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Lisa Zimouche es la reina del 'freestyle'

Como celebración del mes de la Historia de la Mujer, espnW presenta "En sus zapatos", una serie de ensayos y artículos que destacan a las mujeres, sus historias y perspectivas dentro del mundo del deporte.

Sobre la azotea del complejo futbolístico más nuevo que existe en Brooklyn, Socceroof, los espectadores miran a una joven mujer equilibrando un balón con la suela de su zapato. Con 5 pies y 3 pulgadas (1.60 metros) de estatura, parece ser disminuida por una chaqueta bomber marca Puma de colores amarillo y blanco, su salvaje melena de cabello grueso y oscuro atado con cola de caballo. Mientras se movía para colocarse en posición de asiento, ella sigue haciendo malabares hasta pisar el suelo, sus pies paralelos al terreno y juntos uno al lado del otro.

Luego comienza a elevarse, balanceando el balón con su frente como si fuera una foca mientras logra avistar a una chica joven de grandes ojos que emerge de una multitud conformada por aproximadamente 100 personas. Se saludan mutuamente.

Su nombre es Lisa Zimouche, tiene 19 años y es uno de los talismanes más visibles e influyentes dentro de la subcultura freestyle del fútbol.

Y apenas está calentando.

El freestyle es el equivalente dentro del fútbol de un solo de guitarra: conformado por malabares llenos de destreza y trucos. Es similar a ver a Stevie Ray Vaughan haciendo un solo con la guitarra a sus espaldas o a Jimi Hendrix sacando notas con sus dientes. No hay goles que anotar, nada de posesión que mantener... sólo puro arte en movimiento.

Nacida a 3,600 millas de distancia de esta azotea, más específicamente en los suburbios del sur de París, hija de inmigrantes argelinos, Zimouche rápidamente pudo incursionar en el fútbol organizado.

"Cargaba mi balón a todas partes", afirma entre risas.

Difícilmente Zimouche puede recordar alguna ocasión en la cual caminaba por los Campos Elíseos sin un esférico en la mano.

Incluso, mientras un céfiro hace que varias hamacas comiencen a girar, Zimouche se aferra más fuertemente al balón guardado bajo su brazo.

"Crecí con mi balón. Tanto fue así que un día, mi madre me dijo: 'Creo que es hora de que te inscribamos en un equipo'", afirma Zimouche.

Zimouche terminó formando parte de la academia juvenil del Paris Saint-Germain; sin embargo, a los 10 años, comenzó a sentir fascinación con el fútbol callejero, el freestyle y el panna, un juego de uno contra uno en el cual cada jugador intenta hacer un caño frente a su oponente (o mover el balón entre sus piernas). En el panna y el freestyle, los jugadores compiten en círculos cerrados ante los coros, cánticos y gritos. En estos juegos, que se haga un caño frente al jugador representa el beso de la muerte, lo cual es de forma simultanea un golpe de gracia y una afronta personal. Zimouche comenzó a competir en ambos mientras aún formaba parte de la academia del PSG.

El 27 de julio de 2013, Zimouche publicó su primer video de fútbol en Instagram: un clip borroso de su freestyle, balanceando un balón con su frente, cuello y hombros mientras giraba. Comenzó a hacer videos de sus malabares y partidas de uno contra uno, grabados cuando ella no se encontraba en las prácticas, la escuela o competiendo. Al principio, estos vídeos se movían constantemente, eran hechos por y con amistades. Sin embargo, el caño ya era su especialidad. Los escenarios eran varias habitaciones de su hogar, gimnasios e hileras anónimas del pavimento parisino, con las intensas canciones de Jay-Z y Drake de fondo.

Por esos tiempos, Lisa conoció a Sean Garnier, la estrella más prominente del fútbol callejero a nivel mundial, quien cuenta con más de 7 millones de seguidores y suscriptores combinados entre Instagram, Facebook y YouTube. Garnier pensó que Zimouche sería una buena incorporación a su equipo de freestyle Street Style Society, conocido como S3. (Lisa haría videos y aparecería formando parte de S3 por un periodo de tiempo antes de surgir por cuenta propia).

Para septiembre de 2014 ya contaba con 10,000 seguidores en Instagram. También comenzó a sentirse restringida por las limitaciones del balompié organizado (imaginen decirle a Edgar Degas cómo debía pintar).

Ella debía elegir entre el freestyle y panna o el fútbol organizado.

"Quería hacer del freestyle lo mío y mi trabajo", afirma. "El freestyle, es fútbol, es baile, es una buena combinación de las cosas que amo".

