Vinicius Junior es el talismán del Real Madrid. ¿Cómo podrá manejar ser el objetivo de sus oponentes?

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¡Ya le dio vuelta el Real Madrid! Gran gol de Vinicius que está jugando en modo leyenda (0:51)

Combinación brasileña, Rodrygo abrió el paso para que Vini le diera la ventaja al Real Madrid. (0:51)

Quizás no logren recordarlos todos, pero permítanme asegurarles que el fútbol español ha sido testigo de algunas de las más extravagantes demostraciones de retaliación de todos los tiempos.

Diego Armando Maradona, cuando jugaba con el Barcelona, propinando una patada de Kung-Fu al volante del Athletic Club Miguel de Andrés durante los últimos tramos de la final de la Copa del Rey de 1984. El legendario extremo del Real Madrid Juanito pisoteando la espalda, y después la cabeza, del centrocampista del Bayern Munich Lothar Matthaus en la semifinal de la Copa de Europa de 1987. El mago brasileño Djalminha dándole un chasquido y un cabezazo a su entrenador en el Deportivo La Coruña Javier Irureta, justo en medio de una gran bronca durante los entrenamientos. Diego Costa y Sergio Ramos escupiéndose mutuamente durante un derbi madrileño. El zaguero madridista Pepe lanzando una bota salvaje a un Javi Casquero tendido en la grama, para luego estampar sus tacos sobre la espalda del jugador del Getafe cuando todo parecía apuntar que el Madrid concedería puntos en casa en 2009. La lista sigue.

En una época, esos arrebatos de revancha que terminan en expulsión estaban tan "de moda" en España que el tristemente célebre defensor del Sevilla Pablo Alfaro (sólo superado en tarjetas rojas en LaLiga por Sergio Ramos) dijo una vez: "¡Hay que reconocer que no soy un santo! ¡Pero parece que la cobertura mediática de mis expulsiones se ha convertido en deporte nacional!"

El nombre de Vinicius Junior no figura actualmente en esa lista de futbolistas de alto perfil y perpetuamente señalados que sucumben ante la provocación, la frustración, la niebla roja o que simplemente tienen un poco de mala leche corriendo por sus venas. Por los momentos, el joven brasileño de 22 años opta por apegarse a los principios de la escuela de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, cuya máxima es "no me enfaden porque no te golpearé o patearé como acto de retaliación... sólo anotaré, o crearé, más goles en tu contra".

Messi jugó cerca de 800 partidos con el Barcelona. Por ende, si le han hecho un promedio sumamente conservador de seis faltas por cada 90 minutos de acción, eso significa que le han pateado, obstaculizado, puesto zancadillas, derribado y tumbado casi 5.000 veces. ¿No reaccionarías? La mayoría de nosotros lo haría.

Sólo en dos ocasiones Messi estuvo al borde de ser sancionado con una roja directa jugando con su club. En la final de la Supercopa UEFA de 2009 contra el Shakhtar Donetsk, cuando acercó peligrosamente su frente a la nariz de Darijo Srna, el árbitro no tomó ninguna medida. Y luego, en la derrota sufrida en la Supercopa de España de 2021 contra el Athletic de Bilbao, después de haber sido abordado toda la noche, lanzó un petulante gancho de derecha a la nuca de Asier Villalibre y fue correctamente expulsado con una roja directa por única ocasión en su dilatada carrera con el Barcelona.

Las cuatro tarjetas rojas con las que fuera sancionado Cristiano durante su etapa con el Real Madrid que en su mayoría fueron expulsiones por pérdidas momentáneas de tranquilidad y alguna clase de pataleta, lo excluyen de ser considerado "ejemplo digno de Mary Poppins". Sin embargo, considerando el tratamiento que se le dio cuando inspiraba al Madrid a lograr innumerables hazañas a nivel doméstico e internacional, su autocontrol y capacidad para reconducir su ira para sumar goles y victorias fueron definitivamente dignos de toda admiración.

Todo este contexto viene a colación porque Vinicius se aproxima a una encrucijada. Cada vez se verá más forzado a elegir cómo canalizar y utilizar la ira y las acaloradas sensaciones de injusticia que se le aproximan. ¿Podrá convertirlas en combustible para acabar con sus rivales? ¿O buscará esa clase de retribución personal que es natural, pero sancionable, que genera el oprobio mediático, expulsiones, tarjetas rojas y suspensiones?

A pesar de que sólo tiene 22 años, el ultra talentoso brasileño se convierte rápidamente en alguien que genuinamente puede ser considerado como uno de los cinco o seis mejores futbolistas del mundo. Al menos en el ranking "libra por libra".

Campeón de LaLiga, goleador que selló el triunfo en una final de Champions League, socio de Karim Benzema en la producción de 111 goles/asistencias sólo en el torneo pasado, y que ahora ha marcado en los últimos cinco encuentros del Madrid por primera vez en su carrera. Importante resaltar que dos de esos tantos se produjeron mientras Benzema estaba ausente por lesión.

