancada de los cimientos.

Nueve personas que laboraban en la fábrica de velas de Mayfield perdieron la vida, y muchas más quedaron lesionadas por los escombros. En Mayfield y todo el país, se mantiene una feroz discusión luego de conocerse diversas informaciones periodísticas que indican que la fábrica de velas no permitió a sus empleados volver a casa para refugiarse ante la inminente llegada de la tormenta. Un medio nacional tituló: "Las muertes por el tornado en Kentucky revelan la prioridad de las ganancias sobre los trabajadores". La compañía afirmó que sus gerentes actuaron heroicamente y salvaron vidas. Ya hay una demanda en curso ante los tribunales.

Después del caos, surgen las historias de personas que tomaron decisiones de vida o muerte en aquella noche. En el caso de quienes sobrevivieron, hay historias de rescate y recuperación, de búsquedas y esfuerzos para enviar dinero y suministros, incluyendo juguetes para Navidad. Están los ex jugadores de la NFL, un umpire de Béisbol de Grandes Ligas, una potencia del fútbol americano de secundaria y uno de los mejores jugadores de baloncesto que esta población haya visto jamás.

Algunos se mudaron en busca de sus sueños; otros se quedaron para construirlos aquí. Actualmente, dos semanas después de la tormenta, todos recogen los fragmentos de esos sueños entre los escombros, encontrándose unos a otros, para ayudar a vecinos y amigos, e incluso a sus acérrimos rivales, en el momento de mayor necesidad en la historia de Mayfield.

HACE 20 AÑOS, LUIS "CHILI" PARDO llegó a Mayfield para practicar fútbol en la Mid-Continent University. La casa de estudios era tan pequeña que el entonces jugador pasó dos veces por ella en su auto, hasta que llamó a su entrenador para que le ayudara a conseguir el campus, porque no divisaba canchas o estadios. Solo tres pequeños edificios. Estaba preocupado, creyendo que había cometido un error.

Chili, criado en Chile, entrenó a los 10 años con la cantera del Hamburgo FC, cuando su familia vivió un año en Alemania. Después de volver a Chile, comenzó a jugar con una de las más prestigiosas academias de su país hasta cumplir 17 años. Sin embargo, seis años después de que su madre se mudara a Miami para mantener a su familia, Chili emigró a Estados Unidos con visa de turista para así estar más cerca de ella. Recibió varias ofertas para jugar con equipos de la MLS y USL; sin embargo, las propuestas se cayeron al no contar con visa de trabajo. Por eso, asumió un riesgo y se mudó a Mayfield, siendo uno de más de 12 estudiantes internacionales reclutados para formar parte del primer equipo de fútbol de la institución. (Eventualmente, la universidad se declaró en quiebra en 2014).

Chili llegó como parte de una afluencia de familias de origen hispano que se mudaban a Mayfield, en busca de oportunidades de trabajo en las granjas de tabaco que rodeaban la población y la industria avícola establecida en las cercanías. Así fue como Luis Fabián, entrenador de fútbol de la secundaria Mayfield, llegó aquí. Sus padres trabajaban en la productora de pollos del pueblo.

"Chili fue mi entrenador cuando jugaba con el club de mi secundaria", afirma Fabián. "Aún estaba en la universidad. Le vi jugar. Era un futbolista fenomenal".

En una ocasión, Fabián le preguntó a Chili por qué seguía en Mayfield, luego de cuatro años de exitosa carrera universitaria. Para Chili, era muy simple. Acababa de conocer a su esposa, una ciudadana americana cuya familia era conformada por emigrantes de México. La pareja expandió la pequeña empresa de restauración de autos de Chili, hasta incluir una agencia de autos usados, un taller mecánico y un restaurante.

"Éste es un pueblo donde sentía que era capaz de hacer algo", afirma Chili. "Si trabajas duro, puedes tener cosas. Puedes ser alguien".

