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Amistosos Internacionales
  • Oribe Peralta (37')
  • Alan Pulido (45'+1', 86', 89')

El Piojo da camisetas mundialistas a Pulido y Brizuela

SAN ANTONIO, Texas (Rafael Ramos) -- Le bastó medio tiempo. O le sobró medio tiempo. Más allá del 4-0 sin penas sobre Corea del Sur, Miguel Herrera sacó las conclusiones que necesitaba desde los

Y seguramente, de los Conejillos de Indias en observación, Isaac Brizuela, Alan Pulido (con un triplete de anotaciones), el Gallo Vázquez y Miguel Ponce, pueden encargar un curso intensivo de portugués.

Ante una Corea del Sur que incluso se vio mejor en funcionamiento que ante Costa Rica -según sus propio enviados especiales-, México mostró un agradable, consistente, y alentador primer tiempo, con una sorprendente interacción entre la columna vertebral de veteranos y los implantes jóvenes que se jugaban la última carta en la baraja del Piojo Herrera para el Mundial.

El 2-0 fue un marcador cortito en la primera mitad para un México superior, que incluso, en alardes de desparpajo, permitió al ataque desempolvar los recursos de barrio, que entonaron bien con los sorprendidos Gullit Peña y Oribe Peralta.

El segundo tiempo fue un desperdicio, a excepción de la jugada de, otra vez, el implacable Brizuela, para entregar un paquete del que Alan Pulido sólo debía ser mensajero, para el 3-0. Y el delantero de Tigres haría el 4-0 para avisarle a Aldo de Nigris que hay paquetes turísticos a Brasil en cómodas mensualidades.

A VUELO LIBRE

Sin pánico a la derrota, el futbol fluye. Con ese amparo tácito, México y Corea del Sur generaron propuesta a la intensidad, sin grilletes mezquinos.

Y en la despreocupación aparente de sus entrenadores por el resultado, los jugadores se dedicaron a disfrutar una noche preñada de compromiso, pero también de libertad para expresarse como jugadores.

Y cada uno lo hizo bajo su propio lenguaje de juego. Obvio, México comenzó jugando con el descaro del barrio, y un referente en el manejo de pelota, intención y sobre todo, insolencia, fue Isaac Brizuela, quien desafió, desde su complexión de alfeñique ante los atléticos coreanos, el mejor descato de su amague, cambetra, recorte, pisada de balón y pirueta.

Por eso Brizuela hizo la primera que azoró a todos, incluyendo a Oribe Peralta, quien nunca pensó que el Conejito se sacara de su propia chistera los trucos e hicidera lo improbable, recortar en la embestida a tres guardianes asiáticos, penetrar al área y servir al segundo palo.

Cuando El Hermoso salió del estupor por la hermosa evolución de Brizuela, reaccionó tarde y la pelota se escurrió a un lado del poste derecho de Kim-Portero, con un largo bufido de desencanto de los 50 mil aficionados.

Y entre la velocidad asiática, sus disparos de media distancia, y su ventaja en el área para cabecear, el juego se mantuvo con sofocones en la tribuna, donde la fuerza y la potencia, competía con la gracia y habilidad de los mexicanos, a pesar de que el 0-0 estaba escudado más por la improductividad de los atacantes, que por lances de los arqueros.

Del Tri agrada la capacidad de diálogo ofensivo de sus párvulos, porque además eran capaces de sostener, entender y fomentar el ritmo y las intenciones de su padrinos: Gullit y Oribe, quienes se sorprendían de la continuidad en las jugadas.

Brizuela, Pulido y Vázquez entendían que era su noche de repechaje mundialista. Convencer para vencer. A jugar sin medias tintas, porque no había medios boletos, y entre las concesiones deliberadas de Corea del Sur, crecían con libertad, incluyendo a Miguel Ponce en las arremetidas.

De esa manera, al 37, Oribe define el 1-0, en una jugada que le arman sus escoltas juveniles, en un traslado de derecha a izquierda, a profundidad sobre Miguel Ponce, cuyo centro lleva repelente de piernas coreanas. Peralta acuna, gira, acomoda, engaña y se despoja de un zaguero y el remate despiadado consuma el dominio en la cancha, estremeciendo la tribuna que ya llevaba festejos interrumpidos con los disparos de Pulido y Gullit.

Y el gol es un hipervitamínico para México. Falta sobre Ponce por izquierda. El cobro crea confusión en rebotes, que Gullit, en el área, por derecha, endereza a la soledad de Pulido, quien remata por inercia, pero contrarremata tras la atajada del arquero, con rabia, con desesperación. Ya no yerra. 2-0 y de ahí al reposo.

INNECESARIO CARRUSEL

Miguel Herrera mantiene a casi todos los sometidos a examen. Manda a descanso a Gullit, Márquez y a un Ponce que muestra el nivel olímpico, tras superar la pesadilla con Chivas. Los ingresos reposan en la obviedad: Valenzuela y Montes, pero suscita la duda de si es la última oportunidad para el inconsistente y distraído Torres Nilo, ante la confirmación de Ponce. ¿Diego Reyes de capitán?

Y siguen los cambios para valoraciones personales, sin importar el acoso de Corea del Sur, que cosecha entre el desconcierto del Tri: De Nigris por Peralta, Zavala por Vázquez y Enrique Pérez por el Maza. En los dos primeros pierde México. En el tercero, del mismo costal.

Con tantos movimientos, el partido se vino a menos. Ya incluso algunos de los 54,313 aficionados abandonaban el estadio, cuando Brizuela hace otra de sus magníficas fechorías y entrega el 3-0 a un Pulido que no desdeña, y el mismo delantero de Tigres, que sobrevivió a la marginación del Tuca Ferretti haría el 4-0.

El Piojo puede empezar a entregar becas a los escolapios.