En los 35 años transcurridos desde que las Grandes Ligas retrasaron la fecha límite de cambios hasta fines de julio, nunca un lanzador ha dominado tan a fondo sus primeras siete aperturas con un nuevo equipo como Max Scherzer ha tenido para los Los Angeles Dodgers durante las últimas cinco semanas. Los Dodgers ya eran el equipo más talentoso del béisbol antes del acuerdo con los Washington Nationals. El que obtuvieran a Scherzer, sin mencionar Trea Turner, era demostrar su poder. Pero el haber obtenido esta versión de Scherzer es simplemente un delito.
Porque incluso a los 37 años, incluso con más de 2,500 entradas en su carrera para el que sin duda entrará al Salón de la Fama en la primera votación, Scherzer parece el papel de alguien en su mejor momento. Su velocidad sigue siendo potente, su mezcla de cinco lanzamientos desconcertante, su fuego competitivo es conflagrante. Si de hecho hay un paralelo con lo que está haciendo Scherzer, vino hace una generación de un lanzador de pedigrí similar. Y si Scherzer puede hacer en sus últimas cuatro aperturas esta temporada, la primera de las cuales es el domingo contra San Diego, lo que ha hecho en sus primeras siete con Los Ángeles, el argumento de que es el lanzador jamás cambiado en la era moderna de la fecha límite puede tener mérito.