Sin embargo, lo que Chili realmente quería era una cancha de fútbol en Mayfield donde pudiera laborar como entrenador. Utilizando parte de sus ahorros, Chili adquirió un terreno abandonado al lado de sus empresas. La propiedad se había convertido en relleno sanitario improvisado tras el incendio de una antigua fábrica de ropa en la década de 1940. Chili niveló la montaña de tierra, hasta convertirla en un campo plano con césped. Instaló el sistema de riesgo y soldó las porterías, todo por sí mismo.

Fish recuerda cómo pasaba habitualmente frente al terreno de Chili, admirando su trabajo. "La mayoría de los hispanos, sabes, llegan aquí y quieren ser alguien", afirma Fish. "Tenía 13 años y había visto que tenía una agencia de autos y el taller. Pensaba: 'También quiero tener algo así cuando sea mayor, porque quiero trabajar por cuenta propia'".

Para 2018, Chili entrenaba a jóvenes futbolistas en esa cancha. Pero en Mayfield hace frío, y Chili quería que sus equipos entrenaran todo el año, tal como él lo hizo en la cantera. Cuando los bancos le negaron préstamos para adquirir un edificio prefabricado, el entrenador volvió a asumir las riendas de la situación. Cavó hoyos para las vigas de acero. Aprendió a verter hormigón. Construyó cajas de madera que se convirtieron en arcos de fútbol sala. Intercambió un auto usado del inventario de su negocio por materiales de construcción.

"Lo construyó desde cero", dice Fish.

The Soccer Factory se inauguró en octubre de 2020. En cuestión de pocas semanas, Chili tenía 68 equipos juveniles con calendarios de juegos regulares, junto con una liga kínder y una academia juvenil. Jugadores oriundos de Tennessee e Illinois viajaban habitualmente hasta Mayfield para entrenar con él. Fabián enviaba a sus jugadores de secundaria, incluyendo a Fish, para trabajar en sus destrezas.

"Era algo importante, especialmente para nuestra comunidad hispana", afirma Fabián. Actualmente, los hispanos constituyen aproximadamente el 15% de la población de Mayfield. "Hay muchos miembros de la comunidad hispana que no pueden costear ir a otro sitio, o pagar para jugar con un club. Por eso, cuando [Chili] lo construyó, causó un gran impacto porque estaba dentro de la localidad".

Chili cobraba $5 a Fish y Gage por el derecho a practicar entre las 9 p.m. y la medianoche. "No le valía la pena en cuanto al aspecto monetario; simplemente, se preocupaba por nosotros y quería que tuviéramos un lugar seguro para disfrutar de nuestro juego", expresa Gage. "Las familias, niños pequeños. Muchas familias hispanas sólo venían a ver, porque sienten amor por el deporte del fútbol".

"No ganaba dinero con estas instalaciones, pero sí generaba un impulso", indica Patrick Adamson, presidente del club regional de fútbol Kentucky Elite. Adamson tiene un hijo que juega con un equipo entrenado por Chili. "Unía a las comunidades", expresa Adamson. "Tomó este punto muerto del centro de la ciudad y le dio vida".

Chili estipula que requirió de dos años y cerca de $250.000 en efectivo y varios tratos en especie. Cuando su aseguradora le indicó que debía contratar una póliza por al menos $580.000, o lo que costaría construir un sustituto prefabricado, Chili respondió que no podía costear semejante prima. Pensó que quizás podía hacer algunas mejoras después de la primera temporada. Afirmó que la corredora de seguros le indicó que intentaría conseguir otra empresa, prometiéndole que volvería a llamar.

Chili seguía esperando su llamada cuando el tornado llegó a Mayfield.

HAL "TRIPP" GIBSON III tenía 16 años cuando pasó todo su verano pintando la plaza del palacio de justicia de Mayfield. "Mi abuelo era propietario de aproximadamente el 90% de la plaza", afirmó. "Así que lo hice yo, con tres niveles de andamios, un rodillo y un montón de pintura".

