¿Perú le negará a Tite la oportunidad de convertirse en un auténtico héroe de Brasil?

¿Qué Perú se presentará en la final de la Copa América el domingo?

¿El equipo que, según algunos de sus rivales, le planteó a Francia su partido más difícil camino a ganar el Mundial del año pasado? ¿El que interrumpió el reinado de los campeones reinantes de Chile con un impresionante triunfo por 3-0 en la semifinal del miércoles?

¿O el que perdió de local contra Ecuador, Costa Rica y Colombia (por paliza) esta temporada? ¿El que recientemente fue superado por El Salvador? ¿El que colapsó miserablemente contra Brasil (5-0) en la fase de grupos, su rival de este domingo?

Cabe destacar que incluso el miércoles, en una de las mejores actuaciones recientes de Perú, mucho tuvo que ver el enorme partido del arquero Pedro Gallese, quien mantuvo a raya las reacciones chilenas en el segundo tiempo. La conclusión clara, entonces, es que, sea cual sea la versión de Perú que se presente en el Maracaná, Brasil será el gran favorito.

Pero la situación era la misma cuando estos seleccionados se enfrentaron en Boston hace tres años, por la Copa Centenario. Perú logró imponerse ese día con un triunfo por 1-0, eliminó a Brasil, y le puso punto final al reinado de Dunga.

Fue rápidamente reemplazado por Tite -- y ahora abundan las especulaciones de que este partido contra Perú podría bajar el telón de su ciclo. La Confederación Brasileña de Fútbol hasta emitió un comunicado el jueves para aclarar que no tiene ninguna intención de despedir al entrenador. Así que si Tite se va, no será porque lo empujaron. Será porque saltó.

Desde hace tiempo circulan rumores de que ya no se siente cómodo en su cargo, y no le cayó bien que miembros de su cuerpo técnico, la ex dupla de Arsenal Sylvinho y Edu Gaspar, fueran tironeados para salir.

Pero sería un momento extraño para decir basta. Dejaría un trabajo incompleto. Estos últimos años han dejado en claro dónde está el verdadero desafío de los entrenadores de Brasil; en los últimos cuatro mundiales, la Seleção cayó ni bien se topó con un sólido equipo de Europa Occidental en la fase de eliminación. Le sucedió a Tite el año pasado contra Bélgica, y debería estar presto para la revancha en Qatar 2022.

Sin embargo, su equipo parece haber perdido algo de la exuberancia de sus primeros 18 meses en el cargo, cuando tomó las riendas de un equipo que corría serio peligro de no llegar a Rusia e inmediatamente convirtió la campaña de clasificación en un éxito, con 10 triunfos y dos empates, 31 goles convertidos y apenas tres cedidos.

Normalmente, un triunfo por 2-0 contra Argentina en semifinales sería motivo de inmensa alegría. Pero ese no ha sido el caso en Brasil tras el partido del martes. Se reconoce que Argentina podría haber tenido mala suerte con las decisiones del arbitraje, y que dominó y empujó a Brasil más de lo que muchos anticipaban.

Hay una comparación obvia: el partido de Eliminatorias entre estas dos selecciones en la misma cancha de Belo Horizonte en noviembre de 2016. Hoy el combinado argentino ciertamente no es mejor que la selección que presentó hace casi tres años. Claramente se encuentra en un momento de transición, bajo la dirección de un entrenador interino. Pero el martes la actuación de Brasil fue indudablemente peor que la de 2016, cuando anuló al conjunto argentino, se puso en ventaja y tomó el control para imponerse 3-0 en un partido que fue paliza -- algo que nunca sucedió en la Copa América.

En retrospectiva, parece claro que la excelente fase de Brasil bajo la dirección de Tite tuvo el respaldo de un héroe olvidado, el mediocampista Renato Augusto, quien había sido el jugador más importante del equipo 2015 de Corinthians que ganó el título brasileño e impulsó a Tite a la Seleção. Con su gran lectura del juego, Renato ayudaba a Brasil a dominar el mediocampo de una manera que no han logrado hacer estos últimos 18 meses -- desde que las constantes lesiones de Renato comenzaron a disminuir su eficacia.

Cuando Neymar se quedó afuera de la Copa por lesión, algunos pensaron que Tite quizá convocaría a Renato, quien está jugando en China. Pero no fue así. El elegido fue Willian, de Chelsea. Pero en esos momentos del partido del martes en los que Argentina crecía, habríamos perdonado a Tite por recordar con nostalgia aquella etapa de 2016-17 cuando nadie podía hacerle eso a su equipo.

La final del domingo seguramente lo energizará. Será la primera visita de Brasil al emblemático estadio de Río de Janeiro desde la final de la Copa Confederaciones hace seis años. Tite estaba deseando jugar en este estadio monumental, construido para el Mundial de 1950 y reconstruido para el de 2014. Después de la semifinal, habló de la importancia del Maracaná y de que podrá describirse como un auténtico entrenador de Brasil luego de dirigir a su equipo en dicho estadio.

Tite tiene un sano respeto por el centro delantero peruano Paolo Guerrero, cuyos goles impulsaron al Corinthians de Brasil al título del Mundial de Clubes 2012 y metieron el nombre de Tite en la lista de potenciales entrenadores de la selección. Pero, ¿conseguirá Perú darle suficiente apoyo a Guerrero como para amenazar el arco de Alisson? En el encuentro de la fase de grupos vieron muy bien el caos que los extremos de Brasil son capaces de desatar cuando tienen espacios. La tendencia natural seguramente será quedarse atrás con la esperanza que Guerrero pueda mantener la posesión de espaldas al arco el tiempo suficiente para que se acerquen los mediocampistas.

La típica mentalidad sudamericana es que las finales no se juegan, se ganan. Pero en la cabeza de su propio público, Brasil es tan superior que puede dejar esto de lado el domingo. Un triunfo peleado sería una decepción. Los brasileños tienen la esperanza de que su equipo pueda ganar con estilo, lo que significa que a Tite, en su debut en el Maracaná, le espera una clase práctica de 90 minutos sobre las presiones de ser DT de Brasil.