Es un subproducto natural, aunque desafortunado, que los adversarios se fijen en él. Los entrenadores lo planean, sus jugadores (generalmente en equipos menos talentosos) ejecutan la provocación, acoso e intimidación.

No es coincidencia que haya vuelto a ocurrir este fin de semana en el partido contra el Mallorca, al punto que su compañero Toni Kroos hizo acto de presencia para persuadir a Vinicius para que terminara su diatriba dirigida al técnico rival Javier Aguirre y se le pidiera a Carlo Ancelotti que defendiera a su extremo tras la impresionante victoria madridista por marcador 4-1. No fue coincidencia porque habían trazas evidentes de venganza y rencores (que se mantienen desde la última vez que estos dos jugaron entre sí) durante la remontada de los campeones de España para imponerse al equipo isleño.

Pablo Maffeo provocaba a Vinicius: patadas, zancadillas, barridos, enfrentamientos. Fue deliberado, fue una estrategia y una pequeña muestra de las artes oscuras que ahora acecharán a este peculiar talento por el resto de su carrera.

El motivo del acaloramiento extra de esta confrontación se debe a que, en marzo pasado durante un partido celebrado en el Visit Mallorca Estadi’, Maffeo hizo un movimiento similar al macheteo apuntando a la pierna derecha y la rodilla izquierda de Vinicius con una incursión ridícula que el árbitro Sánchez Martínez ni se dignó en sancionar. Un error lamentable. Maffeo, con la pronta ayuda de Martin Valjent como secuaz, fue por el segundo asalto de su misión intimidatoria.

Francamente, las reacciones de Vinicius fueron absolutamente apropiadas. Ya es el tercer jugador que recibe más faltas en la actual temporada de LaLiga, fue violentamente abordado por Maffeo antes de que pasara un cuarto de hora, y cayó dos veces al piso en el segundo tiempo de un partido equilibrado con marcador 2-1. Sin embargo, utilizó su furia ante la actitud pasiva del árbitro de buena manera.

Con el tiempo a punto de terminar, Vinicius fue lo suficientemente valiente como para tomar el balón, una y otra vez y arrastrar la posesión hasta la esquina de la cancha donde Maffeo se le abalanzó, falló y luego Valjent lo derribó, lo que le valió una sanción, concediendo un tiro libre y desperdiciando un tiempo valioso que requería el Mallorca si quería tener alguna posibilidad remota de conseguir el empate.

Vinicius se levantó, dio un toque de atención para que una afición ya indignada subiera sus niveles de decibelios en una somnolienta tarde de domingo y les hizo saber a sus dos rivales, apuntando a su escudo, que si querían buscarlo estaba listo. Con el olor de la batalla en su nariz presionó a Valjent, logró despejar y gritó en señal de triunfo (a pesar de que fue apenas uno de los tantos momentos positivos para un equipo que en ese momento iba ganando 3-1). Sin embargo, el héroe de esta historia seguía utilizando la furia como su alimento.

Todo bien, si sigue comportándose de esa forma.

Lo que desató cierta controversia y causó que Ancelotti fuera abordado insistentemente por los medios, fue cuando Matteo hizo un último intento desesperado de golpear el tobillo de Vinicius y Aguirre, técnico del Mallorca, elogió públicamente a su lateral. El brasileño se acercó para reclamar al bravucón técnico de 63 años, y en ese momento la situación amenazó con desbordarse. Pero no fue así.

Después del partido, el entrenador madridista argumentó: "Vinicius es especial por su forma de jugar. Los rivales se pueden enfadar porque les regatea y se enfadan más que nunca cuando van perdiendo. Pero así es el fútbol. Vinicius tiene gran calidad y talento y nunca debería cambiar. Creo que muestra respeto por el árbitro y sus rivales y si no lo hiciera, le recordaría que debe hacerlo".

Durante mi carrera periodística, prácticamente lo he visto todo en cuanto a provocaciones y venganzas a la hora de cubrir partidos: el cabezazo de Zidane a Marco Materazzi en la final del Mundial 2006, Dennis Wise yendo por los pantalones de Nicky Butt cuando el Chelsea se impuso al Manchester United en Stamford Bridge en 1999, arrancando un pelo de la pierna y el volante del United reaccionando con ira violenta antes de ser sancionado con un cartón rojo durante la derrota 5-0. Hasta el tranquilo y plácido Andres Iniesta confesó que pateó en señal de frustración a su excompañero Mark van Bommel durante la final de la Copa del Mundo de 2010, cuando la selección española era constantemente pateada de cabo a rabo por su par de Holanda, lo que pudo haberle causado la expulsión.

¿Qué camino tomará Vinicius? ¿El de los "ganadores" de élite, testarudos, con pocos y pequeños incidentes de enfado que apenas logran manchar una larga y hermosa carrera? ¿O el de los iracundos y volátiles que "toman la ley por sus propias manos", el mismo que tantos artistas del fútbol naturalmente extravagantes encuentran imposibles de resistir cuando son pateados, maltratados y provocados? De la respuesta podría depender su estatus como verdadero jugador grande y sus posibilidades de alzar el Balón de Oro alguna vez.