Ese verano, Tripp entendió que no quería ser pintor o involucrarse en el negocio familiar, administrando propiedades en alquiler. Sin embargo, será el primero en contar que su abuelo utilizó los ingresos por arrendamientos para prestarle a Tripp el dinero necesario para pagar la escuela de umpires. Tripp trabajó en Ligas Menores hasta ascender a las Mayores. Recientemente, estuvo detrás del plato en el Juego 1 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional entre los Atlanta Braves y Los Angeles Dodgers.

El negocio familiar le aportó a Tripp diversos conocimientos sobre la geografía del pueblo. Conoció, de cerca y en persona, como se veían casi todos los edificios del centro de Mayfield.

"He conducido por estas calles miles de veces. Cientos de miles de veces. Pero me perdí", afirma. "Las señales de las calles desaparecieron. Muchos edificios que le daban significado a Mayfield, como el palacio de justicia, el departamento de bomberos y el comando policial, todos los edificios cercanos al tribunal fueron destruidos. Y sin esos edificios, pues no sabes dónde te encuentras".

"Me tardé un minuto en darme cuenta del edificio donde estaba la oficina de mi padre", expresó. "No pude reconocerlo por un tiempo. Entonces, comencé a reconocer artículos dentro de los escombros. Muchos suvenires de béisbol, de mis años en Menores y Grandes Ligas".

Tripp abordó un avión tan pronto como pudo, con la intención de desenterrar al pueblo de su destrucción. Una de las inquilinas de su padre estaba enterrada bajo los restos de su residencia. Salió arrastrándose de un hoyo, sobre sus manos y rodillas. Otro se refugió dentro de su armario, para luego salir y encontrar que el resto de su casa había desaparecido. La familia de Tripp perdió al menos 20 edificaciones, incluyendo toda una cuadra llena de negocios en pleno centro de la ciudad, ubicada a una esquina del juzgado.

Imágenes satelitales del centro de Mayfield, Kentucky, antes y después del tornado que destrozó el área el 11 de diciembre de 2021.

El tornado atravesó el centro de la ciudad, entre las dos escuelas secundarias de la región, moviéndose del suroeste al noreste. La torre de agua de Mayfield ahora está desparramada por el suelo, como una araña muerta. La secundaria Mayfield perdió 20 autobuses escolares; o sea, la totalidad de su inventario. Lo poco que queda del centro de la población ha quedado envuelto en afiladas envolturas de tejados de metal corrugado. Hay metal por todas partes, retorcido alrededor de postes telefónicos divididos, edificios rotos y fragmentos esqueléticos de árboles, que cuelgan de sus cadáveres como si no fueran más que hojas de papel de aluminio.

No obstante, si hay algo que caracteriza a los tornados es que, muchas veces, los peores daños son aquellos que no se pueden ver. Donde no queda nada, excepto una losa de concreto, que sirve como mudo testimonio del poder de este torbellino. El Servicio Climatológico Nacional de Estados Unidos indicó que la tormenta se extendió por los aires en un espacio de más de 30.000 pies; o sea, la altura máxima que puede alcanzar un avión comercial. Se han encontrado talonarios de cheques y fotos de graduación pertenecientes a esta zona, a una distancia de aproximadamente 100 millas al noreste de esta población.

El tornado no afectó a la casa de Gage. Sin embargo, tan pronto como vio las imágenes que comenzaron a surgir en redes sociales, tomó su motosierra y otros implementos para meterlos dentro de su camioneta. Eventualmente, debió dejar el vehículo e ir al centro a pie, porque las vías estaban llenas de escombros. Adicionalmente, empezó a sentirse desorientado, sin certeza del lugar donde se encontraba, pisando cuidadosamente los clavos y otros objetos afilados que pululaban en el sitio.

