LOS ÁNGELES -- Imponente. Así, Cruz Azul, los 90 minutos. Rozó la perfección. Y además la victoria se ornamenta por la gallardía de la víctima. Semifinales, señala la brújula celeste.
Así, el 0-2 parece más epitafio de Querétaro que una rendija para la sorpresa o para esa alquimia de lo inesperado que escolta sombríamente a La Máquina, y que en la jerga burlona de la tribuna se conjuga en el infinitivo de cruazulear.
No fue fácil. Cruz Azul debió ser consistente y obsesivo, minuto a minuto. Porque el adversario, aún con esa cicatriz dolorosa en el marcador, nunca bufó con ese aliento a difunto, a resignación, a abnegación.
Sólo desentonó con la hidalguía de Gallos Blancos, la detestable actitud de algunos aficionados, que a falta de artillería de su equipo sobre José de Jesús Corona, terminaron hasta por arrojar celulares tratando de herir al guardameta celeste.
El duelo respondió a la expectación. Más sólido y feroz en la recuperación del balón, con aliento fétido de fiera en ayunas, La Máquina no dio respiro a ninguna pelota, a ningún espacio y a ningún adversario.
Toma ventaja el hambriento celeste con el golpe de mazo justiciero desde el escritorio del VAR, al legalizar un gol anulado por supuesto fuera de lugar de Pablo Aguilar. El video legitima el lance y Cruz Azul toma el mando del balón y del espectro anímico de la cancha.
Obligado, Querétaro eligió matar y morir como enseña de su desesperación, y el encuentro mantuvo la intensidad, obligando, además a que Cruz Azul tuviera que jugar al borde de cero tolerancia.
Y si como dicen algunos entrenadores, a veces gana el que quiere más, ser mejor en la cancha lo amparó con eso La Máquina: por momentos quiso más en batallas individuales, que sus adversarios queretanos.
Mientras Corona manoteaba y se quejaba del tsunami despiadado de monedas, encendedores y hasta un zapato de niño, el resto del equipo aprovechaba la desconcentración eventual de los Gallos, que debían lidiar con su adversario y con las inoportunas e imprudentes ganas de ayudar de sus aficionados.
¿Sobresalientes? Complicado colocar blasones y elaborar podios. Lo de Cruz Azul fue parejo. Incluso, ante la decisión suicida de Rafa Puente de lanzarse al abordaje (Britos, Stum, Trejoi), Pedro Caixinha encontró serenidad para saber elegir los cambios (Lichnovsky por el mejor del equipo, Elías).
Porque precisamente cuando Rafa Puente empezaba a reacomodar al todo o nada, partiendo casi el equipo, llega el gol de Édgar Méndez, en una jugada que él mismo bautiza desde el inicio hasta la red.
Dañada y todo, pero la cancha del Estadio Azteca ha sido fortaleza para Cruz Azul. Además, goza de prioridad para evitar que el América le deje dañada la cancha.
El 0-2 condiciona en extremo a Querétaro. Y queda condicionado para el Juego de Vuelta. Ir pleno al abordaje sería ir al "abortaje" de sus esperanzas de Semifinales en este Apertura 2018.
Por eso, cuidadosa debe ser la lectura de Rafa Puente, como cuidadosa debe ser la homilía de Pedro Caixinha y Ricardo Peláez para exorcizar cualquier exceso de confianza en La Noria, a conciencia de que el esfuerzo del sábado debe, hasta donde se pueda, ser superior al de este miércoles por la noche.
