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Mauricio Pellegrino habla de fútbol

LEGANÉS -- En la pared del nuevo edificio con vista a dos canchas impecables en la sede de entrenamiento de Leganés, donde se han estado preparando para enfrentar a Real Madrid este fin de semana, hay un eslogan escrito con enormes letras azules en imprenta. Transmite un mensaje que todos ven cada mañana.

"Entrena, compite, pelea, pero por encima de todo, disfruta y sueña", reza el lema.

Pero... ¿Eso es posible? En medio de la presión del fútbol profesional, ante la amenaza de perder el trabajo y de las exigencias diarias que parecen implacables, ¿puede un entrenador disfrutar? ¿Puede alguien disfrutar?

Al final de una sesión matutina, en una pequeña sala blanca donde una impresora escupe planes de entrenamiento, Mauricio Pellegrino hace una de sus típicas pausas. Su carrera de futbolista lo llevó de su pequeño pueblo de la pampa argentina --una enorme planicie fértil repleta de liebres y vida silvestre-- a Buenos Aires, a Vélez Sarsfield, y luego a Barcelona, Valencia, Liverpool y Alavés.

"Medía 1,95, no era rápido, no era fuerte. Técnicamente, era limitado", dice, "pero había algo, esa otra parte, que sí tenía, y que fue la razón por la que podía jugar en un alto nivel". Es algo que se ve con claridad en su compañía, y que tal vez ayude a explicar por qué se convirtió en entrenador --un trabajo que nunca se reduce a entrenar-- en Valencia, Estudiantes, Independiente, Alavés, Southampton y ahora Leganés, un pequeño equipo que apenas logró evitar el descenso la temporada pasada, y que este año se estabilizó en la mitad de la tabla.

"Traté de ayudar. Escuché", dice. Ahora también escucha; no se limita a hablar. Hay consideración en todo lo que dice. Y convicción. Piensa cada pregunta con cuidado durante nuestra larga, y a menudo profunda, conversación. "Eso es muy personal", fue su respuesta a mi comentario sobre el eslogan en la pared. "Depende de cada uno... Hoy puedo decirte que encuentro un espacio para disfrutar. Hoy. Ahora. Pero como jugador sufrí mucho. Teníamos muchas obligaciones como futbolistas en aquel entonces. Hoy los futbolistas tienen muchos derechos, hubo un cambio. Como entrenador disfruto más [de la vida] que como jugador".

ESPN: ¿Por qué? ¿Qué te llena como entrenador?
Pellegrino: Me encanta estar en la cancha: el entrenamiento, hablar, diseñar una sesión, hablar con los jugadores que tuve hace tres, cuatro años, y ayudé a desarrollar, y ser testigo de ese [crecimiento]. Disfruto mucho de todo lo que tiene que ver con la enseñanza y la educación.

¿Así que no se trata solamente de aprender el deporte? ¿Se trata de personas tanto como de jugadores?
- Seguro, pero no se pueden separar. Un entrenador tiene la función de educador. Hay reglas, debes crear hábitos. Nuestros niños son productos del hábito. Tú tienes muchísimo de tu padre en ti, sin darte cuenta. Yo también. No es que yo les diga lo que tienen que hacer: lo que les digo les entra por un oído y les sale por el otro. Ahora, si lo hacemos, ya es otra cosa. Uno disfruta de ver ese desarrollo, ese proceso.

El concepto de la experiencia muchas veces se interpreta mal. Se trata de aprender de lo que hiciste, no sólo de sumar años. Puedes tener 60 años y no haber aprendido nada. Hay un maestro que escribió un libro llamado "Hombres para el fútbol". Hombres. Pero, como los futbolistas ganan tanto dinero hoy en día, los tratamos como máquinas. [Gareth] Bale tiene que anotar porque gana mucho dinero, y porque gana mucho dinero, tienen que ganar. Los que ganan más deben venir primero...

¿El dinero cambia todo, ensucia todo?
- Sin duda. Es un negocio enorme que pierde de vista el deporte, pero su esencia es el deporte. Hay un museo de juegos de mesa que tiene un cartel que dice: "Si no quieres perder, no juegues". Pero hay una parte del negocio que no acepta la derrota o la idea de que se puede perder. El negocio es importante, pero no puede ser todo. Algo del disfrute, del deporte en sí, se pierde.

Cuando un club cambia de entrenador, no es porque no sea bueno; es por los millones de Euros que hay en juego. Hay clubes que dependen de jugar la Champions League, la Europa League, o de mantenerse en la primera: sin eso, no les da el presupuesto. Están a merced de esa [dependencia] como un dragón que se come su propia cola.

Eso también debe poner mucha presión sobre los jugadores. ¿Crees que el índice de depresión es inusualmente alto en el fútbol?
No sé de la depresión, pero los jugadores sufren de ansiedad; las dudas que genera la presión, el miedo. Todos tenemos miedo. Hoy el fútbol es un poco perverso en cuanto a que de cada jugador dependen 20 personas: la familia, los amigos, los entrenadores, directores, asistentes, compañeros, el compañero que juega la misma posición... Todos dependemos de lo que ellos hagan.