Cuando cruzó la esquina, Gage pudo ver un objeto vede neón que se reflejaba en él. Tardó varios minutos en darse cuenta de que era un pedazo de grama artificial. Al volver a cruzar, Gage vio unos escalones de concreto que conducían a una losa de hormigón. Pero donde debía estar una puerta... no había nada. Absolutamente nada.

"No había un sanitario, ni nada que quedara en pie", dijo Gage. "No había nada que se pudiera esconder atrás".

Y fue en ese momento que su mente lo entendió. Estaba ubicado en el mismo sitio donde tenía previsto jugar fútbol cuando la furia del tornado pasó por su pueblo.

Había llegado a The Soccer Factory.

APROXIMADAMENTE 22 HORAS después del impacto del tornado, Chris Vogt se preparaba para jugar contra Ohio State. El pívot del equipo de baloncesto masculino de la Universidad de Wisconsin, de 7 pies y 2 pulgadas de estatura, pasó toda la mañana enviando mensajes de texto frenéticamente. Los amigos que estaban en su terruño le confirmaban que la casa de sus padres seguía en pie y que ningún conocido había muerto.

Pero Vogt quería hacer algo. Tenía que hacer algo. "Mis pensamientos se aceleraron antes del partido", afirma. "Tuve ciertas dificultades, intentando jugar con la mente despejada. Es difícil hacerlo".

Después del partido, mientras se dirigía al autobús del equipo, Vogt pensó en una solución. Le preguntó al representante operativo del equipo si las reglas de la NCAA le permitirían recaudar fondos para ayudar a Mayfield. Tras conocer que la normativa se lo permitía, Vogt comenzó a investigar cómo crear una cuenta en la web GoFundMe. "Al momento que nuestro avión aterrizó en Madison", expresó, "ya estaba activa y lista para funcionar".

Vogt esperaba recaudar $10,000. Hasta la fecha, la campaña ha recogido más de $180,000. Probablemente, esta sea la cuenta de GoFundMe más conocida entre aquellas dedicadas a ayudar a los sobrevivientes del tornado.

Joe Morris, director atlético y entrenador de fútbol americano de la Secundaria Mayfield, afirmó que nunca había visto algo similar. "Gente donando el dinero que tanto le ha costado ganar", afirma. "La gente sigue preguntando '¿Qué podemos dar? ¿Qué podemos hacer?'".

"Prácticamente todos los entrenadores de fútbol americano del estado se pusieron en contacto conmigo", dijo Morris. Fabián asentó con la cabeza. También considera que todos los entrenadores de fútbol del estado de Kentucky le han preguntado cómo pueden ayudar.

Los equipos de baloncesto de Murray State, Kentucky y Louisville han organizado eventos benéficos. La secundaria Beachwood, que venció en los playoffs de fútbol americano de este año a Mayfield, envió una camioneta con donaciones y posteriormente, enviaron más. "Enviaron cinco camionetas llenas de cosas, también un cheque bastante generoso", expresó Morris. "Son un grupo de gente con clase".

Los soldados de la Guardia Nacional de Kentucky cargan cajas para dejarlas en el gimnasio de la escuela, donde los maestros y otros miembros del personal del centro de estudios las clasifican en diversas secciones. La esposa del director organiza piezas de ropa en pequeñas pilas sobre las tribunas de la cancha de baloncesto. Su joven hija ubica baterías sobre una mesa. Fabián trabaja cerca de los pañales y otros artículos para bebé, ayudando a las víctimas del tornado a encontrar lo que necesitaban. Uno de los exjugadores de Morris se dirigió en auto desde Virginia para cargar botellas de agua y artículos en vehículos dispuestos para ayudar a aquellos que ya no tenían auto.

