BARCELONA -- Cinco visitas y un único empate adornan la estadística de Arsene Wenger en el Camp Nou, donde este miércoles volvió a ser derrotado, para despedirse de la Champions y encarar, quizá, sus últimas semanas como entrenador del Arsenal.
Verdugo en sus inicios con el Mónaco, verdugo en su cénit con el Arsenal y verdugo en lo que empieza a verse como su epílogo gunner, el Barcelona, entre Cruyff y Messi, se ha convertido en la bestia negra del técnico francés.
Con más de mil partidos a sus espaldas como entrenador del Arsenal, el legado de Wenger podrá ponerse fríamente en el escenario en un futuro a medio plazo. Hoy nadie es capaz ya de defenderle.
Desde que el 8 de diciembre de 1993 perdiera (2-0) al frente del Mónaco y hasta el 3-1 de este 16 de marzo han transcurrido algo más de 22 años en los que el equipo azulgrana ha sido una de las mayores pesadillas de Arsene, cuyo reinado en Inglaterra desapareció, curiosamente, en cuanto el Barça le derrotó en la final de la Champions de 2006.
Ganador de 11 títulos entre 1998 y 2005, París era el escenario en el que su Arsenal debía aquel 17 de mayo de 2006 ascender al Olimpo, pero la expulsión de Lehmann y un afortunado gol de Belletti bajo el diluvio convirtieron el sueño en pesadilla… Y adentraron al equipo gunner en un túnel oscuro del que apenas ha logrado salir.
Con Petit y Thuram a sus órdenes. Con Djorkaeff, Klinsmann, Puel o Scifo, Wenger se dejó ver por primera vez ante el Barça en la segunda liguilla de la Champions, en la temporada 1993-94. Dos goles de Begiristain en el Camp Nou sentenciaron el primer partido y uno solitario de Stoichkov sirvió en el disputado en el Louis II.
Aquella doble derrota provocó que el Mónaco pasase a semifinales como segundo de grupo para ser aplastado por el Milan de Capello, que en la final hizo lo propio con el Barcelona. Aunque esa ya es otra historia.
Wenger se marchó a Japón y regresó a Europa en septiembre de 1996, siendo el fichaje sorpresa de un Arsenal alrededor del cual se especulaba, y no poco, con la incorporación de Johan Cruyff. “Arsene… Who?” se preguntaron los medios británicos a modo, irónico, de presentación cuando llegó el entrenador francés. Y de aquello hace cerca de veinte años.
La Champions emparejó a Barça y Arsenal en el grupo B de la temporada 1999-2000. Su duelo en el Camp Nou, el 29 de septiembre, terminó con empate (1-1) y goles de Luis Enrique y Kanu. Es, probablemente, el único recuerdo feliz del entrenador galo en el santuario azulgrana. La única vez que no perdió.
En Wembley, en el partido de regreso de aquella temporada, el equipo de Van Gaal le derrotó por 2-4, una semana antes de que lo hiciera (0-1) la Fiorentina con una diana de Batistuta que desembocó en su eliminación de la Champions y su pase a la UEFA Cup, donde alcanzó la final… Para ser derrotado en la tanda de penalties por el Galatasaray.
DE LA GLORIA AL ABISMO
Por aquel entonces, sin embargo, Wenger ya había instalado su personalidad en el norte de Londres y el Arsenal, antes de la eclosión del Chelsea, rivalizaba en éxitos con el Manchester United de Ferguson. Dominador de fútbol y trofeos hasta 2005, su caída al pozo coincidió con la derrota en la final de París, en 2006 y con el Barça enfrente.
A partir de ahí la crueldad de los resultados, la desesperanza de las lesiones y los fiascos han abrazado de forma habitual a los gunners y su entrenador ha mutado de iluminado a fracasado. Y en ello, también, se ha cruzado el club azulgrana.
La tortura que ha sufrido enfrentado al Barça tuvo a partir de ahí a Leo Messi como gran protagonista. En las temporadas 2009-10 y 2010-11 consecutivamente, el equipo que dirigía Guardiola y al frente del cual ya ejercía su liderazgo el astro argentino le derrumbó en Europa.
El 2-2 de la ida de cuartos de final de la primera campaña dio pasó a un 4-1 en el Camp Nou con un póquer inolvidable de la Pulga y al 2-1 con que le derrotó en la ida de octavos del curso siguiente respondió el Barcelona con el 3-1 de la vuelta con doblete de Leo.
La figura de Wenger, hoy depauperada en todos los ámbitos, comenzó hace algunos años a perder su consideración de intocable y entre Chelsea o Manchester United se colaba el nombre del Barcelona como causante.
Este 2016 apunta a ser el principio del fin para ese entrenador francés que celebró en un restaurante londinense su fichaje por el Arsenal hace dos décadas prometiendo a su mujer que solo permanecerían cinco años en la capital británica. “Es imposible que yo pudiera entrenar veinte años al Barcelona” contestó este martes Luis Enrique cuando se le quiso poner en el espejo de Wenger…
Pero ese espejo podría acabar por romperse este próximo verano. Messi, en el Emirates, le volvió a golpear en la ida de estos octavos de final para revolcarle definitivamente su odiado Barcelona en la vuelta.
Y derrumbado en la FA Cup por el Watford o apartado del escenario en la Premier por el modesto Leicester de Claudio Ranieri , alrededor del Arsenal crece la sensación de que se ha acabado una época.
