En Corea del Sur, el nombre de Hong Myung-bo no es únicamente un recuerdo: es un símbolo y un puente que une generaciones. Luego de ser capitán y referente defensivo del equipo semifinalista en el Mundial 2002, su regreso como seleccionador conecta dos épocas que el fútbol coreano intenta reconciliar: la épica del pasado y la exigencia del presente.
El “eterno líbero” es el lazo perfecto entre la nostalgia (el Mundial Corea-Japón 2002) y la actualidad. Al ser un nombre con peso histórico en todo el continente asiático, mantiene el prestigio y ofrece un ángulo de “continuidad” y hasta de leyenda, aunque no estuvo exento de críticas durante la clasificación para el Mundial 2026.
Como local, en 2002, el seleccionado dirigido por Guus Hiddink convirtió a Corea del Sur en potencia emergente. Hong Myung-bo fue su líbero cerebral, el defensor con voz de mando. De hecho, recibió el Balón de Bronce de ese Mundial, un reconocimiento que trascendió fronteras y lo consolidó como uno de los grandes futbolistas asiáticos de todos los tiempos. Con la camiseta de su selección llegó a disputar 136 partidos internacionales.
Su carrera como entrenador tuvo claroscuros. Dirigió la selección coreana Sub 23 y conquistó el bronce olímpico en Londres 2012. Y asumió la selección mayor en 2013. En el Mundial de Brasil 2014, los asiáticos quedaron eliminados en fase de grupos. Esa experiencia fue un golpe. Desde entonces, su recorrido fue zigzagueante.
Hong Myung-bo y una ventana de 10 años para volver a conducir a Corea del Sur
Después de aquel paso en falso en Brasil 2014, su carrera incluyó gestión en clubes de China y Corea del Sur (fue campeón de la Primera coreana en 2022 y 2023) y un proceso de aprendizaje y reconversión que desembocó en su regreso al banco nacional.
Si bien algunas altas autoridades de la federación coreana preferían entrenadores extranjeros, el nombre del “líbero eterno” terminó imponiéndose. En 2024 volvieron a contratarlo para el cargo máximo en el equipo nacional.
La narrativa es inevitable: redención. Pero reducir su presente a una revancha sería simplificarlo. Hong Myung-bo propone un modelo más híbrido que el de 2002. Mantiene la disciplina táctica y el orden defensivo como pilares culturales, pero incorpora dinámicas ofensivas más modernas.
De todos modos, no la tuvo fácil durante las eliminatorias asiáticas. Aunque Corea del Sur terminó invicta, con 6 victorias y 4 empates, recibió fuertes críticas en el comienzo de ese camino y, especialmente, a mitad de trayecto: en ese lapso empató sucesivamente contra equipos en principio mucho más débiles, como Palestina, Omán y Jordania.
En el vestuario conviven jóvenes que crecieron viendo las imágenes de 2002 y futbolistas consolidados en Europa: Min-jae Kim (defensor del Bayern Múnich), Kang-in Lee (volante ofensivo, PSG), Heung-min Son (extremo izquierdo, pasó de Tottenham Hotspur a Los Ángeles FC) y Hee-chan Hwang (delantero de Wolverhampton), entre otros.
Por ello, el técnico viajó a mediados de febrero de 2026 a Europa para reunirse personalmente y observar el desempeño de varios de sus jugadores. El viaje incluyó pasos por Inglaterra, Alemania, Países Bajos y Francia.
En ese contexto, Hong Myung-bo opera como puente generacional: entiende el peso simbólico de la camiseta, pero evita convertirlo en una carga o un lastre. Su discurso apunta a competir sin una nostalgia paralizante.
La cautela de Hong Myung-bo al hacer pronósticos sobre el Mundial 2026
Una vez sorteado el Mundial, el técnico coreano fue muy cauto, aunque también remarcó que su país disputará su 11ª Copa del Mundo consecutiva, lo que demuestra la consistencia internacional del seleccionado asiático.
Esa marca solo es superada por grandes potencias internacionales como Brasil, Alemania, Argentina y España, todos seleccionados que ganaron al menos un Mundial.
“No hay grupos fáciles en el Mundial”, dijo el técnico, que entiende que es improbable que los rivales sientan temor por enfrentar a los surcoreanos, pero que, al mismo tiempo, Corea tampoco puede sentirse atemorizada frente a ninguno de sus adversarios.
El objetivo, en principio, es avanzar del grupo hacia las llaves eliminatorias y repetir o mejorar lo realizado en Qatar 2022, el Mundial en el cual los coreanos fueron eliminados por Brasil (goleada 4-1) en octavos de final. En tierras qataríes empataron con Uruguay (0-0), perdieron con Ghana (2-3) y sorprendieron a Portugal (2-1), uno de los favoritos.
La adaptación a la altura, otra clave para Hong Myung-bo
Como integrante del Grupo A, Corea del Sur jugará la fase de grupos íntegramente en México. Debutará contra el ganador del repechaje europeo en Guadalajara y, en esa ciudad, ubicada a 1.560 metros de altura, también se medirá con el equipo mexicano. Luego se trasladará hacia Monterrey, a 540 metros sobre el nivel del mar, para cerrar su grupo contra Sudáfrica.
“La clave para nosotros es lo bien que podamos jugar en un lugar tan elevado”, dijo el entrenador, quien planteó que se asesorarían con científicos para evaluar las mejores opciones. De hecho, la federación coreana estudia realizar una aclimatación en ciudades estadounidenses situadas en la altura, como Denver o Salt Lake City, para facilitar la adaptación fisiológica antes del torneo.
Mientras el “eterno líbero” analiza opciones en la altura, en su cabeza está alojado el deseo de llevar a su equipo todo lo alto que se pueda. Como capitán, fue parte de la hazaña de llegar a semifinales. Como entrenador, tiene su segunda oportunidad mundialista.
En 2026, Corea del Sur no sólo buscará avanzar de ronda. Procurará, sobre todo, volver a plantarse como una potencia asiática con prestigio en el mapa global. Si eso ocurre, habrá una imagen circular, un puente histórico: Hong Myung-bo, otra vez estará guiando desde atrás, ahora no como líbero sobre el césped, sino como estratega, pegado a la línea lateral o sentado en el banco, con voz de mando como entrenador nacional.