Lo primero que ambos entrenadores hicieron tras la partida del torneo fue contactar a sus estudiantes. Conocen de al menos dos jugadores de fútbol americano que perdieron sus hogares. Un futbolista perdió toda su casa, otro perdió un techo. Tanto Morris como Fabián han visto a algunos de sus estudiantes ingresar al gimnasio con sus familiares, en busca de víveres y otros enseres.

Pero nadie ha visto a Fish.

LA LLUVIA ES incesante. Cae y cae. Desciende por la escalera, mediante una grieta donde solía estar el segundo piso. Sopla para meterse por los agujeros donde explotaron las ventanas. Gotea sobre la pintura en aerosol naranja que sirve de testimonio de que esta casa fue registrada y posteriormente clausurada.

Fish y nueve de sus familiares han vivido en esta casa en distintas épocas durante su época de adolescente. Es la casa de su tía. Fish y su hermano Little Fish pasaron gran parte de su tiempo en este lugar. Se encuentra a una cuadra de las canchas de fútbol propiedad de Chili.

Fish y su hermano fueron apodados por Fabián, que se llama Luis (al igual que Fish) al igual que dos otros chicos que jugaban en su equipo de secundaria. Con la intención de evitar confusiones entre sus jugadores en la cancha, Fabián bautizó al joven como "Fish" en honor al futbolista guatemalteco Carlos Ruiz, dueño del récord histórico de la MLS de goles en postemporada y también conocido como "Pescado".

La familia de Fish emigró de Guatemala. "Trabajan en granjas, cosechando calabazas, tabaco, tomates, fresas. Hacen, sabes, trabajo manual muy duro", afirma. "Van donde haya oportunidades para hacer dinero porque, sabes, no podemos trabajar bajo la mira del gobierno, porque nos deportarán".

Sienten miedo, según afirma Fish, de ir a sitios como la secundaria Mayfield y la Cruz Roja en busca de ayuda. "Sentimos miedo que, si pedimos ayuda, el gobierno podría utilizarlo en nuestra contra".

Fish afirma que su tía vive en una zona del pueblo predominantemente hispana. Ninguna casa ubicada en un radio de tres cuadras logró sobrevivir. Fish expresa que muchos de sus vecinos también sienten miedo de pedir asistencia.

"Nuestra iglesia ha sido lo más útil posible", indicó. "Nos dieron un generador eléctrico y una motosierra".

Mientras la familia camina por los restos de lo que solía ser su cocina, su tía comenzó a llorar.

"Ella dijo: 'Trabajé tan duro en esto, y ahora todos mis años de trabajo se fueron", expresó Fish, traduciendo las palabras de su familiar. "Dice. 'Mi casa solía ser tan hermosa. Ahora, está fea'".

Una familiar cercana fue rescatada de los restos de la fábrica de velas; sin embargo, el tren inferior de su cuerpo se lesionó a consecuencia del colapso del edificio. Sigue hospitalizada.

Fish quería ir a la Universidad de Louisville para obtener el título de contador. Sin embargo, ahora la idea de cursar estudios parece imposible, al igual que el difícil cálculo de los recursos necesarios para reconstruir la casa de su tía y reparar la residencia de su padre, que también quedó inhabitable tras el paso del tornado. Como nació en Mayfield, Fish es uno de los pocos miembros de su familia que es ciudadano estadounidense y habla inglés con fluidez. Se pregunta en voz alta si podría acudir a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) en nombre de su familia. "Si voy a FEMA y, sabes, consigo un cheque por $10,000, ¿eso acabaría con mis posibilidades de ir a la universidad y optar a un crédito educativo?".

El chico que ignoró las advertencias de tornado y cayó dormido durante la peor tormenta en la historia de su estado natal se ha desvanecido. En su lugar, queda un joven que carga con el pesado fardo de cuidar a su atemorizada familia.

"¿Cómo vas a conseguir $210,000?", preguntó. "Eso no le sucede a gente como nosotros".