Los rivales, los árbitros, los representantes, los medios; todos son puntos de presión. Hoy en día, la mayoría de los equipos tienen psicólogos. Lo vi como jugador. Para algunos, la ansiedad es cada vez mayor con el paso de los años porque es difícil mantenerse en el máximo nivel. Y los que más ganan tienen más que perder. Pero el físico decae [con el tiempo], ¿así que cómo mantienes ese nivel?

¿Cómo manejabas esa presión cuando jugabas?
Me resultaba muy difícil. Disfrutaba el fútbol cuando era pequeño, cuando jugaba por jugar. Pero cuando llegué a los 27, 28 años, cuanto más importante era, en lugar de disfrutarlo, era como que quería más, más, más... Y entré en una rueda sin salida. Aprendí, pero por las malas.

- El fútbol me dejó a mí, no lo dejé yo.

- En Alavés, me pasé los últimos seis meses fuera del equipo, marginado por [el propietario Dimitry] Piterman por un par de cosas que dije. Ya no jugaba, entrenaba solo, lo que me dio más decisión para seguir adelante: No quería terminar de esa manera. Llamé a todo el mundo porque no tenía representante. Llamé a muchos presidentes, quienes me preguntaban: '¿Cuántos años tienes?' Yo tenía un hermano que jugaba, y ellos pensaban que los llamaba para ofrecerlo a él. 'No, no: yo'. '¿Tienes 35, 36? No'. Luché para seguir hasta el último día de agosto, y mi esposa me dijo: 'Mira, jugaste durante 14, 15 años, ya está. Es la hora, es una señal: dejalo'. Fue muy duro. Yo no tomé la decisión, la tomó el fútbol. Bueno, el mercado.

Así que te convertiste en entrenador. ¿Eso siempre fue probable? Hubo un día que Louis Van Gaal te miró en Barcelona y dijo: 'este muchacho va a ser entrenador'. ¿Por qué
- Porque estaba sorprendido. A mí me gusta hablar en la cancha. Siempre fui muy observador. Siempre fui tímido, pero en la cancha: 'tú aquí, tú aquí'. Yo era un defensor que se apoyaba en los demás, necesitaba que el equipo estuviera bien parado, era un jugador de equipo. Y Van Gaal se sorprendió por eso y hablamos mucho de fútbol, le pregunté cosas...

¿Eso es algo muy inusual?
Vine de Argentina en 1998, y para mí fue todo nuevo, una cultura de fútbol completamente diferente. Los equipos trabajaban defensivamente allí pero nunca había trabajado la manera de atacar, sobre cómo abrir pasajes, cómo crear espacios, el juego posicional. Preguntaba mucho porque quería entender. Junto con Rafa Benítez, Van Gaal fue la persona de la cual más aprendí en el nivel práctico. Más adelante, trabajar con Rafa me ayudó a crecer: me dio la libertad de colaborar, el espacio para aprender, para compartir ideas, se dio cuenta de inmediato que me gustaba mucho esto. Es una profesión que, si no te gusta, es muy difícil de llevar a cabo.

¿Debido al compromiso? ¿Cuántas horas al día te lleva?
- Las horas que quieras dedicarle.

¿Y cuántas le quieres dedicar?
- Hay días en los que a las 6, 7 pm, sigo aquí. Hay días en los que a las 3 ya estoy cansado y me marcho. Escuché que [el entrenador de Eibar, José Luis] Mendilibar dijo: 'tengo mucho tiempo libre' y creo que eso es bueno. Hay personas para las que dos horas es suficiente, hay otras que necesitan ocho. Pero es como ser un maestro de escuela: recuerdo que alguien alguna vez dijo que es la profesión más difícil porque nunca estás al día. Recibí mi licencia de entrenador en 2008 pero el fútbol está en un cambio constante y todos los jugadores son diferentes. Encontrarás algunos elementos que puedes mejorar, algo más que quizá puedas hacer. Tengo un protocolo personal que quizá no tenga mucho valor, pero si no lo completo, siento que me falta algo. Pero te diré si lo sigo haciendo cuando ya no tenga tanta energía, ni la misma lucidez…

¿Y después?
- Simplemente paro. Salgo a correr o andar en bicicleta. Trato de desconectarme. Pero también me gusta ver fútbol y hay fútbol todos los días, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, nunca se detiene. Y cuando termina la Champions League, comienza la Copa Libertadores. Podría seguir mirando eternamente. Disfruto de eso, pero también a veces necesito apagar la televisión. Detenerme. Leer el periódico, salir a caminar. Creo que estoy aprendiendo a tomar esos respiros y desconectarme.

¿Te da miedo que tome tanto tiempo de tu vida?
- Sí, claro que sí. Me asusta porque sé que no es bueno. Escuché a Xesco Espar, un ex entrenador de handball que dijo que terminó abandonado el deporte porque lo tenía de rehén. Y tengo que decir que me siento así. Mono Burgos dijo una vez que vivimos en un túnel, y es cierto. Puedes estar comiendo con tus amigos y pensando: '¿Qué le voy a decir a Nabil mañana?'. Pero todo es un proceso de aprendizaje. Aparento ser una persona calma y relajada, pero soy muy ansioso. Vivo la preparación con intensidad. Me calmo cuando comienza el partido. Estoy nervioso antes de arrancar, aunque como jugador, tengo que confesar que era peor. Como jugador... ufff...