En consecuencia, Zamouche abandonó la academia del PSG a fin de concentrarse en las competencias de freestyle y panna, al igual que en la producción de sus propios videos y la creación de su marca, a tiempo completo.

"Con el freestyle, puedo jugar con mis manos, mi cabeza, sentarme... no hay reglas. Puedo jugar con la gente en la calle. Puedo estar en un espectáculo. Puedo hacer que todos se junten".

En 2015, un año después de dejar la academia, se convirtió en Campeona Mundial Femenina de Panna. En ese mes de agosto, su conteo de seguidores en Instagram había crecido hasta alcanzar los 300,000. Sus videos ya no eran grabados en canchas de baloncesto en pobres condiciones; se podía ver en el Parc des Princes, impresionando a Marquinhos y al entonces extremo del PSG Lucas Moura.

"(El PSG) fue una buena experiencia. Aprendí cómo jugar, a cómo mantenerme en forma", admite Zimouche. "Sin embargo, con el freestyle, no tengo entrenador. Estoy sola con mi balón y puedo hacer todo lo que quiera".

Zimouche estaba causando conmoción en los mundos del freestyling y el panna, primitivos por naturaleza. También había trascendido: sus videos la mostraban frecuentemente avergonzando a presumidos jóvenes varones. ¿Cuál fue su momento más conocido? Jugar vistiendo tacones altos.

"El fútbol sigue siendo considerado por muchos como un deporte de hombres", expresó Zimouche con la cooperación de su manager, Martin Leroy. "Desafortunadamente, he recibido múltiples mensajes diciendo que no tengo lugar en la cancha. Por eso, inicialmente, jugar vistiendo tacones altos fue una forma de divertirme, aportar algo nuevo y poderoso al freestyle".

"También sirvió para demostrar que puedo hacerte un caño incluso en tacones altos".

Para ella, representa un punto de orgullo haber llegado a más de 3 millones de seguidores combinados entre Facebook e Instagram (sin mencionar una legión de aficionados devotos) gracias al freestyle, círculo reservado en mayor medida a los hombres.

"Comencé a jugar porque hubo hombres que me dijeron que no lo hiciera", recuerda Zimouche. "En mi ciudad natal, la gente ve mujeres jugar y dice: 'No son buenas, no pueden jugar, eso es cosa de hombres'".

"Les respondía: 'Eso no es así, mírenme'".

Luego llegaron los patrocinadores: Zimouche ha trabajado con Nissan, Kellogg's, el Comité Olímpico Internacional y la web de venta de ropa ASOS, además de filmar comerciales para Adidas, uno de ellos con su compatriota francés Paul Pogba, figura del Manchester United. Luego, Puma logró convencerla para que dejara Adidas, convirtiéndola en embajadora mundial de la marca, junto a la cantante Rihanna y la banda de R&B Alternativo The Weeknd. En 2016, la advenediza más interesante de París hacía malabares en la Gran Pirámide de Giza y en las playas de Martinica. (Leroy se muestra reacio a revelar cifras de ingresos; sin embargo, indica que Lisa gana lo suficiente para "vivir de su pasión" sin tener que seguir compitiendo en torneos de freestyle y panna).

Michael Bliss, un practicante del freestyle que se dedica a participar en fotografías y videos, recuerda cuando él y un grupo en dificultades financieras iban a actuar en Australia y encontraron lugares para pernoctar gracias a Instagram.

"Las competencias aportan poco o nada de dinero. Nos dedicamos entonces a las redes sociales u otros medios para ganarnos la vida y las cantidades varían de manera importante (dependiendo de la persona)", indica.

Sin embargo, todos intentaban conseguir al duende oriundo de Francia que hace caños frente a hombres para vivir: Impresionó a Drake, Odell Beckham Jr. y Usaín Bolt. Ha hecho que Gianluigi Buffon, Ronaldinho, el defensa del Arsenal y la selección alemana Shkodran Mustafi, Jesse Lingard, Luis Suárez y la academia juvenil del PSG parezcan unos tontos.

Ahora, le cuesta mucho conseguir un hombre a quién enfrentar.

"Hoy en día, no me retarán porque saben lo que soy capaz de hacer", afirma, entre risas. "Ahora, son ellos los que quieren hacerme caños".

En la fecha en la cual se disputó el Super Bowl LII, Zimouche publicó un video en el cual hacía malabares con un balón de fútbol. Un aficionado oriundo de la India quedó tan impresionado que llegó a escribir que el Sol, la Luna y los planetas eran los únicos objetos que ella no había podido dominar con sus trucos.