GEORGE WILSON JUGÓ por 10 años en la NFL, principalmente con los Buffalo Bills y Tennessee Titans. El fornido profundo sumó 525 tackles y suficientes intercepciones como para concretar algunas anotaciones. Sabe cómo se siente triunfar. También sabe lo que se siente al perder. Especialmente contra la secundaria Mayfield.

"Uno de mis mayores y peores recuerdos de arrepentimiento es no haber podido ganar a Mayfield", expresó con una risa discreta. "¡Teníamos récord 1-3 cuando jugaba en secundaria!".

El exjugador de los Baltimore Ravens Bryan Hall soltó una carcajada, con un fuerte sonido que casi parecía un grito. "¡Teníamos récord 3-1 cuando yo jugaba en secundaria!"

Ambos hombres vistieron el uniforme de la secundaria Paducah-Tilghman, aproximadamente a 30 minutos al norte de esta población. El equipo de esta escuela ha chocado con Mayfield en el terreno de fútbol americano por más de 110 años, lo que le convierte en una de las rivalidades entre escuelas secundarias más longevas de todo el país.

Y en la mayoría de las ocasiones, Mayfield sale victoriosa. Se ubica en el cuarto puesto del ranking histórico nacional en triunfos, según indica Morris. La escuela ha ganado 12 campeonatos estatales, quedando en el segundo puesto en otras 12. Morris es responsable de seis de esos campeonatos. Su padre Jack puede ufanarse de otros cuatro.

"Es algo que los ex rivales siempre nos recuerdan cada vez que nos topamos con ellos", afirma Wilson, mientras Hall incrementa el volumen de sus carcajadas. "Que nos vencieron y dominaron. No importa que ambos hayamos jugado como profesionales. Siguen diciendo: 'Oye, te gané en secundaria'".

"Existe un historial de actos vandálicos contra la propiedad en ambas escuelas", afirma Wilson con una sonrisa socarrona, provocando que Hall casi se doblara con su risa adictiva. "Definitivamente, somos archirrivales en la cancha de fútbol americano".

De repente, Wilson dejó de reír.

"Sin embargo, ahora hemos dejado todo eso a un lado", indica. "No hay rencillas. Seamos claros: esta es una rivalidad, pero existe un nivel de respeto y cariño mutuo entre ambos bandos. Esa es la razón por la que vinimos a ayudar a esta comunidad".

Robert Daniel, ex jugador de fútbol americano de la secundaria Mayfield y que jugó bajo las ordenes de Morris, fue uno de los fallecidos en la fábrica de velas. Los testigos afirman que Daniel, carcelero adjunto, utilizó su cuerpo para proteger a los internos que vigilaba como parte de un programa laboral externo. Todos los reclusos sobrevivieron.

Isaiah y Bobby Holt, exjugadores de fútbol americano de la secundaria Paducah-Tilghman, también se encontraban dentro de la fábrica de velas. Hall jugó con Isaiah y afirmó que ambos hermanos fueron trasladados en ambulancia aérea a Nashville, donde Bobby se encuentra en estado de coma inducido.

"Estaba en Baltimore, llorando hasta quedarme sin lágrimas, cuando vi lo que ocurrió", afirma Hall. "Decía: 'Oye, George. Hombre, sabes que debemos unir esfuerzos y hacer algo para ayudar a nuestra comunidad".

Hall utilizó las conexiones que hizo durante su paso por la NFL en Baltimore para recaudar donaciones en dinero en efectivo para adquirir nuevos juguetes para Navidad. Wilson estaba en Paducah y obtuvo artículos nuevos y esenciales, como productos de higiene personal y herramientas electicas. Juntos utilizaron los recursos de la SAFETY Foundation, constituida previamente por Wilson, con la finalidad de reclutar voluntarios para su distribución.