Cuéntanos sobre esa preparación, sobre tener que prepararse para un partido en el que Leganés enfrentará a un club importante. A principios de esta temporada, superaron a Barcelona. Eso de haber hecho que todo valiera la pena, ¿no es así?
- Los deportes de equipo, mucho más que los individuales, te permiten llevar el juego hacia donde quieras, hacerlo más difícil para tus rivales. Cuando el número 1 en el tenis enfrenta al número 20, este último tiene muy pocas chances. O en el básquetbol porque se basa mucho más en la precisión. En el fútbol, por otra parte, la gente entra en la cancha y ya sueña que puede ganar, y se puede decir que es cierto. En mi caso, también hay algo cultural, en Argentina, no hay un fanático que no crea que le puede ganar a Boca o a River.

¿Y aquí es diferente?
- Quizá. En España y también lo sentí en Inglaterra. Es algo como que sólo algunos equipos tienen derecho a ganar. Hay una frase que se usa mucho y que me molesta: 'bueno, no es nuestra liga'. Es pasar la responsabilidad a otro lado. Las personas que dicen eso no creen lo suficiente en ellos mismos. Es como decir: 'yo no puedo correr toda esa distancia'. Sí que puedes, pero no quieres hacerlo. El momento en el que alguien dice, 'no es mi liga', ya perdió. Si no: ¿Por qué ganó Alavés esa vez? ¿Por qué ganó Málaga? ¿Por qué ganó Celta? ¿Qué hicieron? Y ahí es cuando dices: ¿Es posible? Sí. ¿Qué tan posible? Muy difícil. 3%. Ok, vamos por el 3%.

¿Cómo tratas de convertir ese 3% en algo mejor?
- La mentalidad es lo más importante. Hay muchas cuestiones en los deportes que son abstractas pero que son vitales. En estos días medimos la velocidad, los metros recorridos, los pases, las veces que se pierde la pelota, y creo que todos los detalles importan, ¿pero ¿quién sabe lo que realmente valen un par de líderes? ¿Cómo mides eso? ¿Cómo mides el valor del respeto entre los jugadores, que te tengan aprecio? Eso no tiene precio y no se puede cuantificar. En estos días, cualquier jugador de primera división, cualquiera dentro del sistema juvenil puede jugar: todos son hábiles, todos, lo que los diferencia es su mentalidad. Y mientras más pequeño sea el equipo, mejor tiene que ser tu mentalidad. Ya que la mayoría del tiempo, el equipo contrario tendrá la pelota. La mayoría del tiempo, estarás del lado perdedor. La mayor parte del tiempo, te atacan más de lo que tú puedes atacar. Algunos la tienen naturalmente a esa mentalidad, hay algunos a los que hay que presionarlos, sostenerlos, enseñarles. Todo se basa en ellos: sin alumnos no hay maestros. Si un estudiante o un jugador no quiere aprender, no hay nada que tú puedas hacer.

¿Sabemos apreciar el nivel de talento desde afuera, la complejidad de todo?
- Menotti solía decir que la gente – haciendo referencia a los periodistas – mira los partidos desde el cielo, desde asientos altos en las gradas. Cuando te sientas allí, es imposible tener la misma perspectiva que los jugadores. Ves un espacio donde yo veo un hombre. El pase no se hace desde allí, dicen los demás: '¡Qué burro! Está libre...'. pero desde abajo vemos rivales por todos lados. Menotti comentó: 'los que miran desde allí no tienen ni idea de lo que sucede en la cancha'. Les preguntaba [a los periodistas]: 'has jugado para tener idea de cómo se ve ese espacio desde aquí? ¡Ves un espacio, un jugador abierto, pero él está a sesenta metros! Y los jugadores se mueven'.

Pero tienes que jugar para eso, mostrarles esos espacios, cómo superar a mejores equipos...
- A veces sale bien y a veces no. Alguien una vez me dijo después de un partido que ganamos: 'señor, ha planeado bien este juego'. Le respondí: 'Yo planeo bien todos los juegos'. Pero la teoría… bueno, un amigo mío siempre dice, ‘el papel aguanta todo'. Superé a Barcelona una vez, pero perdí ocho veces contra ellos.

Pero la posibilidad está. Una vez que entras en la cancha, ¿el fútbol sigue siendo fútbol? Hay una famosa frase: la pelota no se mancha. ¿Sigue siendo así?
- Creo que sí. Ese es el único momento en el que sientes que somos todos iguales, que es democrático, el espíritu de fútbol... las reglas se escribieron para jugar en África, Estados Unidos, Inglaterra, Argentina, en cualquier lado. En la sociedad, hay una gran disparidad con respecto a las reglas, el comportamiento, las posibilidades, las oportunidades, pero en ese momento, once contra once, todos pueden dar pelea de igual a igual, en el mismo nivel. Es por eso que el fútbol es tan lindo.