Lo dije en mi cuenta de Twitter (@xosean para los que gusten echar un ojo) durante el Gran Premio de Malasia y lo repito ahora: La Fórmula Uno está descafeinada, sigue siendo la F1, pero ya no quita el sueño.
En este mismo espacio hace 15 días alabábamos el inicio del Gran Circo, porque la carrera de Melbourne había tenido momentos de éxtasis, sobre todo gracias a Valtteri Bottas, pero creo que fue una exaltación precoz provocada por la larga abstinencia de placer automovilístico. Parece que la verdadera cara de la categoría la vimos cerca de Kuala Lumpur: y es la cara de la frigidez competitiva, y que no se refiere a una castración de intenciones en los pilotos, que quede claro.
¿De qué nos sirve tener a los mejores pilotos del mundo si casi no hay duelos entre ellos? ¿Cuál es el chiste de tener a los equipos más poderosos si en aras de que no se acabe el combustible limitan la agresividad de sus volantes, porque la primera preocupación es terminar la carrera?
Creo que cualquier aficionado dejaría de reclamar por la antiestética reglamentación que hizo de los monoplazas, unos homenajes a Calamardo y Gonzo (en el mejor de los casos, porque hay interpretaciones no aptas para menores, por los ridículos morros o narices de lo autos), incluso pasarían por alto el sonido de secadora de pelo de los motores turbo, si en la pista se vieran rebases, agarrones y la competitividad estuviera en todos lados.
Pero no, la F1, al menos en el circuito de Sepang, no se ve como F1, no se oye como F1 y no actúa como F1.
Para los aficionados del continente americano, que se desmañanan o desvelan para ver el Máximo Circuito, lo de ayer fue una invitación a buscar la querencia de las sábanas.
Un dominio tremendo de Mercedes, que habría sido somnífero de no ser porque, salvo una salida de pits de Fernando Alonso sobre Daniel Ricciardo, el respectivo rebase del español sobre Nico Hulkenberg (¡hasta la vuelta 53 de 56!), un contacto fortuito entre Kevin Magnussen y Kimi Raikkonen, y un "te estoy dice y dice" de los Williams, la pista era territorio modelo de la ONU, porque todo era paz y el fanático paga por ver guerra, en el buen sentido de la palabra, obviamente.
¡No se puede alimentar a una horda de seguidores con un ataque de Alonso a Hulkenberg y nada más!
El límite de consumo de los autos a 100 kilos de combustible por carrera, lejos de provocar una planeación estratégica de los Grandes Premios ha provocado el catenaccio del automovilismo. Los equipos piden a sus pilotos conservar las posiciones, adelgazar la mezcla que llega a los V6 Turbo, no vaya a ser que no terminen.
Aunque hay dos tipos de neumáticos por fecha, al no haber reposte de gasolina, la elucubración de los ingenieros de carrera se limita a "ve lo más rápido que puedas, pero no tanto porque no llegamos".
En México diríamos en términos futbolísticos (por favor, no me linchen por mezclar deportes) que la F1 mete el "camión atrás" o que adopta al estilo Helenio Herrera, dirían los argentinos. Claro que esto requiere un desarrollo de una mayor eficiencia de los motores para que con esos 100 kilos puedan correr a tope y les sobre para llegar a la meta. Sólo que para que eso aún no sucede. Saborear una estrategia tipo CART de finales de los 90's es imposible.
Sobre las bajas y agudas narices de los monoplazas, no quiero ser ave de mal agüero, pero el choque entre Kamui Kobayashi y Felipe Massa en la arrancada de Australia, donde el japonés se metió debajo del Williams, me hace sentir mucho temor de lo que puede provocar ese diseño en impactos de ese tipo.
AHÍ VIENE RED BULL
Una vez dado el grito en la ventanilla de quejas del Ministerio de Desahogo, creo que hay algunos puntos que marcar con plumón flourescente:
1.- La recuperación de Red Bull a lo que parecía un mal congénito de diseño en el RB10, ahora parece una gripe de la cual casi han salido.
Sin ser Mercedes, los autos de Vettel y Ricciardo fueron lo segundo más rápido en calificación y carrera. Lo dicho, nunca hay que dar por jubilados a Adrian Newey y su tetracampeón ni por dormido a Renault.
2.- ¡Qué piloto es Hulkenberg! Se agradece verlo, por la casta y las manos que tiene. A los románticos nos hace pensar que ese, cada vez más reducido, espacio que deja la tecnología al hombre para marcar diferencia, aún es lo más importante dentro del coche.
Lo bien que se ve Hulkenberg raspa sólo porque contrasta con lo mal que le ha ido a Sergio Pérez. El alemán no tiene la culpa y su trabajo es aplastar a su coequipero, pero lo de Malasia fue descorazonador para Checo.
Fallas en la caja de cambios malograron, ya no su carrera, ni siquiera pudo largar. Todo pareciera indicar que las nubes negras que amenazaron con lluvia en Sepang no eran otra cosa que el sino de malasuerte que persigue al mexicano.
Suponemos que esto no será más que una racha negativa y que su equipo le dará un auto que al menos pueda seguir al "pacecar" y que no haga el ridículo en la parrilla, ya que Hulkenberg tiene uno que anda. Esto no va a pasar en las 19 carreras, porque diríamos "no tiene la culpa el Force India, si no el que lo hace su compadre", así que Pérez debe entregar buenas cuentas y estar a la altura de Nico, una vez que el "gafe" lo abandone, y esperemos que eso sea en Bahrein.
3.- Esteban Gutiérrez padece, lo que es muy posible que sean pésimas decisiones técnicas y de recursos humanos en Sauber. La salida paulatina de elementos como James Key han llevado a la baja a un equipo que hace no mucho era el primero de los de "media tabla".
Ni 'Guti' ni Adrian Sutil pueden hacer mucho con lo que han tenido en las manos, porque una cosa es que "los fierros no tengan palabra de honor" y otra el papelón de abandonar en penosas condiciones ambos autos.
4.- Ferrari, en una analogía cromática, ha pasado del rojo fuego a un rosa infantil que ya raya en la ternura. ¿Acaso nadie se ha dado cuenta en Maranello que no importa que tengas dos "caballos" de la más purasangre y linaje como Alonso y Raikkonen, si tu departamento técnico no es capaz de producir un auto a la altura del apellido que porta.
Odio a los periodistas que piden cabezas, pero hoy me odiaré y diré que alguien haga un limpia en Ferrari, o ¿cuántos millones de euros y años se necesitan para tener un monoplaza ganador con un presupuesto como el de los italianos?
5.- Las órdenes de equipo en Williams rescataron las agallas adormecidas de Massa y ya por eso me parecieron buenas y mejor aún que Felipinho no las siguiera.
En fin, esperemos que se invente un "escandalizador" para los motores, que nos dejen de dar un deporte deslactosado y que podamos saborear una F1 "entera" rica en "gracias".