Mientras Morris veía en gesto de sincera gratitud, los dos exjugadores de la NFL descargaban tres camionetas y dos semi camionetas dentro del estacionamiento de la secundaria Mayfield. Hall y seis excompañeros de la secundaria Paducah descargaban juguetes, mientras Wilson movía paletas apiladas a más de 15 pies de altura. Sus exentrenadores y profesores apilaban las donaciones sobre las mesas allí dispuestas. Saludaron a una fila conformada por más de 200 sobrevivientes del tornado.

Y allí, encabezando la fila, se encontraba la familia de Fish.

"Corrimos la voz entre las iglesias hispanas, asegurándoles de que se sintieran cómodos aquí", afirma Wilson. "Dijimos que ésta era una zona segura. Todos están a salvo. Lo suficientemente seguros como para salir de las sombras, sin tener que preocuparse por esos asuntos".

Más de una semana después del tornado, la tía de Fish finalmente pidió (y recibió) el taladro que Fish afirmó que necesitaban con desesperación. Su madre pidió papel sanitario y toallas de papel. Su hermano y jóvenes primos vieron la montaña de juguetes que tenía Hall. Sus ojos prácticamente se salían de sus cabezas con tanta emoción. Little Fish cargaba una caja con un pequeño árbol de Navidad artificial.

Todos en la familia sonreían, excepto Fish. Buscaba algo que no podía conseguir. Cuando Hall le preguntó que necesitaba, Fish respondió que intentaba encontrar los regalos que realmente querían sus primos menores, aquellos demasiado pequeños como para entender la magnitud de lo sucedido.

Hall se dio la vuelta, pidiéndole a Fish que le siguiera. Corrió pasando por las pilas llenas de donativos, saltando por encima de una fila baja de juguetes. El campeón del Super Bowl se agachó, con una mano pegada al suelo, en una pose sumamente similar a la que aprendió en el campo de fútbol americano. Rebuscó en una caja antes de desenterrar, precisamente, los mismos juguetes que Fish esperaba conseguir.

"No todos los días ves a alguien donar $100,000 en obsequios para la gente", dice Fish. "Simplemente, no lo ves".

Cuando se acercó Wilson, el adolescente le explicó cuánto todo eso significaba para su familia. "Hemos tenido personas que nos dicen que necesitan una identificación o un número de Seguridad Social para recibir donativos", le dijo a Wilson. "Gente que no habla inglés, que lo ha perdido todo, sabes. Intentan recibir cosas, pero no pueden".

"Nosotros no somos así", afirma Wilson, con la promesa de organizar más distribuciones "improvisadas", similares a esta. "Entiende que ésta es una zona segura", comentó a Fish. "No hay nada por qué preocuparse. Puedes decirles a todos tus amigos, los miembros de tu iglesia, tus vecinos, a quien necesite asistencia. Si tienes una necesidad, eso es lo único que nos importa".

Después, Wilson abrazó a Fish, mientras le decía al adolescente: "Gracias por venir hoy. Gracias por ser un gran ejemplo. Por ser lo que queremos que nuestros jóvenes sean. Gracias por ser un líder aquí, en esta comunidad, durante este momento tan duro y difícil".

Fish, que mantuvo un rostro con expresión estoica durante todo lo sucedido, dejó que la emoción lo abordara tras el abrazo.

"Necesitamos más gente como él", dijo mientras George ayudaba a otra familia. "Si tuviéramos más gente como él, este mundo sería un lugar mucho mejor".

A PESAR DE LA GRAVEDAD de la situación, Fish sabe que todo pudo haber terminado mucho peor.

"Debí morir", afirmó.

De haber estado aquella noche en The Soccer Factory, Fish sabe que él, Gage y sus compañeros habrían ignorado las alertas de tornado para seguir jugando.

"El partido tenía previsto comenzar a las 9", dice Gage. "El tornado hizo impacto poco después. Por eso, estaríamos jugando, habríamos estado sobre la cancha jugando fútbol. No lo hubiéramos visto llegar".

