Corría el año 1997 cuando la Selección Uruguaya deambulaba por las Eliminatorias para el Mundial de Francia 1998. La Celeste quemaba. Con el equipo a punto de quedar eliminado, la AUF recurrió al bueno de Roque Gastón Máspoli. Un hombre respetado y admirado. Un señor.
Don Roque tomó el equipo y subió a la altura de La Paz para enfrentar a Bolivia. Una noche, previo al partido, los dirigentes se pusieron a jugar al truco con algunos integrantes del cuerpo técnico. Allí estaba Don Roque, como uno de los protagonistas de la mesa. El DT de la Celeste perdió la partida y se enojó sin percibir que estaba en la altura y que sus efectos pasan factura. Y debieron llamar al médico, según revelaron los dirigentes que formaron parte de la mesa, para asistirlo porque se había agitado. Así era Roque. Ganador. No quería perder a nada.
La historia de Máspoli se comenzó a escribir como la de la inmensa mayoría de los niños uruguayos, en el baby fútbol. Roque jugaba en el Parnás de la Aguada cuando un allegado de Nacional invitó al número 5 del cuadro a practicar en Nacional. Como el chiquilín no quería ir solo, llevaron a Roque.
“Participamos 57 aspirantes y quedamos tres elegidos por Don Ondino Viera: Gorlán -que jugó en Nacional y Liverpool-, Alberto Fernández, hermano de Enrique, y yo”, rememoró Máspoli en Estrellas Deportivas de El Diario.
Era el año 1933 y Roque apenas tenía 13 años cuando se sumó a los aurinegros. Fue campeón en Tercera División y alternó en la Reserva. Tres años después se creó la Tercera División Especial donde comenzó a jugar permanentemente hasta ir ascendiendo. A partir de entonces el técnico del primer equipo, Ondino Viera, lo incluía en los trabajos de Primera. “Me ponía en el triángulo final del primero en las prácticas junto a los monstruos sagrados que eran el Mariscal Nasazzi y Domingo Da Guía, a quienes yo admiraba”.
Máspoli admitió que, por ese entonces, ganarse un lugar en el primer equipo de los tricolores era imposible. Por eso, cuando Nacional sumó al golero de Liverpool, Barboto, no dudó en irse al club de Belvedere. “Tenía 21 años, era titular, anduve bien y me convocaron para la Selección como suplente”, recordó. Peñarol y el Mundial de 1950 En 1941 Roque cumplió su sueño. Peñarol adquirió su pase y pudo sacarse el gusto de jugar en el club de sus amores. “Lo curioso de mi trayectoria en Nacional era que yo siempre había sido de Peñarol y, además, fanático. Mi padre igual, pero nunca me dijo nada en ese sentido. Lo único que lamento fue que mi padre no me pudo ver pues años antes había fallecido en un accidente de trabajo”, comentó a El Diario.
Su primer título con Peñarol lo ganó en 1944 cortando una racha de Nacional. Y mientras desarrollaba su actividad en los carboneros defendía el arco de la Selección con la que comenzó a ser titular en 1943 luego de un amistoso contra Argentina en Buenos Aires.
“Estaba alternando en el arco de Peñarol con Pereira Natero, ya que venía de una fractura de tibia y peroné, cuando se nombró la selección para jugar el Mundial. Es más, me acuerdo que en ese preciso momento estaba jugando en Reservas. Y el técnico me convocó como suplente de Aníbal Paz. Se jugaron varios partidos amistosos en los que, junto a Matías González y Ghiggia, que también habían llegado como reservistas, nos ganamos la titularidad”, expresó Máspoli.
El resto de la historia es conocida. Roque se coronó Campeón del Mundo con la Selección de Uruguay silenciando el Estadio Maracaná. Luego del Mundial a Roque le llegaron ofrecimientos de Argentina: River Plate y San Lorenzo se interesaron por su pase, pero para Peñarol su golero era intransferible.
Máspoli fue campeón con los aurinegros en 1951 y 1953, después llegó el Mundial de Suiza 54 donde Uruguay terminó cuarto. Hasta que un año después, en el Sudamericano de 1955, se sintió herido.
“Iba a cumplir 38 años y allí tuve una gran desilusión, es que me acusaron por parte de alguna crítica que ya no tenía reflejos, que estaba muy viejo, que no podía seguir jugando. Todo como consecuencia de un gol que me hizo Hornazábal en una pelota que picó mal y cambió el destino. Así que, siendo titular de Peñarol y la selección, resolví largar. Estaba muy apesadumbrado por lo que entendí como muy injusto conmigo. Pasé a dirigir a Peñarol. Ya antes con Obdulio Varela habíamos estado al frente del equipo cuando se quedó sin técnico”, rememoró Roque.
La gesta del 66 Después de dirigir a Danubio, River Plate y unos amistosos de la Selección, Roque volvió a Peñarol en lugar de Bela Gutman. Allí comenzó a armar el plantel que logró la gesta de ganar la Copa Libertadores de 1966. De aquella final Máspoli no olvida que muchos subestimaron a Peñarol diciendo que, si iban al alargue en la final contra River, no podían ganar porque tenía muchos viejos en el plantel. Luego de remontar el partido, los aurinegros forzaron el alargue y Roque apeló a su psicología. Ningún jugador de Peñarol se sentó a descansar antes del inicio del tiempo suplementaria, sino que se quedaron todos parados. Peñarol fue campeón y Máspoli se transformó en un trotamundos del fútbol dirigiendo a varios equipos en el exterior.
Siempre se lo consideró un hombre de consulta pese a su bajo perfil. A la hora de dar consejos a los goleros que recién iniciaban su camino, Roque decía: “Que se sumerja en un baño de humildad y sacrificio y que siempre sea el primero y el último en llegar e irse de una práctica, no sin antes someterse intensamente. La virtud que más aprecio de un jugador es la humildad bien entendida, junto a la personalidad. La peor contra que puede tener el jugador de fútbol es ser creído”.
Roque falleció el 22 de febrero de 2004. Fue un apasionado del fútbol. Un ganador. Sus títulos hablan por sí solos: Mundial de 1950, Copa Libertadores e Intercontinental 1966. Campeón Uruguayo 1944, 45, 49, 51, 53, 54, 64, 65, 67, 85 y 86, títulos que conquistó con la camiseta del club que amaba: “Cuando me nombran a Peñarol, me brota un sentimiento especial. Jugué 15 años en sus filas, siempre fui hincha y le debo gran parte de mi vida y éxito deportivo. Como jugador y como técnico”.