Zimouche se sintió elogiada. Sin embargo, a pesar de su importante presencia digital, prefiere actuar en persona. Ella se muestra más inclinada a hacer "recesos (en redes sociales)" y "publicar con menor regularidad" que el resto de los llamados "influencers".

"No consigo sentir algo así en Internet", afirma Zimouche después que una estudiante universitaria se deshacía en elogios en Socceroof le decía que sus videos le motivaban a seguir jugando tras haber sufrido múltiples lesiones en su ligamento cruzado anterior. "(A la hora de) hacer eventos así, es agradable poder sentir de forma tangible el impacto que causas".

Bliss indica que los videos de freestyle que se hacen virales en Internet son recibidos con opiniones divididas.

"Las redes sociales han hecho que el deporte crezca; sin embargo, éstas causan confusión", apunta Bliss. "Hace que la gente sepa de su existencia y, sin embargo, se aleja de lo que el freestyle verdaderamente representa".

O, tal como lo expresa Zimouche: "El freestyle es arte".

Zimouche se toma varias 'selfies' con jóvenes aficionados vestidos en ropa colegial. Otro practicante del freestyle, Daniel Dennehy, también conocido como @danielgothits, calienta. Ha sido contratado para hacer una demostración de malabares con Zimouche.

El cabello de color azul cobalto de Dennehy se encuentra dividido en dos, justo en el centro, con brackets metálicos en su dentadura superior e inferior. También es autor de un libro electrónico denominado "Cómo convertirse en freestyler profesional", el cual se vende en su sitio Web por $47.

Al contrario de Zimouche, Dennehy no tiene reparos con respecto a las redes sociales.

"Solía ver partidos todo el tiempo. ¿Ahora? Sólo reviso mis cuentas: Instagram, Twitter, Facebook. Todo lo que necesito, está allí", afirma.

Cerca de él, Zimouche se inclina para conocer a un aficionado, que sonríe de oreja a oreja. Se apresta a tomarse una foto con él.

"Internet arruinó jo----mente todo", concluye Dennehy.

Zimouche y Dennehy se dirigen al interior, donde hay un terreno de pequeñas dimensiones. Dennehy sube un video a su historia de Instagram: Al lado del hombro de Zimouche, les pide a sus 369,000 seguidores que se mantengan pendientes. "Ella hará túneles frente a todos", promete. Ciertamente, en la oscuridad de la arena, Zimouche toca el balón y lo pone entre las piernas de Dennehy mientras él termina su transmisión, dejando a Dennehy retorcido en un falso ataque de apoplejía.

Un reflector se enciende. Se forma un círculo bullicioso. Una marejada de teléfonos celulares apunta a Zimouche y Dennehy. Más de 50 personas transmiten en vivo vía streaming el evento y a pesar de encontrarse a metros de distancia, lo presencian a través del aura blanquecino de una pantalla. (Diez días después, "Socceroof" se convertirá en una de las palabras más populares en las búsquedas de Google).

Dennehy y Zimouche se turnan para hacer piruetas con el balón deteniéndolo con sus pies, deteniéndolo con el cuello, para luego efectuar frenéticas rutinas de "alrededor del mundo", pasándose el balón entre uno y otro. Luego varios retadores varones, uno por uno, entran al círculo para enfrentarse a Zimouche. Ella procede a despacharlos a todos y cada uno de ellos (niños, adolescentes, veinteañeros y treintañeros) con facilidad. Los varones muestran vergüenza cuando ella, de manera inevitable, desliza el balón por sus piernas, sabiendo que les esperan los chistes de sus amigos. Los jovencitos chocan sus manos alegremente después de completar los enfrentamientos.

"¡No puedo creer que hayas durado tanto tiempo!", afirma uno de ellos a su amigo, recién derrotado.

Si bien el reflector sigue brillando, Zimouche sale de él para firmar autógrafos ocasionalmente, tomarse fotografías y consultar a Leroy. Éste le afirma que ella fue todo un éxito. Cubierta por las sombras en un rincón de una cancha sobre techo en Brooklyn, susurrando en francés, regresa al anonimato.

Zimouche está consciente de que esta forma de vida no le durará para siempre. Los estrellatos en la era de las redes sociales son cortos; sin embargo, Zimouche se toma sus días, apariciones y publicaciones, cada uno a la vez. El dinero y la fama son secundarios. Ella cuenta con su balón, rivales que dominar, un contagioso ritmo para bailar y arte que crear.

Esta vida representa todo lo que ella quiere tener.

Por ahora.

Hajducky es reportero e investigador para ESPN The Magazine. Cuenta con una maestría en bellas artes mención escritura creativa de la Fairfield University y cree con toda certeza de que había espacio para Jack sobre la puerta de madera en la película Titanic.