Esa noche, se suponía que Fabián estaría allí junto con su hija de 3 años.

"Pude morir", afirmó. "Me alegra que Chili cancelara esos partidos, porque habríamos tenido muchas personas heridas, o, ya sabes…"

Es incapaz de terminar la frase.

"Me pongo a pensar: '¿Qué habría pasado si Chili no cancela el partido?'", se pregunta Fabián. "Muchas cosas pasan por tu mente. He besado a mi esposa. Beso a mi hija. Estoy realmente agradecido".

Hizo una pausa. "Ese es mi Dios", prosiguió. "Somos verdaderamente bendecidos".

Ésta es una comunidad profundamente religiosa. Gage, que desea dedicar su vida al ministerio, afirma que el aire caluroso y húmedo le envió un mensaje a Chili. "Creo que el Señor le hablaba a Chili, diciéndole que no hacía falta que se jugara el partido esa noche", expresó. "Dicen que ha muerto mucha gente, y así ha sido, pero también hay mucha gente que pudo haber fallecido y no fue así".

"Definitivamente pudo haberse producido una gigantesca pérdida de vidas en la Soccer Factory", expresa Morris. "Una gigantesca pérdida de vidas. Creo que Dios le dijo a Chili: 'No lo hagas'. No lo hagas".

"Es un milagro. Todo un milagro".

Para Adamson, el padre de futbolistas, todo se asemeja mucho al bíblico Libro de Job. No está seguro del por qué se somete a gente buena, gente como Chili, a pruebas de semejante calibre.

El taller de refacciones automovilísticas de Chili se ha convertido en un infierno surrealista. Docenas de vehículos quedaron volteados y destruidos. Un poste telefónico se partió contra el casco de otro vehículo. Los autos fueron atravesados por gigantescos armazones de acero y vigas de madera, perforando sus cuerpos de metal como agujas sobre la piel.

"Parece que todos los autos se apilaron, uno sobre otro", afirmó Vogt sobre lo visto en el taller de Chili. "Es una vista increíble".

Se requerirá el uso de gigantescas maquinarias para quitar los afilados escombros y retirar los autos. Sin embargo, siente desespero por evitar mantener las excavadoras y grúas lejos de los restos de su cancha de césped. El sistema de riego que tanto le costó instalar es lo único que el tornado no logró destruir. Chili aspira utilizar la cancha para jugar una liga primaveral. Quiere que sus futbolistas sigan entrenando. Para darles algo normal a lo que pueden aspirar.

Chili quiere darles un escape a chicos como Fish y su hijo, aunque sea por poco tiempo, para dejar de pensar por un rato en un proceso de recuperación que todos saben que tomará varios años.

Sin embargo, Chili requiere de porterías y balones. Ya se creó una página en GoFundMe a beneficio de The Soccer Factory, y Adamson espera que un equipo de la MLS done algunos implementos.

"Porque necesitamos que el fútbol ayude al fútbol", indicó.

Sin embargo, Adamson y el resto de las familias de los jugadores de Soccer Factory no están de brazos cruzados esperando ayuda. Al igual que ahora lo hacen tantos otros en el occidente del estado de Kentucky, se pusieron sus guantes y empezaron a trabajar. Los adultos alzaban objetos pesados como el techo corrugado, mientras los chicos se ponían a ras de césped para recoger clavos y restos de vidrio. Más de 60 personas asistieron para limpiar la cancha.

Pocas horas después de iniciadas las labores de limpieza, Chili encontró uno de sus balones.

"El balón se ve bien", dijo Chili con cierta sorpresa en su voz. "Sigue inflado. Entonces, mi pequeño, mi niño de 6 años, dice: 'Lánzame el balón'. Entonces, se lo lancé".

Y sin ninguna advertencia ni preparativos previos, sobre la árida losa de concreto sobre la cual solían estar las instalaciones de The Soccer Factory, los niños comenzaron a jugar al fútbol.